¡Proletarios de todos los países, uníos, suprimid ejércitos, policías, producción de guerra, fronteras, trabajo asalariado!

¿Qué se está cociendo con Vox en Andalucía?

10 de enero, 2019 · Actualidad> España

Escenificación del acuerdo entre PP y Vox

PP y Vox llegaron finalmente a un acuerdo en Andalucia. La prensa en toda Europa ha dado la noticia como un triunfo de la extrema derecha y el PSOE agitaba el fantasma de un acuerdo secreto entre los partidos derechistas. ¿Qué hay debajo? ¿Estamos ante un ascenso histórico de la ultraderecha al estilo de la Italia de Salvini?

Serrano, candidato de Vox en Andalucía.

1

Vox dista mucho de ser o tener la capacidad de convertirse en un movimiento de masas. Cuando se analiza el origen del voto recibido en Andalucía lo que emerge es el comportamiento de una escisión del PP.

Vox dista mucho de tener la capacidad de convertirse en un movimiento de masas. Su voto viene casi en un 85% del PP, es la llegada de la revuelta de la pequeña burguesía a las filas más rancias del PP... sin trascenderlas.

Solo un 15% de su voto vino de «la izquierda». Y lo más llamativo, en ese 15% que, repetimos, es estadísticamente la nada, había 8.000 votos más de Podemos-iu que del PSOE. ¿Hay que recordar que estamos hablando de los caladeros históricos de Julio Anguita y el españolismo de izquierdas? El voto de Vox es el de los sectores más rancios del PP, es el «partido de los cazadores», de los kikos y los antiabortistas, de «Casa Pepe» y sobre todo del «nacionalismo sin complejos» que reclama «mano dura» contra el independentismo y exige recentralización… lo que le gana unos poquitos votos del «españa ante todo» por la izquierda. Si expresa electoralmente algo es la llegada de la revuelta de la pequeña burguesía a las filas más rancias del PP… sin trascenderlas.

Dicho con claridad: Vox son «los fachas» de toda la vida, no el fascismo. Es tan claramente un vástago de la reconversión «neoliberal» del PP de los noventa que ni siquiera se adorna con el viejo paternalismo asistencial del franquismo. Porque, dato relevante, el programa económico de Vox no es en absoluto «populista», sino una colección de las malas intenciones de la burguesía española: iniciar la transición del sistema solidario de pensiones hacia uno de capitalización privado, rigorismo fiscal combinado con una reducción drástica de impuestos a la pequeña burguesía, etc. En lo que importa a las cuentas de resultados del capital nacional Vox es un PP con pocas sutilezas.

El programa económico de Vox está lejos del «populismo»: ataque a las pensiones y rigorismo fiscal. En lo que importa a las cuentas de resultados del capital nacional Vox es un PP con pocas sutilezas.

Susana Díaz en la noche electoral andaluza.

2

Desde la misma noche electoral, el reflejo de Susana Díaz fue llamar a un «frente antifascista», exigiendo al PP y C’s un «cordón sanitario» alrededor de la formación. Díaz reconocía así el colapso del «bipartidismo imperfecto» y del sistema de partidos nacido de la Transición y la constitución del 78. Su inquietud era perfectamente explicable: los resultados ponían en cuestión el sostenimiento de miles de cargos, empresas, estructuras y asociaciones de una red clientelar construida durante treinta y seis años. Es más, dibujaban una forma posible para la renovación del aparato político de la burguesía, no solo en Andalucía, sino en toda España que auguraba una larga hegemonía de C’s-PP con Vox haciendo el papel que hasta ahora hacían los nacionalistas periféricos.

No faltaron siquiera los «imperialismos amigos» para «echar una mano». La intervención de un Macron en caída, advirtiendo de que «no puede haber alianzas con la ultraderecha en España» proyectaba el vértigo del presidente a la descomposición de la propia derecha francesa y su miedo a que el lepenismo sepa pescar en las aguas revueltas dejadas tras de sí por los «chalecos amarillos». Y sin duda reforzó a Díaz… por poco tiempo. Porque el problema del «frente antifascista» de Díaz era que no podía sostenerse sobre la amenaza de una nueva ola de ataques a las condiciones de vida de los trabajadores… que está bien inscrita en el «consenso de los partidos constitucionalistas». Hacía falta algo diferente.

El problema del «frente antifascista» de Díaz era que no podía sostenerse sobre la amenaza de una nueva ola de ataques a las condiciones de vida de los trabajadores... que está bien inscrita en el «consenso de los partidos constitucionalistas».

Tasas de asesinatos por violencia de género en Europa.

El nuevo enfoque vino por la «enmienda a la totalidad» de Vox sobre el discurso de la violencia de género. En realidad Vox hace en voz alta críticas comunes a la ideología que explicita la ley en su fundamentación, que considera ideológicamente motivado cualquier acto de violencia sufrido por una mujer, de la que recordaba que los crímenes y denuncias se dan desproporcionadamente entre los migrantes (1.400 denuncias entre migrantes frente 2.700 entre «nativos» según el poder judicial).

