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Una nueva crisis de refugiados en Europa

1 de marzo, 2020 · Actualidad> Actualidad global

Miles de refugiados se concentran junto a la frontera greco-turca en Evros.

Según la ONU hay ya más de 13.000 personas intentando cruzar los 212 Km de frontera greco-turca. El éxodo por mar empieza a crecer también y ayer llegaron 212 personas a Lesbos en distintas embarcaciones. En las últimas 4 horas arribaron 400 más. En la frontera entre Sira y Turquía se hacinan soportando las bajas temperaturas de estos días casi un millón de refugiados. Erdogan aseguró que mantendrá abiertas las puertas de Turquía a todos los que quieran llegar a la UE. Abiertas o más bien entornadas, porque de momento «solo» ha dejado pasar a 76.000. ¿Por qué? ¿Va a llegar un millón de nuevos refugiados? ¿Qué viene ahora? ¿Qué soluciones son posibles?

Frontera terrestre entre Grecia y Turquía ayer.

Evidentemente no es el problema humanitario el que preocupa a Erdogan. Si así fuera hubiera abierto sus fronteras de par en par a los refugiados hace tiempo. Para el estado turco los refugiados sirios son solamente una herramienta que puede ser convertida en arma para doblar el brazo de sus congéneres europeos. De ahí que dosifique el caudal de personas según el curso de las negociaciones y que en la noche del jueves al viernes pasado abriera un grifo pero amenazara con una riada.

Tan medida está la crisis que desde el primer momento la situación en la frontera griega y la búlgara, a pesar de ser una continuidad de la otra, ha sido completamente diferente. Erdogan abrió desde el primer momento consultas con Borisov y según la radio y el gobierno búlgaros no solo no hay concentraciones significativas en la frontera sino que Borisov se apresta a tomar el papel de «mediador» entre la UE y Erdogan durante esta semana.

Bote de refugiados es interceptado por una lancha de la policía de fronteras griega esta mañana.

En Grecia, rival directo de las ambiciones del imperialismo turco en el Mediterráneo oriental, la situación es la opuesta. Y también la respuesta. La primera comunicación oficial fue que «el chantaje de Erdogan no funcionará» y el modo de mostrarlo fue militarizar la frontera. Una bienvenida de cargas y gases lacrimógenos dejó claro que el gobierno griego iba a tratar la cuestión como un problema de «seguridad de fronteras», es decir, como una invasión, no como una urgencia humanitaria. En juicios sumarísimos 17 de las 66 personas detenidas ayer mientras intentaban cruzar fueron condenados a tres años y medio de cárcel por «entrada ilegal».

El origen de la crisis

Erdogan muestra el mapa de la «zona segura» en la ONU

El capital turco está viendo colapsar en Idlib y Trípoli la estrategia imperialista «neo-otomana» que representa el erdoganismo. La idea de afirmar un mapa imperialista propio desde las barriadas francesas a Arabia y desde Asia Central a su base sudanesa en el Mar Rojo, apoyándose en Africa septentrional y Oriente Medio en el ascenso de los Hermanos Musulmanes, parecía tener opciones durante la «Primavera árabe». Cuando la perspectiva se descompuso, las cumbres de Sochi con Irán y Rusia al menos representaron una alianza capaz de echar de Siria a estadounidenses y saudíes-emiratíes y mantener la ilusión de que Turquía tenía hueco para una política imperialista independiente. Los acuerdos con la UE tras la crisis de refugiados de 2015 y el affaire Khashoggi, los dos grandes éxitos diplomáticos de Erdogan, permitieron mantener la fantasía un poco más.

Fronteras marítimas reivindicadas por Turquía tras su acuerdo con Libia que reducen las aguas territoriales griegas y colocan bajo su soberanía los yacimientos de hidrocarburos.

Turquía se aprestaba a obtener de la guerra siria una «franja de seguridad», un estado tampón, que evitara una continuidad de los territorios controlados por milicias kurdas. Pretendía reasentar en él a los tres millones y medio de refugiados -por los que ya cobró de la UE 3.000 millones de euros– en un campo de concentración al aire libre, una región de maquilas cuasi-esclavistas vigilada por los grupos armados que apoyó en la guerra, sin renunciar a mantener una amenaza constante sobre Damasco. La siguiente fase en su estrategia era el llamado «país azul»: mantener el gobierno de los Hermanos Musulmanes a toda costa en Libia y hacer valer el tratado de fronteras marítimas firmado con él para, con él en la mano, disputar los campos gasísiticos a Grecia y Chipre.

