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Turismo cero

28 de abril, 2020 · Actualidad> Europa> España

Playa en Gran Canaria durante la semana pasada.

Nueve países de la UE presentaron una declaración conjunta en la que solicitan la aprobación de un plan europeo de recuperación del turismo. La noticia apenas tuvo reflejo en la prensa y los telediarios. Al revés, la prensa, cada vez más narcótica, nos dice que se volverá a un turismo familiar, fundamentalmente nacional como si no pasara gran cosa. Pero los datos y la historia económica dicen lo contrario.

El «milagro español»

Sectores y empleo generado por ellos en España. Datos de 2018 publicados en diciembre de 2019.

Según los últimos datos oficiales publicados el turismo aporta el 12,3% del PIB español y el 12,7% del empleo total. España y Portugal son, año tras año, los países en los que el sector representa un porcentaje mayor del PIB. Aunque no hay datos oficiales es muy probable que a principios de este año doblara prácticamente en porcentaje lo que supone en el PIB italiano.

El turismo en la balanza de pagos española durante los años de los planes de estabilización y crecimiento.

Las razones históricas son bien conocidas. Seguro ya de su inserción en el bloque estadounidense, en 1959 el capitalismo español comenzó, con el famoso «Plan de estabilización», un proceso acelerado de capitalización bajo el control político-social férreo de la dictadura franquista. Los mercados europeos irían abriéndose paulatinamente hasta 1992 (mercado único europeo), pero en un principio las exportaciones se concentraban en un sector primario que era el de horizonte y márgenes más limitados. El capital fijo español era precario y obsoleto y la prioridad era obtener divisas con las que comprar las tecnologías que permitirían «modernizar», es decir aumentar la productividad del trabajo, a la burguesía española. Esa inyección de divisas estaba creciendo ya desde mediados de los 50 gracias al primer turismo europeo que llega atraído por unos precios mucho más bajos que los del resto del continente y se verá propulsado por la convertibilidad de la peseta a partir de 1959.

En 1951 se registró el primer millón de visitantes y los incrementos absolutos fueron muy deprisa: 2.522.402 en 1955, 6.113.255 en 1960, 14.251.428 en 1965, 24.105.312 en 1970 y 30.122.478 en 1975. Según los datos aportados por las estadísticas oficiales, en 20 años el número de visitantes se había multiplicado por 12. Con los ingresos había ocurrido algo equivalente: los 296,5 millones de dólares registrados en 1960 se habían multiplicado por 10 en 1973, alcanzando la cifra de 3.216,1 millones.

«El auge del turismo europeo en la España de los años sesenta», Esther M. Sánchez Sánchez

«País de camareros»

Evolución desde 1960 del PIB per capita a precios constantes de Alemania, Francia, Italia, España y Portugal.

Y el «milagro español» arranca: el capital español crece a una velocidad similar a la de Alemania y Francia hasta la crisis del petróleo. La distancia aumentará de nuevo entonces hasta que las políticas de reconversión industrial del PSOE y el principio de la precarización masiva, den un nuevo impulso que durará hasta la crisis del 92. La orquilla de diferenciales volverá a abrirse entonces, pero el capital español recuperará terreno de nuevo frente a Alemania hasta que en 2001 el euro comience a hacer sentir sus efectos. La distancia aumenta suavemente entonces de nuevo… hasta la crisis de 2008 que acaba abriendo definitivamente la orquilla hasta la situación actual.

Uno de los tópicos clásicos de la izquierda española -que, como la burguesía, identifica modernización del capital con progreso- una orientación miope del capital nacional habría hecho de España un «país de camareros».

Sin embargo, con los datos en la mano, lo que vemos es una burguesía que suple la ausencia de capacidad exportadora con servicios turísticos con tal éxito que consigue hacer crecer su capital a una velocidad similar a la alemana durante décadas, aumentando la explotación en términos relativos en las bonanzas y recuperándose a base de aumentar la explotación absoluta y disparar la precarización en las recesiones. Y así, en la segunda mitad del siglo XX, la burguesía española pasó de prima pobretona de lo que todavía en 1975 se llamaba el «tercermundo europeo», a dirigir un imperialismo relativamente exitoso con un espacio propio en Iberoamérica.

