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Tres textos de Benjamin Péret

11 de noviembre, 2018 · Historia> Izquierda Comunista

Victor Serge, Benjamin Peret, Remedios Varo y André Breton en 1939 a su llegada a México

1943

«Peret tiene la palabra». Originalmente se trataba de un prólogo a un libro de cuentos y relatos populares de origen precolombino. La pieza es «tan Peret», mezcla tan bien su concepción agónica del arte y la perspectiva comunista, que Breton recava la ayuda de los miembros que quedan del grupo surrealista en el exilio para organizar su publicación como un folleto independiente en EEUU. Se trata de una vindicación y al tiempo de una demostración de la posibilidad de la poesía, disfrazada necesariamente con las ropas íntimas de «lo maravilloso». Porque hoy, cuando el arte burgués ya no es posible, al menos con la dimensión que la palabra «arte» tuvo desde el Renacimiento, la poesía es necesariamente profecía -que no publicidad ni propaganda- de la posibilidad y la urgencia del comunismo. Solo el comunismo hará posible de nuevo el arte incorporándolo a la actividad humana toda.

El humano primitivo todavía no se conoce, se busca. El humano actual se ha perdido; el de mañana tendrá primero que reencontrarse, reconocerse, tomar contradictoriamente conciencia de sí mismo. Tendrá la capacidad de hacerlo. Quizá ya la tenga y no puede hacer uso de ella porque no es libre de pensar bajo el polvo que lo asfixia. Si el humano de ayer, que no conocía otros limites a sus pensamientos que los de su deseo, ha podido, en su lucha contra la naturaleza, producir esas maravillosas leyendas, ¿qué es lo que no podrá crear el humano de mañana consciente de su naturaleza, y dominando cada vez más el mundo de su espíritu liberado de toda traba?

«Péret tiene la palabra» es una vindicación y una demostración de la posibilidad de la poesía, disfrazada necesariamente bajo «lo maravilloso», profecía de la posibilidad y urgencia del comunismo

Los cuatro grandes de la vanguardia artística francesa de entreguerras: Breton, Eluard, Tzará y Peret.

1945

«El deshonor de los poetas». Estando en México, llega a las manos de Péret «El honor de los poetas», un volumen recogiendo una selección de poemas publicados clandestinamente en París durante la ocupación nazi. Entre los autores, Paul Eluard, antiguo compañero del grupo surrelista, devenido en creyente y patriota. Toda la poesía seleccionada en el volumen es una mezcla rancia de patriotismo y superstición, católica o stalinista.

Esta resurrección de Dios, de la patria y del jefe, ha sido también el resultado de la extremada confusión de los espíritus, engendrada por la guerra y mantenida por sus beneficiarios. A consecuencia, la fermentación intelectual engendrada por esta situación, en la medida en que se abandona a la corriente, permanece enteramente regresiva, afectada de un coeficiente negativo. Sus productos continúan siendo reaccionarios, ya se trate de «poesía» de propaganda fascista o antifascista o de exaltación religiosa. Afrodisíacos de vejetes, que aportan un vigor fugitivo a la sociedad sólo para aplastarla mejor. Estos «poetas» nunca participan en el pensamiento creador de los revolucionarios del año II o de la Rusia de 1917, por ejemplo, ni de los místicos y heréticos de la Edad Media, porque están destinados a provocar una exaltación ficticia en la masa, mientras que aquellos revolucionarios y místicos eran el producto de una exaltación colectiva real y profunda que sus palabras traducían. Expresaban entonces el pensamiento y la esperanza de todo un pueblo imbuido del mismo mito o animado por el mismo impulso, mientras que la «poesía» de propaganda tiende a insuflar un poco de vida a un mito agonizante. Cánticos cívicos, ellos tienen la misma virtud soporífera que sus patrones religiosos, de los cuales heredaron directamente su función conservadora, porque si la poesía mítica y luego mística ha creado la divinidad, el cántico explota esa misma divinidad. De igual manera, el revolucionario del año II o de 1917 crearon la sociedad nueva, mientras que el patriota y el stalinista de la actualidad se aprovechan de ella.

«El deshonor de los poetas» denuncia y explica el carácter profudamente reaccionario de la literatura de «la Resistencia», con su vuelta a Dios, la patria y el culto al jefe stalinista

Edición original del «El manifiesto de los exegetas»

1946

«El manifiesto de los exegetas». Crítica del manifiesto con el que la Comisión Ejecutiva de la IVª Internacional prepara su segundo congreso/conferencia, sacando un balance de la guerra y la expansión stalinista en el Este de Europa. Se trata de un texto fundamental para entender cómo la Izquierda Comunista Española madura su definición del capitalismo de estado en la lucha contra la deriva de la Internacional a la muerte de Trotski. En un marco que surge de la experiencia central e insustituible de la Revolución española (1936-37), la sección española agrupa en su oposición a los últimos internacionalistas que han hecho bandera del derrotismo revolucionario durante la guerra, denuncia a la URSS como una potencia imperialista, a los llamados «partidos obreros» como partes bien integradas en el capitalismo de estado de los países europeos y rechaza por tanto la consigna de «frente único» con stalinistas y socialdemócratas. En resumen un texto importantísimo que hasta ahora, que sepamos, solo tuvo traducciones parciales al español y que hemos traducido por primera vez en su totalidad.

«El Manifiesto de los exegetas» muestra el papel central de la Revolución española para entender el siglo XX, la contrarrevolución stalinista y por qué no cuajó después una nueva Revolución mundial

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