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Quiebra Thomas Cook

23 de septiembre, 2019 · Actualidad> Actualidad global

«Thomas Cook», el mayor turoperador del mundo, ha entrado en suspensión de pagos y cesado actividad. Aunque no lo parezca y los medios se centren en los turistas varados, en realidad se trata de una crisis financiera. La primera gran crisis financiera del Brexit. Y va a dejar un largo reguero de quiebras y despidos a su paso de España a Egipto y de Turquía a Marruecos.

El impacto directo

Largas colas hoy de pasajeros varados en el aeropuerto de Palma de Mallorca.

El foco de los medios ha ido inmediatamente a los 600.000 turistas varados en algún lugar del mundo después de que el gobierno británico rechazara el pedido de 150 millones de libras de ayuda de emergencia hecho por la firma. Se hará cargo, solo de los 150.000 británicos. Puede parecer que los 50.000 sin vuelo de vuelta en Grecia o los 30.000 en Canarias son lo importante hoy y que es normal que los 22.000 trabajadores que quedan en paro solo merezcan atención de la prensa local. Pero la cuestión es que en realidad hay muchos más empleos en juego. En países como España, donde Thomas Cook mandaba 3,6 millones de turistas cada año o Grecia, la quiebra del turoperador puede significar un golpe durísimo para el empleo.

La primera crisis financiera del Brexit

Catálogo de Thomas Cook de 1900.

En realidad los turoperadores son empresas financieras. Los clientes pagan sus viajes por anticipado, el turoperador paga a noventa días y en el medio se puede jugar en la gran timba del capital especulativo. Por eso en las épocas de burbuja los precios de las agencias de viaje pueden estar por debajo incluso del coste del combustible que cuesta llevar a los viajeros de un lado a otro. Es decir, en realidad, los resultados de Thomas Cook dependen de tres cosas: los márgenes -generalmente muy bajos-, el volumen de reservas que consiga vender con suficiente antelación y el dividendo que sepa sacarle al efectivo obtenido en las ventas al amontonarlo y convertirlo en capital especulativo.

Thomas Cook es la primera gran víctima del Brexit. Los turistas británicos, con miedo por las admoniciones de los remainers retrasaron sus reservas. Thomas Cook perdió solo con ello buena parte de su capacidad de maniobra y sus márgenes totales. Pero aunque la situación era difícil no parecía dramática: en agosto alcanzó un acuerdo de rescate de 900 millones de libras esterlinas liderado por su mayor accionista, el holding chino Fosun que participa desde «El Circo del Sol» y «Club Mediterranee» a una de las mayores farmacéuticas chinas.

El único problema es que en las últimas semanas, los bancos, para apalancar la operación, exigieron a la empresa 200 millones extra. El capital financiero vive del riesgo especulativo pero teme la incertidumbre. Y es innegable la dificultad de calcular el impacto en la firma de una recesión global combinada con un Brexit inminente y la posible inestabilidad de Turquía en caso de una nueva guerra en el golfo. Thomas Cook ha sido la primera víctima de la nueva crisis.

¿Qué significa en realidad la quiebra de Thomas Cook?

La realidad de fondo es que al sistema no le basta con producir plusvalía, tiene que realizarla, es decir, vender lo que produce para convertir el capital productivo en dinero. Pero como por definición lo que paga en salarios no permite comprar más que una parte de la producción, desde sus primeros pasos el capitalismo necesitó vender a los productores que quedaban fuera del sistema: artesanos, campesinos, etc. Al hacerlo dentro y fuera de las fronteras nacionales no solo expandió el sistema, acabó explotando de manera capitalista -es decir introduciendo el trabajo asalariado, proletarizando a millones. A finales del siglo XIX el mundo empezó a quedársele relativamente pequeño. Hoy es endémica y definitivamente demasiado pequeño para que pueda funcionar de una manera progresiva. Hay demasiada plusvalía que realizar, demasiado producto que vender para el mercado que cada capital nacional crea. De ahí las guerras comerciales, las guerras sin más… y la huida del capital, en forma de capital ficticio hacia la especulación, porque no tiene sentido reinvertir los beneficios de una empresa en ella misma cuando se sabe que no puede crecer más.

