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Qué va a pasar con la crisis en 2020

5 de diciembre, 2019 · Actualidad> Actualidad global> Informe anual

Manifestación contra la reforma de las pensiones en el marco de la huelga general de hoy en Francia.

¿Qué va a pasar con la economía en 2020? ¿Seguirá la crisis? ¿Despegará el crecimiento, seguirá estancado o volveremos a las pesadillas de la última década?

Los informes de los gabinetes de estudios hablan de un buen 2020 para EEUU -aunque con caída de la inversión- un año, de un crecimiento del 6,1% para China (5,9 según Reuters), de un 2% en Brasil y de un «pasar» no exento de riesgos para España. Pero, en realidad, las cosas son mucho más complicadas para el capital y muchísimo más para los trabajadores.

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Para empezar el crecimiento chino es el más bajo desde 1990 y eso tiene un impacto directo sobre las condiciones y el consumo de los trabajadores chinos: solo un 4% de las empresas están pensando en contratar durante 2020. Pero crece ¿no? Y por tanto consumirá más… No es tan fácil. Las malas previsiones de empleo ya han rebajado el volumen de créditos al mínimo en dos años. Las pequeñas empresas esperan tener menos demanda, temen endeudarse y por tanto restringen el consumo… en primer lugar de productos de importación.

Si al efecto cascada le unimos la escasez crónica de mercados, el resultado es que la recesión industrial no parece que vaya a acabar aunque pueda dar todavía momentos de respiro. Es decir, aunque los datos de crecimiento sean positivos -pero bajos cuando no exiguos- veremos crisis sectoriales socialmente muy graves. Algunas ya están en marcha: en India el frenazo en industria manufacturera y la bajada a la mitad del crecimiento en producción agrícola han reducido el crecimiento del PIB a la mitad -del 9% al 4.5%- en 3 años. Centenares de miles de trabajadores están huyendo ya hoy de las ciudades hacia el campo en busca de una oportunidad de supervivencia que no existe. En la mismísima Alemania, la industria automovilística confiesa ya que su perspectiva es una «gran recesión». En Portugal es el textil el que adelanta despidos masivos… No son industrias cualquiera: son las industrias «de bandera» de cada capital nacional.

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Con ese panorama industrial y esas perspectivas de crecimiento es impensable que los tipos de interés suban. E impensable del todo que aparezcan buenas inversiones de la nada. ¿De dónde va a salir un montón de empresas nuevas para invertir en ellas cuando los mercados se achican? El resultado es doble y también está ya en marcha. En primer lugar, los bancos, para compensar los márgenes bajísimos impuestos por el bajo tipo de interés, tienen que ganar volumen, es decir, dar créditos más arriesgados. Pero para cubrirse de créditos más arriesgados tienen que aumentar la capitalización. De momento y solo en España y casi en términos inmediatos estaríamos hablando de una inyección de 2.000 millones. Si hablamos de Italia, la situación es aun peor. ¿Qué significa éso? Despidos de trabajadores a decenas de miles… y otra ronda, ya en marcha en media Europa, de nacionalizaciones encubiertas por fusiones forzadas y ayudas de dinero público más o menos discretas. Pero lo principal es que todo ese dinero que no puede colocarse ni en la industria ni en créditos, se convierte en capital ficticio. Como vemos en el gráfico de arriba la burbuja financiera -y hablamos solo de la Bolsa- está en EEUU en nuevos máximos. Así que no es ni mucho menos desdeñable un crash bursatil capaz incluso de hacer eclosionar un desastre financiero de cierto recorrido.

El problema de tener esa cantidad de capitales sin destino dedicados a la especulación es que el sistema se deforma bajo su propio peso y todo se vuelve tremendamente volatil. Cualquier noticia sobre la guerra comercial puede desplazar masas ingentes de capital y precipitar un cataclismo financiero. Lo que es peor, para evitar los daños lo que cualquier gobierno entiende que tiene que hacer es proteger a sus industrias en crisis de la carencia de nuevos mercados asegurándoles un mayor trozo del pastel del mercado interno.

El comercio global está ya prácticamente estancado.

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Así, los incentivos de cada gobierno están dados a poner nuevas barreras comerciales. Para defenderse de los aranceles de los demás acaban agregando aranceles ellos; para defenderse de los impuestos especiales contra las empresas propias en el exterior, incrementarán la guerra comercial. Eso, que ya hemos visto esta semana en la espiral entre EEUU y Europa a raíz de la tasa Google, se desarrollará. No es de esperar ninguna relajación de la guerra comercial en 2020, sino su contrario.

El ataque a las pensiones en Francia en su forma más común.

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¿Cuál es el frente principal que queda a los gobiernos para salvar al capital nacional? Atacar de forma directa los ahorros de los trabajadores para salvar a la banca y reducir drásticamente los gastos sociales desde la periferia del sistema -ayudas directas a situaciones especiales como los bonos de comida en EEUU– al centro, los sistemas de salud y enseñanza. El ejemplo a seguir ha sido el Brasil de 2019 y su «reforma» salvaje de las pensiones. No en vano, hoy, ahora, Francia está en huelga general contra la reforma «en estudio» de Macron. Hasta en Alemania se ve venir y baja la confianza en el sistema público

Juzgadnos por nuestras predicciones

Manifestación de trabajadores en huelga en Atenas.

¿Qué espera en 2020 al capitalismo? La crisis va a seguir ahí, con tasas de rentabilidad del capital exiguas y tasas de crecimiento del PIB bajas o muy bajas. El práctico estancamiento de los números macro y los bajos tipos de interés encubrirá solo parcialmente los resultados de una recesión industrial que se cebará con las industrias «de bandera» de cada capital nacional. La banca se mantendrá a base de nacionalizaciones todavía encubiertas por fusiones forzadas y regulaciones a medida. A lo largo del año no es ni mucho menos desdeñable un crash bursatil más o menos asociado a algún desastre financiero y detonado por algun golpe de la guerra comercial, que posiblemente se agudizará durante el año. Para salvar la rentabilidad global del capital, los estados «recortarán» gastos sociales y los trabajadores sufriremos una ola global de ataques a los sistemas previsionales y las condiciones de contratación.