¿Una cuestión simbólica?

Hay pocas discusiones menos simbólicas que la de los símbolos del comunismo. «Echan para atrás», nos dicen muchos amigos; «se asocian a lo contrario de lo que queréis decir», apuntan en masa en los lugares que pasaron por dictaduras estalinistas o sus réplicas tropicales. Hay más fondo del que parece. Y sin embargo es un tema sobre el que los propios marxistas no han abundado en un análisis materialista ni histórico. Para hacerlo hay que plantearse dos cosas: la primera qué queremos transmitir; la segunda, cuáles han sido las constantes del movimiento revolucionario mientras supo hacerlo y cómo evolucionaron sus propios símbolos.

¿Qué relación hay entre el movimiento revolucionario, su historia y sus símbolos?

Mensaje y medio

Los orígenes del «saludo republicano» del antifascismo español o «puño en alto» están en los Rotfrontkämpfer, una organización proto-estalinista que descarrilaba la lucha de clases hacia las batallas callejeras con grupos protofascistas. Con la guerra en España se convirtió en el símbolo universal del antifascismo.
Las tres ideas definitorias del movimiento revolucionario y por supuesto del marxismo siempre y especialmente hoy son la necesidad de la independencia de clase, del internacionalismo estricto -que en realidad es una consecuencia de lo anterior- y la afirmación del comunismo como un movimiento desmercantilizador, no como estatalización ni, aun menos, como «nacionalización».

Obviamente son mensajes opuestos e históricamente enfrentados a los que representan los símbolos de la contrarrevolución como el antifascista «puño en alto» o «saludo republicano». Como cuenta nuestro «trivia», el famoso saludo representa justamente lo contrario de la independencia de clase: la afirmación de una falsa dicotomía fascismo-antifascismo, es decir, el encuadramiento bajo el estado y la burguesía republicana antifascista, la derrota y masacre del proletariado español en el momento en que abandonó su independencia de clase.

Pero el mismo Trivia, que de trivial tiene poco, nos recuerda que ni siquiera «la hoz y el martillo» fue el símbolo del bolchevismo en la Revolución en el 17, sino del estado soviético. Y la diferencia es más que un matiz porque mientras el partido era un partido de clase el estado daba forma a la alianza -históricamente limitada a la expansión de la Revolución a Europa- con la pequeña burguesía rural. Si pasó a ser usado por los bolcheviques fue precisamente en la medida en que estos eran absorbidos por un estado sobre el que los soviets obreros ejercían ya poco o ningún control. Dicho de otro modo: si la identificación entre la hoz y el martillo y el comunismo simboliza algo, es el desarrollo de las bases que llevaron a la contrarrevolución.

El mismo símbolo de la hoz y el martillo evoca hoy el desarrollo de las bases que aislaron a la Revolución Rusa y a la derrota global de la clase trabajadora

¿Cómo representó el movimiento histórico la independencia de clase?

La Revolución rusa no fue especialmente rica en símbolos y cuando los generó, como la hoz y el martillo, referían más bien a las condiciones particulares rusas de aquel momento, que implicaban unos contextos entonces evidentes (necesidad de la extensión mundial de la Revolución) erosionados después con el tiempo. Pero el bolchevismo y el comunismo no eran unos recién nacidos. Heredaban una larga tradición obrera y revolucionaria. Por ejemplo si prestamos atención al «logo» del Partido Socialdemócrata de Polonia y Lituania, el partido creado por Rosa Luxemburgo y León Jogiches, lo que descubrimos es un viejo símbolo gremial de la fraternidad entre obreros-artesanos: el apretón de manos, presente en centenares de sociedades obreras, cooperativas y sindicatos del siglo XIX.

Primera aparición de la bandera roja en 1848: los obreros emergen por primera vez como sujeto político. Lamartine la retira en febrero.
Esta ligazón con el pasado, que proyectaba el socialismo hasta los remotos orígenes medievales de la clase trabajadora, se expresan sobre todo en el único símbolo que ha sido capaz de sobrevivir hasta hoy: la bandera roja. Originalmente significa sencillamente «no habrá cuartel», es decir, «no aceptaremos ser hechos prisioneros ni nos rendiremos». Por eso fue la primera bandera pirata. Y por eso lo usaron los campesinos franceses contra el rey en las jacqueries. La bandera roja reaparece, aunque marginalmente, en las revoluciones de 1789 y 1830. Pero pasará a ser protagonista y representar la acción política independiente del proletariado en toda Europa con las revoluciones de 1848. En París Lamartine la retira en febrero para expresar su deseo de evitar la violencia. En Alemania Bakunin la cambia por la negra que para entonces -vía la piratería naval- había tomado el mismo significado original de «lucha sin cuartel», es decir, a muerte. Pero en junio, cuando la represión se cebe en los obreros, la bandera roja es ya el símbolo universal del proletariado revolucionario y su independencia de clase. [A partir de aquí en el artículo, puedes pinchar en las imágenes para ampliar]

La unión de la guardia nacional y los obreros en 1848 simbolizada con la bandera roja.
La revolución termina en masacre de obreros. La barricada de la calle Mortellerie de París de Messonier simboliza la derrota obrera con la bandera caída.

