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Turquía vuelve a la guerra

10 de octubre, 2019 · Actualidad> Asia> Turquía

Turquía inicia su avance al Este del Eufrates para crear una zona tampón en lo que un día fue territorio sirio. Todo el mundo mira ahora a EEUU y las fuerzas del PKK-YPG. En realidad deberían estar mirando hacia Irán.

La proyectada «Zona de seguridad» de Turquía en el noreste sirio.

Durante los últimos dos años hemos seguido a Turquía en un esfuerzo por salvar sus trastos imperialistas en Asia Central en su difícil equilibrio con Rusia y China, asegurar una posición de fuerza en Oriente Medio frente a la alianza saudí y el poco confiable poder iraní y evitar que la dimensión occidental de la alianza saudí (Egipto, Israel, Grecia, EEUU) consiguiera excluirla de la explotación de los yacimientos gasísticos chipriotas.

Cada paso adelante turco ha propiciado un nuevo salto adelante del caos imperialista. Cuando recuperó las viejas bases en Africa y el mar Rojo para compensar la presión saudí y emiratí, abrió la puerta a la reordenación de todo el cuerno de África por sus rivales árabes… incluído su viejo aliado sudanés. Cuando aprendió a usar la guerra informativa asestando a Salman de Arabia un duro golpe a cuenta del asesinato de Kashogui azuzó la guerra latente entre Arabia e Irán. Cuando se acercó a Irán para equilibrar el peso emiratí y saudí en Siria, la respuesta en forma de guerra comercial de EEUU se tradujo inmediatamente en la crisis del peso argentino con todo lo que trajo detrás en todo el continente. Pinzados entre intereses contradictorios -flujos migratorios, gas chipriota, frenar a EEUU alentando a Irán…- la Europa franco-alemana ha quedado prácticamente fuera de juego y la UE ni siquiera es capaz de hacer una declaración conjunta tras el veto húngaro.

Lo que estamos viendo ahora es más de lo mismo: Turquía, por su posición de puerta entre Asia Central, Europa, Oriente Medio y África, no puede afirmar sus intereses imperialistas sin elevar cualitativamente las contradicciones imperialistas a nivel mundial.

EEUU

Lo que más ruido está produciendo es el eco en la batalla interna en EEUU, batalla que ha acabado afectando incluso a sectores de la burguesía estadounidense que apoyan a Trump. EEUU no ha acabado de encontrar un espacio de fuerza en el conflicto sirio. La prueba es que acabara apoyándose en el PKK, una vieja mafia terrorista que se financió durante años encauzando el tráfico de heroína hacia Europa, llegó a ser aliado al mismo tiempo de China y de Gadaffi, del IRA y de «Sendero Luminoso» y fue señalada por las propias ONGs anglosajonas como responsable del asesinato de más de 15.000 personas, en su mayoría kurdos. No es solo que falle «el relato», es que apoyarse en el PKK suponía alienarse definitivamente del aliado turco, para quien la jugada americana solo podía percibirse de una forma similar a la que tendría el estado español si, tras una guerra civil en Francia, EEUU decidiera «asegurar la frontera» del Pirineo Atlántico con una fuerza de 3.000 etarras.

Rota ya la copa turca, Trump sabe además que su propia pequeña burguesía agraria en quiebra y el proletariado precarizado se resisten cada vez más a poner el cuerpo por intereses imperialistas y no quiere involucrar tropas donde no pueda obtener ganancias directas y claras para los resultados económicos del capital nacional. Intenta apaciguar a los «halcones» de su partido asegurando que basta con la guerra comercial y de divisas para contener a Turquía y que a fin de cuentas, si EEUU apoya al PKK-YPG ahora no es porque le deba nada sino para que hagan su propia guerra, con lo que ya es apoyo suficiente armarlos.

El objetivo que Trump propone como alternativa -apoyado probablemente por los servicios de inteligencia- es separar a Turquía de Irán y Rusia. Pero no es en absoluto descartable un giro de Trump ante la presión del núcleo duro del militarismo norteamericano. De momento, EEUU conserva en sus bases más de 2.000 soldados y ayer seis carros blindados norteamericanos salieron en dirección a Aleppo para ponerse a la cabeza de las defensas frente a un avance turco.

Resumiendo: EEUU no quiere desaparecer de Siria, lo que no quiere Trump es que le cause bajas que le generen inestabilidad interna. De entrada no le parece especialmente peligroso que Turquía haga su «franja de seguridad»… pero sobre el terreno sólo puede apoyarse en el PKK-YPG y teme que el ataque turco le eche en brazos de El Assad y por tanto de Rusia e Irán… aunque empujar a Turquía hacia una mayor relación con Irán posiblemente fuera aún peor.

Irán

Erdogan muestra el mapa de la proyectada «zona segura» en la ONU

Porque, a todo esto, las dificultades de la posición de EEUU han sido inmediatamente instrumentalizadas por Irán, que se ha ofrecido como «mediador» para alcanzar una «solución» en la zona hoy controlada por el PKK-YPG que mantenga la integridad territorial siria, mientras daba paso a las tropas turcas a Irak so capa de maniobras conjuntas. Llama la atención entre otras cosas porque cuando Erdogán lanzó la conquista de Afrim, primera parte de este plan, Irán dejó sus bases en la región al PKK.

