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Xenofobia antivenezolana en América del Sur

25 de febrero, 2019 · Actualidad> Centroamérica y Caribe> Venezuela

Refugio de migrantes venezolano arde en Brasil.

Una ola de xenofobia recorre las Américas. Pogromos en Brasil, Ecuador y Panamá. Tensiones contra los «venecos» en Perú y Colombia, donde el propio gobierno que apoya a Guaidó asocia el incremento de la delincuencia con la afluencia de refugiados venezolanos. ¿De dónde ese odio emergente? ¿Qué tienen de particular los «refugiados» cuando los comparamos con las oleadas anteriores de migración boliviana, ecuatoriana o paraguaya en el continente?

Una oleada de xenofobia recorre América del Sur. Los «refugiados» venezolanos han despertado los peores fantasmas del nacionalismo local país por país. ¿Por qué? ¿Cómo?

Propaganda xenófoba en Perú

Como en toda expresión xenófoba hay un poso indudable del veneno nacionalista que cada burguesía ha sembrado por derecha e izquierda desde hace un siglo. Un ejemplo: miles de «ingenieros» de la pequeña burguesía venezolana ocupando de repente puestos intermedios en las empresas argentinas, tenían que provocar resentimiento. Como llegan con cierta idea de «élite» y sin embargo, su nivel cultural es generalmente percibido como inferior al de los trabajadores locales de los servicios, cuando el gobierno Macri les reconoció los títulos era inevitable el malestar. Pero de los cotilleos de oficina y las grescas de bar al pogrom y la xenofobia generalizada e internacionalizada hay un salto cualitativo importante.

Propaganda xenófoba en Panamá

Una clave es el alto peso de la pequeña burguesía en esta migración. Según la OIT el 67% de los venezolanos en Perú tiene educación superior, al igual que 38% de los que están en Brasil y 33% de los que se encuentran en Colombia. Pero no es una cuestión numérica ni meramente sociológica, sino política. Lo que ha migrado es pueblo venezolano: hay muchos trabajadores, pero bajo la dirección política y moral de una pequeña burguesía parasitaria, enfurecida por haber perdido sus rentas. Una furia que expresan en un anticomunismo primario y violento.

Lo que ha migrado es pueblo venezolano: hay trabajadores, pero bajo la dirección política y moral de una pequeña burguesía enfurecida que se expresa en un anticomunismo primario y violento

Pogrom en Ecuador contra migrantes venezolanos.

Lo veíamos la semana pasada en Madrid, todos los días en las redes sociales y ayer en Santiago, donde los partidarios de Guaidó fueron a buscar a una concentración de los stalinistas chilenos al grito de «comunistas, maricones os mataron los parientes por huevones [=gilipollas]». No hay que simpatizar en ninguna medida con el stalinismo para indignarse y sentirse agredidos por semejante hez de la tierra.

La migración de tres millones de personas es en sí una denuncia de la descomposición de Venezuela y la inviabilidad del proyecto nacional. Lo que estamos viendo es la fortaleza de la trampa ideológica del nacionalismo en movimiento. Que las víctimas de la nación, los trabajadores, sigan encuadrados bajo esa miserable pequeña burguesía ultra aun después de haber sido expulsados a puro hambre de sus casas debería hacernos pensar y reconocer el peligro y el carácter reaccionario de todo nacionalismo hoy.

Que los trabajadores venezolanos, expulsados por una nación en colapso, se mantengan encuadrados bajo esa pequeña burguesía ultra debería recordarnos el peligro reaccionario de todo nacionalismo hoy

El encuadramiento siempre bien visible como gorra de beisbol con la bandera nacional.

Pero debería hacernos pensar aun más por qué y cómo, al llegar a países como Argentina o Chile, esa dependencia política y moral no solo no se rompe sino que se refuerza con el rechazo a «los venecos». Décadas y décadas de izquierda muleta de la burguesía, vestida de liberación nacional y anti-imperialismo muestran ahora su verdadero sentido: impermeabilizar al proletariado americano y dividirlo entre sí. El horror xenófobo es un adelanto de los que nos puede venir en un horizonte marcado por la construcción de las condiciones para una guerra en el continente.

Que la dependencia de los trabajadores venezolanos en el exilio se refuerce por las reacciones xenófobas es un aviso del peligro que, con guerra en el horizonte, representa el nacionalismo vestido de «anti-imperialismo»