Con la Comuna de París de 1871, primera experiencia de toma del poder por los trabajadores, la bandera roja se asociará definitivamente a la independencia de clase de los trabajadores y a la Revolución.

El movimiento obrero mundial de forma espontánea y tras él la II Internacional, harán suya la bandera de la Comuna. La bandera roja que les ligaba a la tradición revolucionaria y a la historia misma de la clase.

«La huelga en Creusot» famoso cuadro de 1899 de Jules Adler.

Cartel socialista del 1º de mayo de 1902 en Alicante
Cartel del SPD alemán

Cartel del día de la mujer obrera del SPD en 1914
Cartel por la jornada de 8 horas, 1895.

Cuando estalla la Revolución en febrero de 1917 en Rusia la bandera roja es al mismo tiempo el color con el que los trabajadores llenan espontáneamente las calles y el símbolo que todos los internacionalistas disputan y tratan de conservar en todo su significado frente a la apropiación por los social-patriotas. La iconografía bolchevique de los primeros años de la Revolución hace hincapié en proyectar la bandera roja hacia atrás (la Comuna) y hacia delante (la extensión mundial de la Revolución y el internacionalismo. Los espartaquistas alemanes llegarán al punto de llamar a su órgano de expresión «Rote Fahne», «bandera roja».

Cartel bolchevique del 1º de Mayo de 1919
Cartel ruso de 1921 celebrando el aniversario de la Comuna de París

«Die Rote Fahne» órgano del KPD-Unión Espartaquista
Cartel de «Die Rote Fahne». La bandera roja aparece sin signos ni consignas adicionales y por sí misma aterroriza a las clases contrarrevolucionarias.

Cartel de los sindicatos alemanes, años 90 del siglo XIX.
La bandera roja, sin mayores añadidos o con la consigna del momento, es el único símbolo que atraviesa toda la historia del movimiento obrero. Por eso, añadirle a la bandera roja la hoz y el martillo de la alianza de los soviets obreros con los de la pequeña burguesía agraria tenía ese mismo significado: lo permanente era la bandera roja, lo táctico la hoz y el martillo.

Pero la Revolución Rusa y la III Internacional también desarrollaron simbología propia. El emergente en la época era el «Titán proletario» o «el herrero». Provenía de un símbolo, «la forja», muy extendido en la II Internacional. El mismo logo del PSOE español era originalmente un yunque al que solo después se añadió un tintero para representar a los trabajadores intelectuales y a la pequeña burguesía intelectual.

El «Titán» recogía además la tradición «prometeica» que estaba muy presente y que siguió después, de hecho, desde 1921 y hasta hoy la revista teórica de la Izquierda Comunista Italiana se llama «Prometeo». El Titán proletario fue rescatado también después por la izquierda comunista, desde los años sesenta es el símbolo utilizado por «Internacionalismo», la revista de la CCI, organización heredera de la Izquierda Comunista Francesa.

El Titan proletario saca su martillo de la forma y libera el mundo rompiendo sus cadenas. El primer golpe Petrogrado, el segundo, que se dispone a dar, Alemania.

El titán se difundió internacionalmente a través de la revista de la Internacional Comunista.
La primera aparición del Titan en España es en la portada del número de «La Antorcha» del 1 de mayo de 1921.

La bandera roja es, desde 1848 el símbolo principal de la independencia de clase y el internacionalismo. Durante la Revolución Rusa fue un objetivo evitar que los partidarios de la guerra se la apropiaran

Los símbolos de lo que no llegó a ser

La torre Tatlin (1919-20) proyecto de lo que había de ser la sede de la Internacional Comunista, nunca construida.
La Revolución consagró otros símbolos propios del momento, como la estrella roja de cinco puntas. Las cinco puntas representaban los cinco continentes unidos en la Revolución mundial, un significado que se borró casi completamente durante la contrarrevolución. Pero quizás el más sofisticado e interesante de ellos fue la «Torre de la III Internacional», conocida como «Torre Tatlin» en las historias burguesas de la arquitectura en honor de su diseñador, Vladimir Tatlin.