En realidad, lo que se está preparando desde Teherán, no sin dificultades, es un juego a tres bandas en el que el PKK aceptaría someterse a El Assad bajo cierta forma de autonomía, Turquía ganaría su «zona segura» e Irán obtendría libre tránsito para sus tropas, logística y comercio asentando una banda continua desde la frontera irano-irakí hasta el sur del Líbano, en el Mediterráneo. Es decir, el objetivo iraní está lejos de ser la paz, sería más bien, una tregua para la preparación de una guerra cercana y aún más extensa.

Grecia, Chipre y el Egeo

El complicado mapa de gas, gasoductos y ambiciones del Mediterráneo oriental

Otra reacción interesante ha sido la de Grecia. Por supuesto, Egipto, Grecia y Chipre «condenaron» a Turquía tras excluirla de la explotación gasística off shore cuando anunció esta semana nuevas operaciones de exploración en aguas turco-chipriotas… pero al mismo tiempo apoyaba a Turquía en Bruselas para obtener más fondos con los que gestionar a los más de cuatro millones de refugiados sirios que contiene en su territorio. Y no es solo porque tema que Erdogan deje salir a más personas hacia el desastre de los campos de refugiados en suelo griego.

El argumentario de la burguesía turca para la guerra es que la «zona segura» en Siria le permitiría repatriar 3 millones de refugiados y crear un semi-estado tampón entre el PKK y Turquía de 30 x 350 km2. La verdad es que aun si pudiera estabilizar la zona, las condiciones de vida en la región semidesértica al oeste del Eúfrates serían, a día de hoy, inviables. Para eso necesita el dinero… de la UE. Y Grecia ve ahí la oportunidad de ganar una baza que afloje las aspiraciones turcas sobre los hidrocarburos chipriotas.

¿Dónde está el lado de los trabajadores?

Huelga de trabajadores del metal en Turquía

Antes de pegarse el primer tiro, los trabajadores ya han empezado a sufrir la guerra. En Turquía por la inmediata caída de la lira, que empobrecerá aun más la vida cotidiana de todos los trabajadores en una escalada del todo similar a la que hemos visto en Argentina durante el último año. Los trabajadores sirios refugiados, empleados masivamente por las maquilas cercanas a la frontera bajo condiciones de explotación infames tienen todas las papeletas para ser «desplazados» con las mismas fábricas a la nueva «zona de seguridad»… donde las condiciones de explotación se harán aún peores. En Líbano, no están mejor. En Grecia, Mitzotakis ha emprendido ya una nueva ofensiva legal contra las condiciones de trabajo que el esfuerzo bélico no puede sino radicalizar. La lista no acabaría nunca.

No, el interés de los trabajadores no está con una «liberación nacional» que solo podría ser reaccionaria aunque tomara formas distintas de la dictadura militar de la banda mafiosa del YPG-PKK. Y desde luego no está con una burguesía turca que trata a los refugiados como quiere poder llegar a tratar a los trabajadores «nativos», reduciéndolos a carne de cañón y esclavitud miserable en las maquilas. El interés de los trabajadores solo puede ser poner fin a todo este horror. Y para eso hay que desembarazarse de toda lealtad nacional: el enemigo de verdad, el que nos explota en todo el mundo, está siempre y en primer lugar en el propio país. Tenemos que empezar a luchar, organizados por nosotros mismos, por imponer las propias necesidades: más consumo, menos jornada, ni un sacrificio para la guerra.

Tuits

Turquía, por su posición de puerta entre Asia Central, Europa, Oriente Medio y África, no puede afirmar sus intereses imperialistas sin elevar cualitativamente las contradicciones imperialistas a nivel mundial.
Trump sabe su propia pequeña burguesía agraria en quiebra y el proletariado precarizado se resisten cada vez más a poner el cuerpo por intereses imperialistas y no quiere tropas donde no pueda obtener ganancias directas
El objetivo iraní está lejos de ser la paz, sería más bien, una tregua para la preparación de una guerra cercana y aún más extensa.
Los trabajadores sirios refugiados, empleados masivamente por las maquilas cercanas a la frontera bajo condiciones infames tienen todas las papeletas para ser «desplazados» con las mismas fábricas a la nueva «zona de seguridad»
La burguesía turca trata a los refugiados sirios como quiere poder llegar a tratar a los trabajadores «nativos», reduciéndolos a carne de cañón y esclavitud miserable en las maquilas
Grecia, Líbano, Siria, Turquía, la dictadura mafiosa del PKK-YPG en su zona... todos ofrecen lo mismo a los trabajadores: guerra, muerte, esclavitud
El interés de los trabajadores solo puede ser poner fin a todo este horror. Y para eso hay que desembarazarse de toda lealtad nacional: el enemigo que nos explota en todo el mundo, está siempre y en primer lugar en el propio país