Pero al final, la especulación es un sistema de apuestas sobre los resultados de la producción y venta de bienes y servicios. Si la una cojea -y lo hace cada vez más– la otra se vuelve cada vez más sensible a las convulsiones que la propia crisis impulsa. Dicho de otro modo, con tipos negativos y una tasa de ganancia bajísima, todos los negocios financieros se vuelven extremadamente frágiles. Especialmente los negocios «financiarizados», es decir, los que como los touroperadores, son aparentemente productivos pero cuyos beneficios dependen del gran casino especulativo.

Estos negocios son más y más cercanos de lo que se podría pensar, desde los supermercados a las grandes cadenas, muchas industrias de consumo se transformaron en realidad en captadoras de fondos para la especulación ante la imposibilidad de aumentar sus mercados indefinidamente. Es ahí donde, bajo la apariencia de una crisis industrial, brotará la nueva crisis financiera. Por lo mismo afectará previsiblemente al empleo con una velocidad y una voracidad tremendas. Las posibilidades y necesidades del capital nos presentarán entonces los cierres y despidos como inapelables. Solo lo son bajo su lógica. La producción se puede organizar bajo otra completamente distinta: satisfacer las necesidades humanas. Eso que, en la práctica, desde nuestras reivindicaciones más básicas, reclamamos los trabajadores y que, llevado a sus consecuencias generales, llamamos comunismo.

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Curiosidad. Thomas Cook y la invención del turismo… y las guías de trenes

Guía de ferrocarriles de Thomas Cook del año 1873.

Thomas Cook ha sido importante en la historia del capitalismo. Ahora todos los medios nos cuentan en sus necrológicas -la mayoría copiadas de la de BBC– que la empresa surgió de la organización de «viajes de abstinencia» para trabajadores en una de esas campañas contra el alcohol del puritanismo de la era victoriana. Es cierto, pero en realidad lo que le convirtió en el primer turoperador no fue la organización de aquellas excursiones dominicales… sino el desarrollo de la red ferroviaria europea y con ella el mito del «Grand Tour», la «gran vuelta» por el mundo civilizado, es decir, el mundo que los ingenieros británicos habían llenado de raíles, entre los jóvenes aristocráticos ingleses. Sí, el mito con el que comienza «Drácula» de Stoker y el origen del «Orient Express».

Si había alguien que podía convertir en producto el «Grand Tour», es decir, inventar el «tourismo» era Thomas Cook, no por su red comercial, entonces todavía pequeña, sino por su experiencia haciendo tablas de horarios, algo nada fácil en aquel momento. «La hora» era entonces la hora natural, marcada por un reloj de sol en cada plaza. Es decir, la hora de Barcelona difería en más de veinte minutos de la Madrid y la de Madrid en más de diez de la de Badajoz. La dificultad para calcular enlaces ferroviarios, cambios de línea y efectos de los retrasos era evidente. En 1847 John Bredall, mano derecha de Thomas Cook, publicó el primer libro de horarios con todos los ferrocarriles del continente. El libro -de más de un millar de páginas- especificaba los horarios locales de llegada y salida de trenes, su relación con la hora londinense y los tiempos empleados en los trayectos. En 1873 apareció una edición resumida y pronto, en América, comenzarían a aparecer réplicas.


Tuits

«Thomas Cook» el mayor turoperador del mundo ha cesado actividad. Aunque no lo parezca y los medios se centren en los turistas varados, en realidad se trata de una crisis financiera.
En países como España, donde Thomas Cook mandaba 3,6 millones de turistas cada año o Grecia, la quiebra del turoperador puede significar un golpe durísimo para el empleo
Los turoperadores son empresas financieras. Los clientes pagan sus viajes por anticipado, el turoperador paga a noventa días y en el medio se puede jugar en la gran timba del capital especulativo
Los turistas británicos, con miedo por las admoniciones de los remainers retrasaron sus reservas. Thomas Cook perdió solo con ello buena parte de su capacidad de maniobra y sus márgenes totales
El capital financiero vive del riesgo especulativo pero teme la incertidumbre. Los bancos pideron más garantias por miedo a no saber calcular el impacto de Brexit, crisis global y guerra en el golfo
Hay demasiada plusvalía que realizar, demasiado producto que vender para el mercado que cada capital nacional crea. De ahí las guerras comerciales… y la huida del capital a la especulación
Como con Thomas Cook, la nueva crisis financiera brotará bajo la apariencia de una crisis industrial y por lo mismo afectará previsiblemente al empleo con una velocidad y una voracidad tremendas
El capital nos presentará los cierres y despidos como inapelables. Solo lo son bajo su lógica. La producción se puede organizar bajo otra completamente distinta: las necesidades humanas