En 1919 Tatlin intentó dar forma a un edificio que reflejara lo que la III Internacional era. Su estructura iba a estar formada por dos hélices ascendentes de más de 400m de alto que simbolizaban el proceso de toma de conciencia de la clase. La torre, que se iba a situar donde el Aurora dio la señal para la Revolución de Octubre, estaba inclinada con el ángulo que el eje de la Tierra seguía en Petrogrado, un símbolo del carácter mundial de la Revolución del que la Revolución rusa era solo un primer acto alineado en el proceso global.

Este simbolismo se reforzaba con las relaciones entre las estructuras que pendían de las hélices. En la base habría un cubo, destinado a eventos y reuniones que completaría su giro en un año. Sobre él una pirámide dedicada al aparato de la Internacional que daría una vuelta completa al mes sobre su eje. Encima de éste un cilindro, que completaría su vuelta una vez al día, con la oficina de información de la III Internacional, cuya pared exterior debía ser cubierta por una gigantesca pantalla que publicaría textos, vídeos y mensajes de audio en tiempo real sobre el curso de la Revolución mundial. En la cima del edificio una semiesfera con antenas de telecomunicaciones, emisión de radio y un potente proyector capaz de lanzar mensajes a todo Petrogrado proyectados sobre las nubes que habitualmente cubren la ciudad.

El edificio, en sí mismo era un reto tecnológico de primer orden. Aun hoy los arquitectos discuten si podría ser construido. Tatlin y los bolcheviques contaban con un elemento que ellos siguen sin querer ver: la liberación de las fuerzas productivas, la multiplicación del conocimiento y la capacidad transformadora en una sociedad mundial que emprende la desmercantilización. Por desgracia, eso no fue lo que pasó, la oleada revolucionaria no cuajó y la guerra civil y la invasión imperialista de la Rusia soviética primero y la contrarrevolución después, guardaron el proyecto para un futuro impreciso…

La Torre de la IIIª Internacional diseñada por Tatlin quedará como el símbolo de todo cuanto la revolución dejó en ciernes y como promesa de lo por venir

¿Qué nos queda?

Durante la «Medianoche del siglo», en los momentos más duros de la contrarrevolución, la Izquierda Comunista que se mantuvo fiel al internacionalismo en todo el mundo, sufrió una pobreza de representaciones gráficas y simbólicas perfectamente comprensible por su situación material de persecución y aplastamiento. El gran Munis, que mientras se mantuvo con Trotski utilizó la bola del mundo y el rayo que representaban la necesidad de una cuarta internacional, tras la muerte de aquel y durante todo el periodo en que se configura la Izquierda Comunista Española, tan solo utiliza elementos tipográficos, consciente de que la contrarrevolución se ha apropiado de los símbolos tan férreamente como del estado ruso.

La Izquierda Comunista Italiana, en cambio, hasta hoy dio la batalla por afirmar «la vieja bandera» roja con la hoz y el martillo levantada de nuevo en 1942 cuando las huelgas de masas en el Norte de Italia amenazan con transformar, una vez más, la guerra imperialista en guerra civil revolucionaria. Desprovistas del contexto, borrada la memoria por la propaganda machacante de la burguesía y la saturación simbólica del izquierdismo nacionalista, las nuevas generaciones tuvieron y tienen difícil entender siquiera que hace distinta a una hoz y un martillo de otra.

Las generaciones presentes tienen difícil entender siquiera que hace distinta a una hoz y un martillo de otra. La mayor parte de los símbolos de antaño están vaciados de su significado

¿Qué tenemos por hacer?

Nos queda pues un mundo simbólico tan herido como herida ha sido la clase por el estalinismo y la contrarrevolución. Guardamos, eso sí, la bandera roja, limpia de añadidos, como algo que no nos podrán quitar. Tenemos algunos símbolos casi olvidados que representan la urgencia y la continuidad de un nuevo presente para el Internacionalismo, como la torre Tatlin o el globo del mundo cruzado por el rayo de la revolución. Pero tenemos sobre todo, la tarea pendiente, de crear los símbolos del segundo gran despertar de nuestra clase, que no arrancará desde la nostalgia, sino desde la respuesta concreta a sus formas de explotación de hoy.

Los nuevos símbolos, como la nueva oleada de luchas de la clase, no arrancarán desde la nostalgia sino desde la expresión las necesidades universales en las condiciones de hoy
 

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