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¿Qué hay bajo el escándalo de Barajas?

29 de enero, 2020 · Actualidad> Europa> España

El ministro de Transportes y operador político principal del presidente Sánchez, va a recoger en Barajas al ministro venezolano de Turismo, al parecer amigo suyo. En el avión le acompaña Delcy Rodríguez, un peso pesado del madurismo que tiene prohibida la entrada en la UE. El ministro la acompaña durante 25 minutos y ella cruza Barajas para tomar un vuelo a Doha. A partir de ahí se abre un debate bizantino pero insistente en los medios sobre si Rodríguez pisó o no suelo UE en el que el gobierno va dando sucesivas e incongruentes explicaciones. ¿Por qué tanta alharaca por un tecnicismo diplomático? ¿Qué hay bajo el escándalo de Barajas? La realidad es que tanto para el encono de la oposición como para el embrollo del gobierno hay razones de fondo que muestran los límites, las contradicciones y las tentaciones del imperialismo español en Sudamérica.

Guaidó en la Puerta del Sol este fin de semana

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A día de hoy la situación en Venezuela es tanto o más desastrosa que lo que cabía prever. El colapso de la producción agraria ha sido el último acto en la descomposición del régimen. A estas alturas la burguesía chavista teme, más que la intervención extranjera o una revuelta interna, que no tenga fondo. Su estrategia es reinsertarse en el mercado a toda costa recavando capitales para poner en marcha de nuevo PDVSA. Esa es la base de la fallida oferta de una «nueva relación» a EEUU y de que tienten a Repsol y el gobierno español con la compra de las reservas nacionales de petróleo.

También es la causa de la respuesta de la oposición: salida clandestina de Guaidó del país para reunirse con Pompeo, visita a Davos -donde Sánchez le esquivó-, paso por París con Macron y finalmente, en medio del «escándalo Barajas», visita a Madrid con mitin de masas en la Puerta del Sol organizado por los partidos de derecha y recibiendo todos los honores propios de un jefe de estado del gobierno regional (PP con apoyo de C’s y Vox).

Es cierto que Guaidó fue reconocido por España -y posteriormente por casi toda la UE- como presidente «encargado» de Venezuela. Pero bajo la entrega del PP se encuentra también el peso, cada vez mayor que la emigración venezolana tiene entre sus filas. No solo es que buena parte del exilio venezolano que ha llegado hasta ahora -y que sigue creciendo- tiene ya nacionalidad y por tanto voto y además esté especialmente concentrado en Madrid. La cuestión es que la burguesía exiliada venezolana, aunque pequeña sobre el total de venezolanos en España, lleva ya años siendo el gran protagonista de la inversión inmobiliaria en la capital y participando activamente en la vida política de la derecha española… a la que está contribuyendo a radicalizar alimentando un «anticomunismo» burdo y visceral, heredado de los EEUU de los 50, que era fundamentalmente ajeno a las tradiciones de la derecha española de la transición.

Incrementos y nuevos destinos de las importaciones petroleras españolas.

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Pero si la derecha española está cada vez más comprometida, incluso capturada, por la de la oposición venezolana, el gobierno está en un brete. Sánchez, que había sido el adalid en Europa de reconocer a Guaidó como forma de propiciar el cambio de régimen, ha incrementado las importaciones de petróleo venezolano en un 561% como forma de evitar el impacto en precios de la inestabilidad internacional.

A Sánchez, la oportunidad de comprar las reservas venezolanas a precio de saldo, volviendo a poner a Repsol entre las grandes petroleras mundiales, consiguiendo de paso destinos de inversión masivos para el capital español… cuando menos le tienta. Entre otras cosas porque le permite presentarse frente a Europa como un freno a la expansión rusa, frente a Argentina y Cuba como un aliado potencial y frente al capital español como un salvador.

¿Qué fue en ese marco la visita de Delcy Rodríguez? Puede haber sido parte de una negociación o una trampa inesperada del gobierno Maduro para obligar a decantarse a Sánchez, da igual. Lo que expresa es el callejón en el que el imperialismo español está en América, callejón acrecentado por la propia división de la burguesía española que al final, acaba replicando en su interior los ejes de fractura de sus pares sudamericanos.