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¿Quién fue Abraham León?

22 de enero, 2020 · Historia> Internacionalistas

Abraham León (izq) y Ernest Mandel en la Bélgica de los años cuarenta.

El 75º aniversario de la liberación de los prisioneros del campo de exterminio de Auschwitz por las fuerzas aliadas rusas, con la inevitable lluvia de interpretaciones históricas y morales, junto con la reciente reedición en español de «La concepción materialista de la cuestión judía» de Abraham León, asesinado en ese mismo campo en septiembre de 1944, nos da pie a una serie de dos artículos. En el primero nos acercaremos a la trayectoria política de León y en el segundo, de la mano de su trabajo sobre la cuestión judía, a los orígenes y significado del antisemitismo y su conversión en ideología de estado en la Alemania de los años 30.

Jóvenes de Hashomer Hatzair en Ucrania

Abraham León nació en Varsovia en 1918 en una familia sionista. Sus padres abandonaron la Polonia de Pilsutski para emigrar a Palestina, pero las duras condiciones del asentamiento les llevaron a volver a Europa en 1926. Se instalaron en Charleroi, Bélgica, una región minera en la que se formarían unos años más tarde los primeros grupos simpatizantes de la Oposición de Izquierda Internacional. Sin embargo, el joven León será alistado por sus padres en «Hashomer Hatzair» («La joven guardia»), un movimiento juvenalista y sionista que acabaría siendo la base del stalinismo israelí.

Cuando el pacto entre Hitler y Stalin de 1939 desmoraliza a la izquierda belga surgida de la vieja socialdemocracia y a buena parte del stalinismo europeo (el PCE español exiliado en Francia prácticamente se disolvió), Abraham Leon rompe con el stalinismo. Tiene solo 21 años y está políticamente perdido y confuso: lleva leyendo a Marx con intensidad un par de años y comienza a descubrir a Trotski, pero sigue militando en Hashomer, donde es elegido como delegado a su último Congreso mundial antes de la guerra. En él presenta unas tesis claramente contrarias al sionismo. Aquellas tesis son el núcleo del trabajo que después se publicará clandestinamente como «La concepción materialista de la cuestión judía».

Cuando el 20 de agosto de 1940 lleguen las primeras noticias del asesinato de Trotski, Abraham León junto con su amigo Ernest Mandel romperán con Hashomer y con su identificación con el stalinismo. Comenzarán entonces a crear una red con algunos de los elementos que habían estado ligados a la Oposición de Izquierda en un intento de crear una sección belga de la IVª Internacional. León será el primer secretario ejecutivo de la organización clandestina y editor de su periódico. En agosto de 1942 conseguirá reunirse por primera vez con representantes de organizaciones francesas de la Internacional.

Abraham León y la degeneración de la IVª Internacional

Segundo Congreso de la IVª Internacional, Paris, 1948. De izq a decha: Pierre Favre (PCI Francia), S. Santen (RCP Holanda), Pierre Frank (PCI Francia), Jock Haston (RCP GB), Colin de Silva (LSSP, Ceilán) y G. Munis (España)

A raíz de aquel encuentro redactó «Las tareas de la IV Internacional en Europa», un texto de importancia histórica por ser la primera expresión programática del abandono del internacionalismo por la dirección de la IVª Internacional en la región que había sido su base y su origen histórico. El texto es una verdadera demostración de centrismo: afirma la vigencia de la revolución y la necesidad de enfrentar tanto a los imperialismos del eje como a los aliados, pero al mismo tiempo propugna «diferencias en la táctica» que comprometen la declaración inicial, supeditando la acción de los trabajadores contra la guerra en los países ocupados
a la dirección de las facciones burguesas que buscaban unirse a Gran Bretaña y EEUU, dejando «para más adelante» las consignas revolucionarias.