Como se ve en la gráfica también, conforme la tendencia a la crisis, permanente en la etapa histórica actual se hace más y más presente, más agónica se convierte la competencia entre las burguesías mediterráneas entre sí y con Alemania. Cada aumento de los diferenciales hace aun más atractivos para el capital a los mejor situados, colocándolos aun en mejor situación relativa frente a los que quedaron por debajo en el siguiente mordisco de la crisis. La tendencia de la acumulación a producir que la distancia entre competidores crezca potencialmente aparece cada vez más claramente. Y con ella, la violencia de los ataques a las condiciones de vida de los trabajadores se manifiesta proporcionalmente, pues se trata ya no solo de recuperar el crecimiento sino de recuperar la distancia perdida frente a los capitales más fuertes.

En toda esa carrera de largo aliento hacia la pauperización y la precarización masivas, prescindir del turismo nunca fue una opción para el capital español. El turismo era de hecho su vanguardia: fuerza de trabajo «flexible», atomizada y precaria, capacidad exportadora, concentración exitosa en grandes grupos hoteleros centralizados por los bancos, exportación de capitales a media América y luego a Africa bajo la forma de «resorts»… e inevitablemente financiarización y especulación. ¿Qué usos alternativos de capital podrían haberse desarrollado a esa rentabilidad y dando salida a tanto volumen de capital en las periferias, los pueblos pesqueros y las islas?

El capital español ha perdido una pierna

Ingresos por turismo extranjero (equivalente a exportaciones)

El turismo significó 71.000 millones en exportaciones en 2019 que hay que comparar con los 290.089 millones de exportaciones en mercancías y los escasos números (poco más de 5000 millones en 2017) de la exportación de servicios no turísticos.

Para el capital español la caída del turismo no es un «problema social»… es perder una pierna e ir de cabeza hacia un deficit en la balanza comercial que acelerará la tendencia a su devaluación, como pasó en 2009. Con una diferencia: en 2011 el turismo había superado ya el nivel de ingresos de 2008, el último año de «bonanza», porque buena parte de los grandes grupos hosteleros españoles había conseguido sobrevivir a la crisis financiera. En 2022, cuando esperan la recuperación turística, es muy probable que buena parte del sector haya quebrado o vendido sus activos a precio de derribo.

Los trabajadores y el crack del turismo

Evolución de salarios en España por deciles (grupos que representan el 10% del total) entre 2008 y 2014. Los deciles más bajos, los que menos ganaban, son los que más perdieron en la crisis.

Y de nuevo la pregunta: qué aplicación alternativa podría encontrar el capital español para obtener una cantidad similar de ingresos por exportaciones. Ninguna. La obsesión de la burguesía española por «reducir la dependencia del turismo» es como si una trucha de torrentera soñara con reducir su dependencia del agua. Sería deseable no ahogarse en cada sequía. Pero no puede cambiar millones de años de evolución a conveniencia.

Como en 2009, la única forma de recuperar capacidad exportadora que tiene a su alcance es bajar los salarios reales para vender fuera más barato. Con un mercado mundial en mínimos y sin turismo, eso significa un golpe mucho más fuerte que el de 2009. Para el capital español la alternativa al «país de camareros» es un país de parados y ultraprecarizados cobrando por debajo del SMI actual.

Durante la crisis sanitaria estamos viendo de forma brutal que hay que elegir entre salvar vidas y salvar inversiones. Y no ha faltado descaro a los portavoces del capital para en mitad de la masacre afirmar la prioridad del capital sobre la vida humana. Las necesidades del capital son cada vez más abiertamente antagónicas a las necesidades humanas universales. En la «reconstrucción» eso no va a cambiar. En vez de contagios estaremos hablando de salarios, en vez de camas de hospital de condiciones de trabajo. Pero al final, una y otra vez estaremos en lo mismo: necesidades del capital expuestas como «leyes económicas» contra necesidades universales humanas expuestas como reivindicaciones universales de los trabajadores.