Pero el gobierno de El Assad y sus aliados iraníes y de Hezbollah, no estaban por dejar a Turquía una cuña en Siria. Y egipcios y emiratíes -pero también argelinos, franceses, estadounidenses y rusos- no iban a dejar pasar la oportunidad de desalojar a los Hermanos musulmanes de Trípoli apoyando a Haftar en Libia. Tras dar el empujón final a estadounidenses y franceses en el Norte de Siria, Turquía se vio dependiendo de rusos e iraníes para mantener sus posiciones en la frontera y enfrentado a Rusia en Libia. El cerco de Idlib y el de Trípoli reducía a dos ciudades sitiadas los confines de una estrategia que poco antes todavía aspiraba a revivir las viejas fronteras del sultanato.

Idlib: los refugiados huyen en sentido contrario a la llegada de blindados y camiones militares turcos.

Hoy, la compresión de tantos intereses imperialistas tan contradictorios y desesperados en espacios tan breves hace reconocer al Secretario General de la ONU que «el riesgo de escalada en Siria crece cada hora que pasa». Erdogan sabe que el ejército turco no puede mantener sus posiciones en Idlib sin propiciar una matanza masiva de sus propias tropas si no disputa el espacio aéreo a Rusia. Por eso ha invocado el artículo 5 del tratado de la OTAN y pedido una y otra vez misiles Patriot a EEUU. Pero, tanto EEUU como los europeos solo van a apoyar a Turquía con herramientas menores para incordiar a Rusia y prolongar su propia agonía mientras no reciban garantías de un realineamiento imperialista en toda regla.

Erdogan sin embargo, sigue intentando afirmar la posibilidad de una política imperialista independiente, con alianzas contradictorias en distintos frentes. Le va el poder en ello. Por eso en vez de ceder, eleva la apuesta frente a Europa y en especial frente a Alemania, cuyo aparato político interno y su hegemonía sobre los países del Este y Visegrado en la UE, aún no se ha recuperado de la crisis abierta por la oleada de refugiados de 2015. De ahí la «apertura de fronteras» a los refugiados y su paso libre camino de Europa.

¿Qué salidas hay para una crisis de refugiados?

El estado mayor griego con el Ministro de Defensa organizando esta mañana la «defensa de las fronteras» frente a los refugiados.

Alemania y toda la UE ven ya venir una nueva crisis y no tienen ninguna intención de recoger refugiados. El «reparto» supuestamente pactado hace dos veranos, abriría inmediatamente una nueva crisis interna en un momento especialmente delicado. Así que todo lo que hay que esperar es lo que ya estamos viendo: refuerzo de fronteras en Hungría, negación de todo asilo en Serbia, militarización en Grecia y reafirmación de los «euro-CIEs» de Macron y Sánchez, cárceles siempre sobre-saturadas, muchas veces insalubres y más de una vez entregadas a las mafias, que parasitan y explotan a los refugiados. «Soluciones» que lejos de solucionar el problema humanitario lo empeoran.

Niñas parte del millón de refugiados que huye de los bombardeos y asesinatos masivos en Idlib.

No, no cabe esperar una solución que no sea anti-humana de los gobiernos europeos. Para ellos millones de personas huyendo de los desastres creados por el imperialismo no valen nada… si no es como arma estratégica contra el vecino. No se puede esperar otra cosa de los que cada día niegan la satisfacción de las necesidades humanas universales supeditándolas una y otra vez a que las empresas den más dividendos y estado les salga más barato. La única solución solo puede venir de una clase social extendida universalmente cuyos únicos intereses sean esas mismas necesidades, universales también. ¿Utópico? En absoluto. Lo que esta misma semana hemos visto en Lesbos y Chios ha sido cómo esos intereses universales pueden movilizar a una sociedad entera alrededor de los intereses de los trabajadores y los refugiados. Y la situación que hasta ahora estaba limitada al rompeolas migratorio griego, puede convertirse en la realidad de muchas otras comarcas y regiones de Europa.

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