La táctica de la IV Internacional no puede ser idéntica en Alemania que en el resto de Europa. En Alemania la toma del poder por el proletariado debe ser puesta como una tarea inmediata. Las consignas por las reivindicaciones parciales son de carácter directamente transitorias. Tienen por objetivo operar la transición hacia la toma inmediata del poder por el proletariado: paz inmediata, poder a los soviets, socialización de los medios de producción, estas consignas deben constituir el eje de toda la propaganda revolucionaria.

Pero mientras en Alemania, donde como el mismo documento reconocía la maduración revolucionaria iba retrasada respecto a los países ocupados, defendía tareas revolucionarias y derrotismo revolucionario, en los países ocupados defendía una táctica «defensiva».

En los países ocupados la tarea principal de la vanguardia obrera en la situación actual es dirigir la lucha defensiva de las masas, organizar al proletariado, de manera de preparar los combates decisivos ulteriores. La IV Internacional tiene como deber estimular el espíritu de resistencia y de combate de la clase obrera, empujar a la organización, agrandar la lucha reivindicativa, explicar que sólo la revolución proletaria puede poner fin a las miserias que genera el capitalismo. Debe combatir hasta las últimas energías al chovinismo, intentando explotar las dificultades creadas al imperialismo por el movimiento nacional y conectando la solución de la cuestión nacional a la revolución proletaria (Estados Unidos Socialistas de Europa). La táctica «defensiva» se cambiará a táctica «transitoria» con la amplitud tomada por la lucha reivindicativa de las masas y el crecimiento de la fermentación del ejército y de las masas alemanas.

En la práctica, ésta «táctica defensiva» significaba evitar la confrontación con los movimientos nacionalistas de la burguesía pro-aliada y la pequeña-burguesía que lejos de querer convertir la guerra imperialista en guerra civil revolucionaria, intentaban llevar los movimientos de clase a servir a la estrategia de guerra de los aliados. Como esto era obvio en el momento y contradecía los principios más básicos del internacionalismo, León da una verdadera demostración de acrobacia centrista. Comienza afirmando, de nuevo, la posición de clase para… acto seguido poner un adversativo y defender la línea de menor resistencia que, evidentemente acababa en el encuadramiento militar de los trabajadores bajo las «resistencias nacionales»

La IV Internacional debe combatir con todas sus energías al nacionalismo de la grande y pequeña burguesía que objetivamente constituye un simple instrumento en las manos del imperialismo anglosajón. La unión o un frente único con el movimiento nacional burgués significará encadenar a la clase obrera al campo del imperialismo anglosajón y reforzar al nacionalismo alemán.

Sin embargo, en el curso de la lucha, la IV Internacional puede llegar a acuerdos prácticos con organizaciones nacionalistas. Por ejemplo: trabajadores saboteando la maquinaria de guerra imperialista pueden llegar a acuerdo prácticos con organizaciones nacionalistas que persiguen objetivos similares. [..] La IV Internacional debe apoyar a todos los movimiento de resistencia contra el imperialismo alemán, participar en las acciones de sabotaje, etc., pero cada vez con sus propias banderas y sus consignas socialistas. […] Estos principios son la base de la táctica de la IV Internacional sobre la cuestión nacional. Apoyar simplemente el movimiento nacional significa ponerse a remolque a la burguesía y del imperialismo. Apartarse bajo el pretexto de evitar los peligros que una táctica así presente, significa aislarse de las masas.

La fracción revolucionaria de la Internacional, encabezada por la sección española, responderá con un folleto tan pronto como el documento redactado por León llegó a sus manos.

Precisamente porque la esclavización de Europa proviene de la supervivencia del capitalismo y de los estados nacionales, nunca se representará bastante al proletariado la supresión de los mismos como objetivo inmediato de su lucha. Ciertamente, la mayoría de los revolucionarios que han escrito sobre este mismo problema no han dejado de señalar como salida definitiva los Estados Unidos Socialistas de Europa; pero sólo como una perspectiva en lontananza, en segundo plano, concediendo el primero a la lucha por la independencia nacional. De ahí han resbalado a deducir tácticas de concesión al objetivo nacional, en disconformidad con el objetivo socialista e internacionalista.