Hasta ahora la tasa española de muertes por violencia de género (que incluye a los hijos cuando los hay y algunos suicidios pactados), era el orgullo social del estado español que, por una vez, sacaba pecho frente a Alemania, Francia y todos los demás grandes estados europeos, incluídos los nórdicos. Pero bastó la puesta en cuestión para que todo el discurso estatal feminista se conmoviera. La propia televisión pública se lanzó a presentar como «fake news» los argumentos de Vox tratando los datos con una escora no menor que aquellos a los que criticaba. Daba igual. Podemos propuso el eje de la movilización feminista contra Vox que el PSOE ya había comenzado con consignas que aseguraban que «negar la violencia de género» -esto es que los asesinatos de mujeres por sus parejas estén motivados por una voluntad de dominación del colectivo de varones sobre el de mujeres- «es igual que negar el holocausto nazi». Pasábamos de un «frente antifascista» inevitablemente incómodo porque obligaba a explicar el consenso precarizador y recentralizador de Vox y los «constitucionalistas» a un cómodo «frente anti-machista» que servirá para reafirmar el feminismo como ideología de estado.

Pasamos del «frente antifascista» de Díaz que obligaba a explicar el consenso precarizador y recentralizador de Vox con los «constitucionalistas» al «frente anti-machista» que servirá para reafirmar el feminismo como ideología de estado.
3

En este sainete de torpezas con el que la burguesía española está dando forma a un aparato político a la medida de sus necesidades más perentorias, la sutileza brilla por su ausencia. Ciudadanos marcó distancia con Vox dejándole la patata caliente al PP y el PP eliminó del «acuerdo» con Vox tanto la entrada de éste en el gobierno como cualquier referencia a la ley de violencia de género. Dicho de otro modo, Vox y PP presentaron como un acuerdo programático un resumen folklorizado del programa del PP. Folklorizado porque cuando a Vox se le quita el improperio del divorciado resentido, lo que queda de original es el simbolismo de un nacionalismo de pandereta y las angustias del dueño de la gasolinera del pueblo, el agricultor cuasi-esclavista y los señoritos cazadores… todo perfectamente integrable en el «constitucionalismo». Porque el programa real, el que afecta a la vida y el trabajo de la gran mayoría es idéntico e indistinguible del de la burguesía española: privatizar las pensiones, reducir el gasto público y precarizar aun más el trabajo.

Cuando el PSOE dice que el acuerdo firmado es «solo la punta del iceberg» está atribuyendo a la ultraderecha española una originalidad de la que carece… y de la que carece el propio PSOE. Vox es el síntoma y el agente del colapso de un sistema de equilibrios y partidos en el aparato político español pero, a diferencia de otros movimientos de la pequeña burguesía como el independentismo catalán, no pone en cuestión ni al estado mismo, ni sus alianzas imperialistas («europeismo»). Al revés, es un refuerzo por activa cuando se compromete a no obstaculizar la llegada al gobierno del PP… y por pasiva cuando su anti-feminismo burdo permite sacar el foco del ataque frontal que preparan entre todos a nuestras condiciones de vida.

Vox -unas veces como aliado del PP y otras como forma de hacernos mirar para otro lado- ha resultado ser la pieza que la burguesía española necesitaba para acabar de remodelar su aparato político
4

A pesar de su esfuerzo constante en «think tanks», partidos, universidades, etc. la evolución de las estrategias y perspectivas de la clase dominante es fundamentalmente empirista: distintas partes, distintos aparatos, hacen sus propias jugadas dentro del capitalismo de estado, condicionando sus connivencias, conexiones íntimas y batallas internas. Sin salir nunca de la defensa del capital nacional, el resultado es a menudo caótico y torpe. En los últimos años hemos vivido el estancamiento político de la burguesía española, intentos frustrados de renovación de su aparato político y fracturas crecientes en el seno del estado. Un espectáculo ruidoso y a menudo lamentable reproducido y amplificado ad nauseam en el narcótico caleidoscopio de sus medios. No cabe esperar nada de ahí. Nada que no sean falsos debates. Tanto si la burguesía española consigue finalmente salir de su atasco político como si no, el interés perentorio del capital nacional pasa por atropellar nuestras condiciones de vida y de trabajo, y por inscribir sus alianzas y su accionar internacional en un marco donde la perspectiva de la guerra está cada vez más presente.

Tanto si la burguesía española consigue salir de su atasco político como si no, el interés perentorio del capital nacional pasa por atropellar nuestras condiciones de vida y reafirmarse en un escenario internacional marcado por la guerra

El tema de este artículo fue elegido para el día de hoy por los lectores de nuestro canal de noticias en Telegram (@nuevocurso).


Suscríbete a nuestra lista de correo

Sígueme en Feedly