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Triunfo electoral del Sinn Féin

10 de febrero, 2020 · Actualidad> Europa> Irlanda

Mary Lou McDonald, líder del Sinn Féin, celebra los resultados electorales.

El Sinn Féin es el gran triunfador de las elecciones irlandesas y se prepara para intentar formar una coalición de izquierda con una probable y difícil investidura «a la española». Pero el Sinn Féin no es un partido cualquiera y menos aun en el contexto del Brexit.

En el momento actual del complejo sistema de recuento es muy posible que el Sinn Féin obtenga tantos diputados como la suma de los dos partidos que han monopolizado la vida política irlandesa desde los años ochenta: el ciudadanista Fine Gael, del actual «Taoiseach» Leo Varadkar y el conservador Fianna Fail del «padre de la patria» Éamon de Valera.

Irlanda fue, con Grecia, Portugal y España (los «PIGS» según el lenguaje de la City de Londres) uno de los países que primero y con más violencia sufrió el estallido de la crisis financiera en 2008. Las generaciones de trabajadores incorporadas al mercado laboral durante esta década han compaginado una resistencia creciente a las políticas «anti-crisis», con una falta de experiencia y memoria utilizada por los viejos partidos para reencarrilar contra sus propios atavismos lo que apuntaba a mayores.

No hay que olvidar que los golpes con los que la burguesía irlandesa respondió a la crisis vinieron acompañados de la mayor «quiebra reputacional» de la historia: el hundimiento de la iglesia católica por la acumulación de casos y testimonios de abusos sexuales a menores. Y la Iglesia era históricamente, no solo un agente político del nacionalismo sino el principal agente social irlandés. El que el Fianna Fail, originalmente democrata-cristiano y parte del mismo partido europeo que el PP español, se pusiera en cabeza de los movimientos por el referendum y legalización del matrimonio gay (2015) y el aborto (2018) es sintomático de la respuesta de las clases dirigentes irlandesas ante su doble crisis: rehacer desde el «ciudadanismo» y el nacionalismo su aparato político y su discurso ideológico… para vender la misma «modernidad» que desde los 90. Siguiente parada: reforma de las pensiones y subida de la edad de jubilación.

La fórmula Sinn Féinn

Líderes del Sinn Féin con sus principales ofertas electorales.

En ese marco el Sinn Féin ha centrado la campaña en reducir la edad de jubilación un año y aumentar el gasto público en 22 mil millones de euros durante los próximos cinco años para mejorar la situación de hacinamiento y falta de medios del sistema de Salud y la carencia de viviendas asequibles, considerado, no solo por la prensa, el principal problema del país. El resultado es que lo que despectivamente los políticos llamaron «impaciencia» sobre Sanidad y vivienda se ha traducido, como era previsible, en un movimiento electoral hacia la izquierda.

Pero el Sinn Féin no representa solo la «ilusión», en el peor sentido de la palabra, de que con políticas públicas de gasto pueden compensarse o evitarse las exigencias de un capital globalmente ahogado. El Sinn Féin significa más nacionalismo -si cabe- o al menos un nacionalismo aun más belicoso y beligerante frente a Gran Bretaña… orientado a hacer efectivo y ganar en 2025 el referendum de autodeterminación del Ulster.

Es decir, la trampa del Sinn Féin va más allá de la del sanchismo en España, no es solo una forma de vestir una transferencia masiva de rentas del trabajo al capital de modernización de las pensiones, ecologismo, etc. El Sinn Féin, al estilo de UP en España o la izquierda del peronismo en Argentina, vende que una mayor «radicalidad» en la defensa de los servicios y condiciones básicas de bienestar signifca más nacionalismo y por tanto requiere de un extra de «sacrificios» patrióticos. Y en Irlanda el rango de esos «sacrificios» puede llegar, a conveniencia de la burguesía nacional, a convertirse en largos y sangrientos «problemas».

Papeletas electorales irlandesas.

El resultado electoral irlandés refleja bien hacia dónde está tendiendo la burguesía de los países más débiles en Europa, pero también lo que podemos esperar de la política electoral. Los «giros a la izquierda» acaban indefectiblemente llevándonos al mismo lugar: la transferencia de rentas del trabajo al capital nacional. Pero de modo cada vez más abierto también, hacia la belicosidad nacionalista. Tras los mazazos en condiciones de vida y trabajo está más visible también el fantasma de la guerra. También en Europa.