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¿Qué hay bajo la caída del petróleo?

9 de marzo, 2020 · Actualidad> Actualidad global

Las bolsas caen hoy en picado. Bajo el crash bursatil está el del petroleo, pero lo que despeña los precios del petróleo no es el coronavirus -aunque sea, una vez más, un detonante- sino algo mucho más peligroso.

Bajo las bolsas el petróleo…

En octubre de 2019, meses antes del covirus, ya era clara la tendencia de los precios petróleo.

El petróleo venía marcando una acentuada tendencia a la baja desde hacía meses. Los especuladores no eran optimistas -y con razón- sobre el futuro de una industria en recesión en prácticamente todo el mundo menos China. El coronavirus no hizo más que acelerar lo que ya se estaba produciendo. Las previsiones de caída de la demanda en China y Asia hicieron caer los precios un 17,7% entre año nuevo y el final de febrero.

Los primeros afectados eran, obviamente, los países productores. Así que, la semana pasada, la OPEP pactó un recorte de 1,5 millones de barriles diarios en la idea de amortiguar una tendencia que cada vez era más violenta.

Mercado de futuros de petróleo en las últimas horas.

Pero Rusia no se sumó al acuerdo. No quería perder ingresos totales ni cuotas. Arabia Saudí abrió el grifo en represalia y los precios cayeron ayer a plomo hasta los 33$. Fue el mayor descenso registrado desde 1991. El barril de Brent está ahora mismo a 36$.

…y bajo el petróleo la crisis de fondo tejiendo alianzas bélicas…

Salman y Putin acuerdan en marzo de 2018 una «alianza a diez o veinte años» para estabilizar los precios del petróleo.

Lo que se ha roto entre Arabia Saudí y Rusia es lo que se firmó hace ahora dos años: una alianza para asegurar la estabilidad de precios «durante diez o veinte años». Tanto Salman -recién llegado al trono- como Putin necesitaban reducir el riesgo de crisis de precios. Salman para poder privatizar una parte de la compañía petrolera nacional, su gran proyecto de futuro y el puente de la clase dirigente saudí ante el «pacto verde». Putin para poder cuadrar las cuentas del estado y mantener las tasas de ganancia medias de un capital ruso que depende de la exportación de hidrocarburos. Ambos para poder al mismo tiempo mantener abiertos frentes de guerra desde Libia a Yemen pasando inevitablemente por Siria.

La medida de la importancia de esta alianza para ambos es que, en los frentes militares, estaban en trincheras contrarias. Rusia pactó con Turquía e Irán -principales enemigos de los saudíes en el juego imperialista regional- menos de un mes después, una estrategia para expulsar a EEUU y Arabia Saudí de Siria. Los saudíes pasaron a ser considerados los grandes derrotados de la guerra siria. Pero no era la única contradicción. El pacto arrinconaba a Irán dentro de OPEP. Los iraníes acusaban a los saudíes de tener secuestrada la organización y a los rusos -que eran sus aliados en Siria- de permitir a Salman diseñar una política de precios y cuotas orientada a dañar su cada vez más asfixiado aparato productivo.

En realidad, era la tendencia de fondo a la bajada de precios la que solidificaba cada vez más la alianza. La crisis global seguía estando ahí y aunque EEUU presionara a Salman y una parte de la burguesía rusa a Putin, cuando se encontraron de nuevo en octubre pasado todo parecía apuntar a que la alianza «anti-geopolítica» de los dos imperialismos iba a más, no a menos. A fin de cuentas, a pesar de que cada uno hubiera armado a los rivales del otro, la guerra Siria estaba cerrándose, y en las guerras de Libia y del Sahel estaban en el mismo bando.

…y desgarrándolas

Caballería turca camino de Idlib.

No es casualidad que la ruptura de esta semana entre Rusia y Arabia Saudí se haya producido inmediatamente después de la quiebra de la alianza turco-rusa en Siria. Las alianzas militares entre imperialismos de estos años habían tomado forma en el curso de roces y guerras «localizadas» desde el Magreb al Mar de China, pasando por el cuerno de Africa y el Mediterráneo en las que cada uno intentaba afirmarse en lo inmediato en sus áreas históricas de influencia. No importaba en principio que contradijeran las nuevas alianzas que surgían, también como respuesta ad-hoc, a las consecuencias de la guerra comercial. El resultado global ha sido ese pandemonio de alianzas contradictorias en el que aparentemente todos luchaban contra todos y al mismo tiempo junto a todos.

Sin embargo ha bastado una caída temporal de la demanda global -el resultado de la epidemia- para hacer saltar por los aires los zurcidos de un mapa imperialista aparentemente «contenido».

¿Qué viene ahora?

Trabajadores en EEUU llevando mascarillas durante la jornada laboral.

El coronavirus está resultando el botón de avance rápido de la crisis. Las tendencias de fondo de estos años se aceleran: guerra comercial, renacionalización de cadenas productivas, incremento de las tensiones imperialistas, aparición -e implosión- de alianzas con aspiraciones de bloque, militarismo, autoritarismo y control social reforzado, desmantelamiento de pensiones y sistemas de protección social incluidos los sanitarios… Y lo que es más importante: se alimentan unas a otras. La peculiar guerra comercial ruso-saudí, no solo se está llevando los mercados especulativos por delante, también va a azuzar inmediatamente los conflictos militares abiertos en media Africa y Asia, poniendo en marcha un dominó de consecuencias globales. Solo la caída de precios supone un verdadero terremoto para Nigeria, Angola o Venezuela… pero no menos para EEUU y Rusia. Por no hablar de la propia Arabia Saudí. Como hemos señalado varias veces, la tendencia a valorar más el daño al rival que el beneficio propio es característica de los periodos de conflicto imperialista generalizado.

Como vimos la semana pasada, todas estas tendencias no se limitan, ni siquiera se concentran ya en los «eslabones más débiles». Cuando en EEUU se da por hecho que la epidemia se cebará en la masa de trabajadores precarios que no pueden dejar de trabajar si caen enfermos, Francia despide trabajadores públicos del sistema de salud en mitad de la epidemia, la UE plantea la llegada de decenas de miles de refugiados como un problema de seguridad, no humanitario, y todos saludan como una esperanza la reapertura de las fábricas chinas que abastecen a las grandes marcas norteamericanas y europeas aunque sea a base de mano de obra esclavizada, no podemos decir que estemos ante un fenómeno periférico.

Es decir, la caída de los precios del petróleo, acelerada por la caída de la demanda resultante de la epidemia de coronavirus, es expresión de una crisis industrial de fondo… y del desarrollo de tensiones imperialistas cada vez más sangrientas en todo el mundo. En el marco vigente hoy, acelerará su vez las tendencias hacia la guerra y hacia el ataque a las condiciones de vida de los trabajadores en cada país.

Lo que está desarrollándose ante nuestros ojos es una conexión cada vez más directa entre las reyertas comerciales y los conflictos militares por un lado y entre ellas y el ataque a las condiciones de vida de los trabajadores y del conjunto de la población de otro.