La táctica debe depender siempre del objetivo estratégico, y es absolutamente imposible adoptar técnicas extrañas a él sin abandonarle total o parcialmente, consciente o inconscientemente. Se ha dicho que siendo la tendencia fundamental de las masas europeas la lucha contra la opresión extranjera, los revolucionarios deberían apoyarse en la lucha nacional independientemente de las intenciones reaccionarias de algunos de sus dirigentes. En consecuencia, soporte para los grupos guerrilleros y colaboración con los representantes burgueses pro-aliados, tipo de Gaulle. Se ha llegado a hablar de papel revolucionario de Tito (contra su voluntad claro está), y de otros aun más reconocidamente reaccionarios. Inducción a una táctica de objetivo nacional allí no deja de proponerse un objetivo internacional. Así pues, contradicción evidente entre el objetivo manifestado y la táctica propuesta.

En el momento en que la nacionalidad burguesa, no habiendo podido ser destruida por el internacionalismo proletario, es matada por la esclavización imperialista, no tiene nada de extraño que una considerable masa pequeño-burguesa se sienta excitada en su educación patriótica, ni que una parte de la burguesía, confiante en la victoria final de los aliados, trate de bien quistárselos azuzando la lucha contra el «opresor extranjero». Son los últimos estertores de un mundo que se va. En cuanto al proletariado, tampoco tiene nada de extraño que ejerciera su lucha principalmente contra él. Era el camino de la menor resistencia para combatir la opresión en general, además de que la burguesía alemana, tras la ocupación, aparecía realmente como enemigo más poderoso e inmediato que la propia burguesía. Pero la tendencia fundamental de un movimiento no está determinada por el grado de conciencia que de él tengan las masas o el enemigo al que estén atacando en forma inmediata. Se determina en función de la salida permitida y exigida por las condiciones materiales dadas. Cualquier forma que las luchas de las masas europeas adopte, su tendencia fundamental es la revolución socialista. El deber de los revolucionarios es hacerlo aflorar a la conciencia y poner sus métodos de lucha en entera concordancia con la tendencia fundamental.

Independencia nacional y Revolución Proletaria bajo el terror nazi en Europa

El texto elaborado por León era parte del trabajo preparatorio de la «Conferencia» de la Internacional, conferencia que tenía que haber sido congreso pero no lo fue por el temor de «perder el control» del Secretariado Internacional que desde la entrada del ejército alemán en París estaba en manos del SWP, sección estadounidense de la Internacional. El SWP, que desde 1942 evitaba como la peste afirmar el derrotismo revolucionario contra su propia burguesía, había sido el foco desde el que el centrismo había socabado el internacionalismo en la organización mundial y por lo mismo el foco de la crítica y denuncia de la fracción internacionalista que iría desarrollándose a partir de entonces y acabaría, tras celebrarse finalmente el segundo congreso en 1948 en la denuncia de la Internacional fallida y el llamamiento a la formación de un recagrupamiento de la fracción internacionalista.

Benjamin Peret y G. Munis en 1950 en Francia.

La fraudulenta «Conferencia preparatoria» organizada por el Secretariado en cuyos trabajos previos se inscribe el documento de Abraham León fue, como no podía ser de otra manera, «el parto de los montes». Si algo se recuerda del Manifiesto que lanzó, una verdadera vergüenza de confusión teórica y entreguismo, fue la crítica de los internacionalistas, que redactada por Benjamin Peret, se tituló «El manifiesto de los exegetas».

El texto de Peret se publicó en 1946. Desgraciadamente Abraham León no pudo participar en el debate. En 1944, ante las primeras noticias de los desembarcos aliados decidió volver a su casa. La misma noche en que llegó a Charleroi, cayó junto a su amigo Mandel en una redada de la Gestapo. Mientras Mandel es enviado como intérprete a una fábrica, León es torturado por las SS y enviado a Auschwitz. Allí fue gaseado. Tenía 26 años.