¿Qué o quién «fabrica» niños asesinos en Bilbao?

Manifestación en Otxarkoaga tras los últimos asesinatos
Palizas, violaciones, asesinatos… las bandas de pre-adolescentes bilbainas copan la crónica negra con su brutalidad extrema e ihumana y al alcalde de Bilbao, esa inmundicia moral e intelectual, solo se le ocurre salir a los medios tambaleándose con su paso de viejo elefante colonial para asegurar que «es puntual». Es pura inercia de lo mismo que le ha llevado hasta tan altas instancias: la invisibilización, pauperización, encuadramiento forzoso y represión de cuanto ocurre en unos barrios trabajadores. Pero a nadie se le escapa que para que unas decenas de chavales de menos de 14 años sean capaces de matar a palos a unos ancianos en sus casas para robarles, violar a niñas o amedrentar a barrios enteros, algo se tiene que haber roto muy profundamente en el tejido social de la ciudad. No son individuos con una rara enfermedad sociopática grabada en los genes a los que la casualidad ha juntado en Bilbao. Son los productos más acabados de lo que los señores de la burguesía como Aburto llevan toda la vida alimentando y metiendo bajo la alfombra.

No son individuos con una rara enfermedad sociopática grabada en los genes a los que la casualidad ha juntado en Bilbao. Son los productos más acabados de lo que el estado alimenta y mete bajo la alfombra.
Esperando en la camilla de un pasillo del hospital.
Tendemos a entender los servicios sociales como una parte del salario que no depende directamente de la empresa para la que trabajemos, sino de estado. Es una dimensión, pero no la única y desde luego las consecuencias directas no son que el estado, y dentro de él los servicios sociales, sean esa bondad social organizada que pretende la izquierda. Al revés, su conexión con eso que los economistas burgueses llaman el «salario no monetario», solo debería enfatizar su carácter de rompeolas de una lucha de clases que se niega en todos los discursos. Todos sabemos las diferencias de clase al ir a visitar al médico de familia con una baja laboral. Todos sabemos que los servicios sanitarios no se diseñan para adaptarse a la precariedad y la vida de mierda que se ha impuesto a la gran mayoría. Al contrario, si las urgencias se saturan y -como pasó estos días- empieza a morir gente en las esperas, se contratan más guardias jurados no más médicos y enfermeras, mientras se culpabiliza a viejos o inmigrantes y en general a los más débiles de entre las clases trabajadoras. Y no ocurre solo en España. Es en todos lados igual como se ve en este vídeo lanzado esta semana por el «Servicio Nacional de Salud» (NHS) británico.

Y lo que se sufre día a día en los hospitales es solo una parte. La salud mental, los dispositivos contra violencia de género, la prevención de riesgos laborales o los servicios sociales orientados a la infancia en los barrios son parte de lo mismo: un intento del estado por mantener la cohesión social y una sociedad de explotación minimamente funcional, paliando con una legión de trabajadores -a su vez precarizados y mal pagados- las consecuencias directas de un sistema que es, cada día más, una gran trituradora de carne.

Los servicios sociales conjugan represión y «ayuda» para paliar los síntomas de lo que el mismo estado impone con sus ataques a las condiciones de vida de los trabajadores: una sociedad cada día más desgarrada

Y si eso ocurre de manera general en todos lados, en las ciudades «postindustriales» como Bilbao es peor. El desarrollo del pandillerismo y la violencia, la soledad asesina de ancianos, la desesperación y la enfermedad mental no son «hechos aislados», son parte de la cruel cotidianidad del capitalismo actual para los trabajadores. Las cicatrices de una sociedad estancada se ven en los barrios. Son las costuras de una sociedad que se descompone y que no va a recomponerse a base de martillazos policiales.