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Turquía: ¿Guerra con Rusia o cambio de régimen?

20 de febrero, 2020 · Actualidad> Asia> Turquía

Caballería turca camino de Idlib.

Turquía está al borde de entrar abiertamente en guerra en Siria. El propio Erdogan aseguró que «es cuestión de tiempo». Y no hablaba de años, sino de semanas o días. Según la ONU es inminente una nueva escalada de violencia. Aunque para el millón de civiles que huye del avance de las tropas de El Assad no es ya una amenaza, sino una realidad terrible.

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Para Erdogan, la clave de la situación es, una vez más, Rusia. Como decíamos en nuestro informe de la semana pasada el acuerdo tácito entre Rusia y Turquía era que solo se enfrentarían directamente tropas de tierra sirias. Las de el Assad con apoyo de la aviación rusa, las del Ejercito Libre Sirio con apoyo de la artillería turca. La realidad: Idlib se ha convertido en la piedra de toque de la interminable guerra siria y tanto las bases aéreas rusas como los puestos de obserbación turcos empiezan a ser objetivos directos.

Para liberar del cerco a sus puestos de observación, el ejército turco debe enfrentarse a la aviación rusa… o Erdogan convencer a Putin de que deje de dar soporte aéreo al ejército de El Assad. Pero tras largas rondas de conversaciones y negociaciones, Rusia reafirmó reafirmó su apoyo a la reconquista de Idlib por Damasco. Los portavoces rusos afirmaron que las fuerzas sirias apoyadas por Turquía eran una amenaza». Cuando Erdogan dice que la entrada en acción del ejército turco es inminente quiere decir, bajo las condiciones actuales, que se dirige hacia un enfrentamiento militar con la aviación y los soldados de tierra rusos.

Soldados turcos refuerzan posiciones cerca de Idlib

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Las potencias europeas y EEUU no podían dejar de ver en este enfrentamiento una oportunidad. La prensa alemana se preguntaba esta semana si Erdogan llamaría a la OTAN en su auxilio y para mostrar su predisposición… EEUU, Gran Bretaña y Alemania hicieron un llamamiento a Rusia a poner fin a los ataques a los puestos de observación turcos.

Al parecer, el cambio de actitud de la OTAN hacia su socio más díscolo llegó hasta Bruselas. En la conferencia de la OTAN la delegación griega acabó marchándose al no permitirles el presidente hacer preguntas sobre el acuerdo Turquía-Libia. Esta escora a favor de los turcos es especialmente llamativa cuando la tensión en el Mediterráneo oriental es claramente pre-bélica y tanto Francia como EEUU han organizado ejercicios militares conjuntos con el ejército griego para disuadir a Erdogan de lanzarse a una aventura por el control de los yacimientos de gas en zonas marítimas en disputa con Grecia.

Este cambio es tanto más significativo por cuanto que la situación en Libia también se agrava. Allí Turquía guerrea en apoyo del régimen de los Hermanos Musulmanes en Trípoli mediante tropas mercenarias sirias interpuestas mientras que Francia y EEUU apoyan al general Haftar, financiado y armado por Egipto y Emiratos.

Esta semana la UE anunció que pondría en marcha una armada conjunta, en teoría para hacer valer el embargo de armas. En realidad el control aéreo y marítimo afectaría sobre todo al gobierno de Trípoli, al que por otro lado Haftar asfixia económicamente al haber cerrado las salidas de petróleo hacia la capital, y a sus socios y proveedores turcos.

Haftar, que también cuenta con apoyo ruso, ha roto las negociaciones de alto el fuego y pisado el acelerador. Esta semana ha llegado ya hasta el puerto de la capital y ve su triunfo final a estas alturas como una cuestión de tiempo.

Putin y Erdogan

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El encaje de Turquía en las alianzas imperialistas en el Mediterráneo y Oriente Medio es cada vez más violentamente contradictorio. La proyección imperialista histórica le orientaba hacia la alianza con las potencias anglosajonas e Israel llegando a una entente con griegos y egipcios para explotar el gas del Mediterráneo Oriental y participar de su transporte. Esta opción le colocaba como tampón frente Rusia e Irán, en lucha con ambos por la influencia en Asia Central.

El proyecto islámista de Erdogan sin embargo, al convertir al estado en el patrocinador de los Hermanos Musulmanes, le enfrenta a egipcios y saudíes –como se vio en el caso Khashoggi, en el Cuerno de Africa y en los frentes militares de Siria y Libia, y le expulsa de la cuenca gasística mediterránea volviendo a la tensión con Grecia y en Chipre. A cambio, Turquía se convirtió en la puerta -y el contrabandista principal- del mercado iraní y en el socio de Rusia para sacar gas desde Asia Central. Todo sobre una entente con Putin que ya no da para más ni en Siria ni en Libia.

La contradicción entre la geopolítica del imperialismo turco y la orientación «neo-otomana» del erdoganismo en asociación con los Hermanos Musulmanes, está a punto de saltar por los aires. La pregunta es… ¿será mediante una guerra o mediante un cambio de régimen?

Protestas en el parque Gezi en 2013

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Porque una de las claves para entender la disposición de la OTAN a abrir los brazos a Turquía es que la burguesía turca está dando cada vez más señales de que puede prescindir de Erdogan y su estrategia. El capital turco no deja de devaluarse, calentando los ánimos de la clase dirigente a fuego lento. La inmediatez de una guerra es vista cada vez con más aprensión y las continuas oleadas masivas de represión se interpretan ya como síntoma de debilidad, no de fortaleza.

La absolución esta semana de los dieciseis acusados por rebelión por las protestas en el parque Gezi durante 2013, son algo más que una señal: consolidan al empresario Osman Kavala figura alternativa a Erdogan. Es más, su inmediata detención tras haber sido absuelto, le convierte en una especie de Mandela turco y revela el miedo creciente de Erdogan.

Mientras, el expresidente Abdulah Gül declaraba que «se ha acabado el ciclo del Islam político», y explicando que lo que él inició y le llevó a unirse políticamente a Erdogan hace 20 años, la idea de una «democracia cristiana» islámica, es hoy contraproducente para el capital nacional turco en el escenario global y para las propias bases -la pequeña burguesía rural conservadora- del AKP (el partido de Erdogan), entonces en ascenso, hoy en la ruina. Gul se ofrecía a liderar desde un islamismo divorciado de los Hermanos Musulmanes, un gabinete de unidad nacional, única alternativa -decía a las bases del erdoganismo- a devolver el gobierno a la derecha kemalista.

¿Y a todo ésto… dónde quedan los trabajadores? Cada vez más empobrecidos y reprimidos, encuadrados en unos sindicatos tan patriotas como el resto del estado turco. Y sin embargo, la inminencia de la guerra empieza a cuajar y mezclarse con los conatos de lucha que hemos seguido durante el último año.