Represión de los CDR

Concentración de los CDR ante la delegación de gobierno de Barcelona.
La Audiencia Nacional ha comenzado la represión de los «CDR» por «rebelión» y «terrorismo». Nacidos como «Comités de Defensa del Referendum» y transmutados luego de la proclamación fake de la independencia catalana en «Comités de Defensa de la República», ni son comités -los que están son los que son y no les elige nadie-, ni organizan ningún tipo de «defensa» de la, por otro lado inexistente, «república» catalana. Son en realidad una «organización de masas» de la CUP que lejos de agrupar y organizar masas, solo ha sumado a los pocos miles de personas que participaban en sus actividades a unos cuantos cientos jóvenes y simpatizantes de ERC, Guanyem, grupos neostalinistas y trotskistas menores, etc. Porque, por supuesto, hubo quien vendió los CDR como un movimiento de masas en germen capaz de agrupar a los trabajadores. La «huelga nacional», es decir patronal, del día 3 de octubre de 2017 dejó bien claro que no era ni una cosa ni la otra. En realidad los CDR nunca han pasado de ser una agrupación de protesta de los sectores más folclóricos de la pequeña burguesía independentista, el único grupo social capaz de delirar pensando que saltarse los peajes era «hacer la revolución».

Los CDR nunca han pasado de ser una agrupación de protesta de los sectores más folclóricos de la pequeña burguesía independentista, el único grupo social capaz de delirar pensando que saltarse los peajes era «hacer la revolución»

Los CDR abren los peajes a la vuelta de Semana Santa.
Pero entonces, ¿a qué la represión? A día de hoy, como se vio bien en la última entrevista a Felipe González, la prioridad de la burguesía española es recuperar la «normalidad institucional» cuanto antes. No solo para salir del estancamiento en el que está -presupuestos, Seguridad Social, etc.- sino porque los costes económicos directos son evidentes cuando el IBEX sigue desde hace meses por debajo de 10.000 y con fondos británicos llegando para apostar a la baja y conseguir algún saldo. De hecho son cada vez más peligrosos en un contexto de guerra comercial. Especialmente cuando Alemania insiste, como ha quedado claro con la euro-orden de Puigdemont, en que esa vía ofrece un flanco indeseado que afecta a todo el «bloque» franco-alemán en la UE. No es que haga melindres ante la represión, no es que de la razón a los independentistas en nada, simplemente se indigna ante la inacción y la incompetencia política de Rajoy. La burguesía española, que seguramente tiene una posición mayoritaria parecida, sabe ya que no puede contar con Rajoy y el PP para la tarea que tiene por delante y parece embarcada en el desguace ordenado su propio y viejo aparato político.

La burguesía española está por el desguace de su viejo aparato político. No cree poder confiar a Rajoy una situación que se está pudriendo. Ante el vacío, el núcleo judicial del estado reprime para crear en falso «normalidad institucional».

Juez Llarena, autor del auto de procesamiento del Tribunal Supremo contra los líderes independentistas catalanes.
Pero ante el vacío político, la burguesía solo puede confiar en la pura reacción del aparato judicial del estado, la línea marcada por Llarena y seguida ahora por la Audiencia Nacional: disciplinar mediante la represión selectiva y contundente a la élite política del independentismo, desde Puigdemont a los CDR. A falta de un aparato político renovado, no tienen más herramientas que el desarrollo autoritario del estado. No tiene nada que ver con el fascismo ni el populismo, son las tendencias autoritarias propias del estado democrático. Tendencias que crecen de manera irrefrenable en los momentos de crisis. Es la esencia del estado entender el control y la represión como herramienta de cohesión social.

La represión judicial es la única herramienta que le queda al estado ante el colapso y el estancamiento de su aparato político. No es la llegada del fascismo, es la tendencia autoritaria irrefrenable en el estado democrático.

Detención de una dirigente de los CDR por la Guardia Civil.
Mientras, la senda abierta de un nuevo desarrollo autoritario en la interpretación judicial de las leyes, nos constriñe y pone en peligro a todos, pero no por eso debemos entrar en el juego y tomar partido por una facción u otra. La utópica «república catalana» de los CDR puede que no tuviera peajes de existir en algún momento, pero lo que es seguro es que no va a ser menos contraria a los intereses de los trabajadores que el estado español o cualquier otro estado nación. Nuestra tarea es bien otra y pasa por recuperar y aportar lo que hoy falta a nuestras propias luchas como trabajadores.

El desarrollo autoritario en la interpretación judicial de las leyes, nos constriñe y pone en peligro a todos, pero no por eso debemos tomar partido por ninguna facción. Nuestro futuro pasa por nuestras propias luchas