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¿Serían buenas o malas unas nuevas elecciones?

10 de julio, 2019 · Actualidad> Europa> España

Preparando un colegio electoral

Sánchez no acepta formar un gobierno de coalición con Podemos y Podemos se encamina a votar en su contra en la investidura. Resultado: nuevas elecciones generales a la vista. En Madrid y Murcia, la derecha es incapaz de materializar el pacto a tres; Madrid también apunta una nueva ronda electoral. El aparato político «se instala en el bloqueo», es decir, vuelve al estancamiento. ¿Han fracasado simultáneamente tanto la «vía Sánchez» como la «vía tripartito» para renovar el aparato político de la burguesía española? ¿Qué significa eso para los trabajadores?

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La burguesía española se toma la cosa con poco o ningún dramatismo. Cuando Antonio Garamendi, presidente de la CEOE, dice que «igual es mejor esperar a noviembre y tener el país tranquilo» está dando voz pública a lo que los consejeros delegados y altos funcionarios repetían estos días en las cenas de los restaurantes top. Sánchez ha convencido a la burguesía española de que solo él y su camino para «reinventar» el bipartidismo pueden conseguir imponer sus objetivos evitando un conflicto social. Se lo ha demostrado en dos temas clave: el cronometraje (llamado ahora «registro de jornada») y la privatización de las pensiones («mochila austriaca»). La burguesía ve en Sánchez su «nuevo Felipe», el «España ha vuelto» del presidente en Bruselas y las prisas por ganar la medalla del acuerdo de asociación con Mercosur no eran inocentes. Sánchez está demostrando las capacidades que la burguesía española soñaba y daba ya por imposibles.

Sánchez recibe, renuente, el abrazo de Iglesias tras su investidura.

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El problema de Sánchez, y con él de la burguesía española es que los números tampoco dan para asegurar lo que espera y desea: las encuestas del CIS de Tezanos dicen que el PSOE aumentaría sus resultados… pero tampoco decisivamente, tal vez lo suficiente para doblar las aspiraciones de cargos en Podemos, pero nada más. Eso sí, los plazos se alargan, si efectivamente las previsiones de crecimiento se mantienen en el 2% como dice la Comisión Europea, Sánchez ganaría una prórroga sin coste para asegurar su posición, quizá apoyándose en los nacionalistas vascos. Por eso Sánchez, tan narcisista y caprichoso como falto de verdadero carácter y en ese sentido «pragmático», es decir dado a doblar la cerviz ante quien identifica como más fuerte, cambia su talante y deja volar ahora su rabia contra Podemos. Cree que las tiene todas consigo -o que puede tenerlas en breve- y se empeña en doblar al aliado con el que se abrazaba ayer. Sánchez no va a encontrar oposición en las clases dirigentes para nada que signifique disciplinar su campo. Sobre todo si, sirve de paso para representar y provocar una retirada del independentismo catalán del primer plano. El acuerdo entre el PSC y Colau para gobernar Barcelona es la señal de la apertura de una veda. Sánchez demostraría así que la clave para romper el espinazo a la revuelta de las pequeñas burguesías regionales pasa por romper «las convergencias», es decir, por él.

Sánchez y Casado juntos a su manera

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En el otro frente del aparato político la situación en realidad es, paradójicamente, muy parecida. Vox, esa expresión de la pequeña burguesía airada y arruinada por la crisis, no sabe ni morderse la lengua ni «ponerse en su lugar». La etiqueta de «irresponsable» le sobrevuela con todo lo que eso significa cuando la coloca la clase dirigente española. Por otro lado, el rechazo de la burguesía a Albert Rivera ya es tan explícito que el «núcleo duro» de FEDEA, con Garicano a la cabeza, puesto originalmente por el IBEX para «guiar» al partido, ha sido el primero en abrir, a hachazos, vías de agua en el casco de C’s. El PP, con un Casado reforzado por un Feijoo feliz como «hacedor de reyes», solo tiene que esperar a que se consuman sus propias alternativas, es decir, a su manera y por sus propias necesidades, es solidario con el juego de Sánchez.

Antonio Garamendi, presidente de la CEOE: «Igual es mejor esperar a noviembre y tener un país más tranquilo»

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Al final, contenida la revuelta de la pequeña burguesía catalana en su propia impotencia y con una prórroga inesperada antes del recrudecimiento de la crisis, el viejo aparato del bipartidismo ha sido quien ha dado forma a la renovación del aparato político de la burguesía. La crisis del sistema del 78 no está ni mucho menos saldada definitivamente, pero la clase dominante española siente las cosas «encauzadas» con Sánchez. De Botín a abajo ninguno va a meter urgencias «innecesarias». Y si gana un extra de estabilidad con nuevas elecciones no lo verán como más que un engorro inevitable pero poco importante.

¿Y nosotros?

Los trabajadores no tenemos nada que ganar con nuevas elecciones, pero tampoco con ninguna investidura exitosa que pudiera salir del Parlamento. El objetivo del próximo gobierno, no puede ser otro que seguir concentrando los salarios a la baja, vestir de indefinidos contratos aun más precarios, reducir los gastos «sociales» básicos (salud, educación, servicios urbanos) y comenzar la privatización de las pensiones. Ese es el interés nacional, es decir, el de un capital nacional que siente ya el oleaje de las guerras comerciales y el distanciamiento de sus aliados imperialistas históricos.

Nadie va a venir a rescatarnos. Ni un mesías político ni una catástrofe social o medioambiental que «obligue» al sistema a ser lo que no es y no puede ser. El capitalismo es la gran máquina de los desastres. En el último siglo lleva dos guerras mundiales, multitud de guerras locales, ha causado la marginación y miseria de millones, ha normalizado la violencia a todos los niveles y culpabiliza cada día a sus propias víctimas con una moral de «ganadores» y «perdedores», de santificación de la rapiña y el «sálvese quien pueda». Nada va a conmover al sistema y nada ganaríamos tampoco reproduciendo su moral, al revés. Los estallidos desorganizados, los saqueos, la afirmación de necesidades particulares… solo nos atomizarán más.

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Sánchez ha convencido a la burguesía española de que solo él y su camino para «reinventar» el bipartidismo pueden conseguir imponer sus objetivos evitando un conflicto social.
Sánchez ha demostrado su utilidad a la burguesía en dos temas clave: el cronometraje (llamado ahora «registro de jornada») y la privatización de las pensiones («mochila austriaca»).
La burguesía ve en Sánchez su «nuevo Felipe», el «España ha vuelto» del presidente en Bruselas y las prisas por ganar la medalla del acuerdo de asociación con Mercosur no eran inocentes.
Botín (Santander) y Garamendi (CEOE) dicen en voz alta lo que la burguesía sisea en los restaurantes top: «igual es mejor esperar a noviembre y tener el país tranquilo»
Contenida la revuelta de la pequeña burguesía catalana en su propia impotencia y con una prórroga inesperada antes del recrudecimiento de la crisis, el viejo aparato bipartidista ha sido quien ha dado forma a su «renovación»
Los trabajadores no tenemos nada que ganar con nuevas elecciones, pero tampoco con ninguna investidura exitosa que pudiera salir del Parlamento.
El objetivo del próximo gobierno: seguir concentrando los salarios a la baja, vestir de indefinidos contratos aun más precarios, reducir los gastos «sociales» básicos y comenzar la privatización de las pensiones.