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Sánchez: último intento

23 de septiembre, 2018 · Actualidad> España

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Sánchez propone su reforma constitucional express por sorpresa en un acto en Casa de América

Esta semana, en un intento de salir cuanto antes del charco de su tesis, Pedro Sánchez tiró la pelota hacia delante con una propuesta de reforma constitucional express para acabar con los aforamientos de los políticos. Se trataba de pasar página y de paso dar un codazo a Casado, el nuevo dirigente del PP.

No evaluó el rechazo y el enfado que iba a causar en la burguesía española. La Constitución y la imposibilidad de reformarla rápidamente y menos aun a necesidad de parte, ha sido el muro del aparato del estado y de la burguesía para resistir las andanadas de la pequeña burguesía en rebelión. La burguesía es consciente de qué fue la Constitución del 78 y está dispuesta a transformarla asumiendo costes importantes, pero solo si la reforma consigue comprometer a la pequeña burguesía díscola. Precisamente por eso no puede devaluar la Constitución con cambios «fáciles» que hagan sentirse a la pequeña burguesía cada vez más ninguneada en sus reivindicaciones.¿Se puede modificar la Constitución en sesenta días para cambiar los aforamientos pero no para dar una solución -en un sentido u otro- a la cuestión catalana?

Con los aforamientos Sánchez no pareció entender que la burguesía y el estado no pueden devaluar la Constitución con cambios «fáciles» y reformas menores que hacen sentirse a la pequeña burguesía cada vez más ninguneada
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Gonźalez y Aznar en un raro show conjunto bajo auspicio de «El País», ensalzaron la Constitución del 78

Por eso, las acusaciones de «jugar a la petanca con granadas de mano» no eran exageradas. La inmediata organización de una misa «unitaria» entre los expresidentes Aznar y González bajo los oficios litúrgicos de la directora de «El País» para exaltar el texto constitucional y su vigencia cuarenta años después, fue un verdadero bofetón de la burguesía a Sánchez en la cara del independentismo catalán. Al día siguiente el Consejo de ministros «recogía vela» y enterraba la reforma mandándola al Consejo de Estado.

La burguesía ha hecho recular a Sánchez en menos de una semana, recordándole que no puede «jugar a la petanca con granadas de mano» y enseñándole el camino de la convocatoria electoral
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Sánchez se fotografió a las puertas de Moncloa con el patronato de la fundación Carolina -núcleo duro del IBEX- con quien no acaba de ganar complicidades.

Pero si Sánchez esperaba que todo pasara sin consecuencias se equivocaba. El tiempo se acaba para el gobierno de Sánchez y propios y extraños le enseñan el camino de la convocatoria electoral bajo la amenaza de un desgaste aun mayor: «resistir no es ganar», le dicen a diestra y siniestra apuntando a su debilidad y dependencia creciente de Podemos. Los intentos de buscar complicidades entre la burguesía empresarial tampoco parecen haberle cuajado. Sánchez colecciona desencuentros con el IBEX. El último: esta nueva semana no contará con directivos de monopolios en su viaje a EEUU. No es un gran comienzo para lo que seguramente sea su última oportunidad de ponerse en valor frente a la burguesía española.

Sánchez no consigue ganar complicidades entre la burguesía empresarial de los grandes monopolios ni tejer una alianza con las expresiones políticas de la pequeña burguesía como Podemos o el independentismo

Fotos publicadas por Sánchez desde el Falcon presidencial

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Hasta los analistas más cercanos al gobierno se dan cuenta ya de que no parece tener mucho sentido continuar imprimiendo velocidad a un viaje a ninguna parte. Sánchez sin embargo parece apostar por estirar la situación, convencido tal vez de que si una crisis internacional estalla con él en la Moncloa, la burguesía cerrará filas con tal de no arriesgar aun más. Es esta expectativa la que, paradójicamente, le hace converger con un Podemos en peligro de estallar y un independentismo que lo cifra todo a resistir en espera de que la crisis debilite al estado al menos en la misma medida en que ellos no supieron fortalecerse. Pero una cosa es una convergencia tácita y otra que tal confluencia de intereses pueda producir resultados siquiera bajo la lógica bonapartista del presidente. Sánchez acelera para seguir en la carrera a costa de erosionar su propia posición equilibrista cada vez más rápidamente. Los próximos meses serán pues los del intento final. A estas alturas lo que está en cuestión para la burguesía española en la renovación de su aparato político no es si basta -como pretendía Sánchez- con remozar a PP y PSOE o si por el contrario hace falta si cambiar a los actores. Sino si les dará tiempo a culminarla de alguna manera antes de que una nueva andanada de la crisis global zarandee todo su edificio de viejos intereses y mentiras.

Sánchez acelera para seguir en la carrera a costa de erosionar su propia posición equilibrista cada vez más rápidamente. La renovación del aparato político de la burguesía española corre contrarreloj con cada vez menos opciones

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