¿Qué fue ETA?

Infografía de «La Vanguardia» sobre el atentado de Hipercor que costó la vida a 21 personas y dejó 45 heridos graves que estaban haciendo sus compras.

Hoy los medios aseguran que ETA anunciará su disolución en los próximos meses. Vienen, probablemente, meses de imágenes de archivo, lecturas interesadas y sangrientas nostalgias en blanco y negro.

En ese marco, nos parece importante rescatar dos textos que sirven de muestra de la actitud que los internacionalistas en general y la izquierda comunista española en particular mantuvieron desde el primer momento frente a ETA. El primero fue publicado en 1979, el segundo fue una hoja de intervención, un «volante», repartido en junio de 1987 en la manifestación de repulsa que siguió al criminal atentado de Hipercor en Barcelona. No hemos podido disponer del original pero sí de una traducción al francés que hemos retraducido.

Frente al nacionalismo militarista y asesino de ETA, los revolucionarios afirmaron la naturaleza independiente y anacional del movimiento de los trabajadores

¿Dónde va ETA? (1979)

Película de propaganda de ETA en los años 70. La banda nunca ocultó su militarismo mesiánico y su estética de la muerte.

Las naciones, tanto como los individuos, no pueden sustraerse a los imperativos de la reproducción ampliada del capital sin suprimir el capital.

Pro Segundo Manifiesto Comunista

Cualquier nacionalismo es hoy despreciable y obtuso. El del estilo de ETA -Herri Batasuna—, el de «¡Arriba España!», eco del hitleriano «Deutschland über alles», no menos que los dos apabullantes de Washington y Moscú. Todos tienen por base la misma estructura económica, que los proyecta en sentido antihistórico y por lo tanto reaccionario. Por mucho que los pequeños disimulen su identidad retrógrada con grito radicalizante, cuando no con colorete marxista, nada esencial los distingue de los nacionalismos imperialistas.

La prueba práctica está hecha. Ayer, cuando «las izquierdas» se amotinaban en defensa del «heroico Vietnam», nuestra tendencia denunció la superchería de defensores y defendido. El gobierno vietnamita está dándonos la razón sin réplica posible en Camboya, en Laos y dentro de sus propias fronteras. Ejemplos de lo mismo abundan. Ahí están China, la India, Indonesia, Libia, Argelia, Marruecos, Etiopía y, excusando alargar la lista, incluso la minúscula Cuba. Todos actúan en pandillajes imperialistas, por cuenta propia algunos, como alquilones del imperialismo protector los más. Mención especial recae en Irán, sobre Jomeini y sus polizontes—mullahs. También ellos hablan de anti—imperialismo y revolución, pero imponiendo sin disfraz y a discreción de un bestia de pujos proféticos, la bárbara ley coránica.

Comunicado de ETA en 2010 anunciando el cese de los asesinatos.

En esa procesión de ateos y creyentes farisaicos, la ETA es un encapuchado más. No se distingue de la fila ni por los métodos, ni por sus orígenes, ni por sus objetivos. Sus amigos y los amigos de sus amigos bastan para evidenciarla. Como toda la falsa izquierda, la ETA ha apoyado a Jomeini, cuyo despotismo islámico se ejerce, continuando el despotismo del Sha, contra cualquier acción obrera revolucionaria y contra kurdos y azerbaijanos. A su vez, Jomeini recibió con gran pompa a Arafat, poco después agasajado por el gobierno de Madrid, antes cogido en Washington y en las Naciones Unidas. Arafat y su organización (causa nacionalista y métodos terroristas idénticos a los de ETA) recibe toda suerte de apoyo político, armamental y financiero de Libia y Argelia, otros dos amigos de la ETA que sostuvieron a Amin Dada, hicieron la corte a Bokassa y siguen en los mejores térmínos con Moscú, mientras que Madrid se esfuerza en complacerlos, así como todo el llamado mundo árabe. Recordemos que esa fue ya la política de Franco, coincidiendo, fuera del terruño con la ETA.

Atentado de ETA en Madrid en 1995

La red de compinches de la ETA sucios de infamias no sólo contra la revolución proletaria, sino contra otros nacionalismos, no tendría fin sino enumerando casi todos los estados o aspirantes a Estado del mundo. Ni más ni menos que cualquiera de ellos, la ETA tiene patria; pero el proletariado revolucionario no la tiene, y quien quiera pretender dársela lo traiciona.

Patria no es el país en que se ha nacido y vivido, sino un territorio dentro del cual se oprime económica y políticamente a la mayoría de la población y se la condiciona intelectualmente para morir en aras de los privilegiados. El acondicionamiento puede llegar hasta el fanatismo. Por eso puede decirse sin distorsión que la ETA es continuadora del antiguo carlismo, adaptado a los tiempos actuales. Su origen más inmediato, palpable, no es la opresión y la represión bajo Franco, por mucho que éstas le sirviesen de argumento, sino las repercusiones mundiales de la mano de la contrarrevolución rusa metida en rebatiña inter-imperialista. Enemiga de la revolución proletaria desde sus inicios, a partir del momento en que accedió al rango de principal rival de EEUU, pero más débil, excitó, subvencionó, armó —y sigue armando— a cuantos nacionalismos le consentía reforzarse sustituyéndose al rival, o simplemente restarle una posición. De ahí la hora de los movimientos llamados de liberación. La ETA, mimetismo regional de ellos, no podía dejar de imitarlos, también, en la búsqueda de protectores solventes y con voz en el guirigay capitalista mundial. ¿Quién no ha oído hace poco, en boca de uno de sus patriotísimos héroes, que si se les hiciere necesario recurrirían a ayudas exteriores? El condicional es súpérfluo excepto para indicar que el recurso sería mayor y más visible, pues los gastos de la ETA se cifran por millonadas en chorro continuo, que de ninguna manera pueden ser obtenidas en su cara patria.

El motor de ETA no estaba en la opresión y la represión franquista como argumentaba, sino en la contrarrevolución rusa y la confrontación inter-imperialista de la guerra fría.
Exaltación nacionalista en el Domigo de Resurrección convertido en «día de la patria» por el nacionalismo vasco.

La procedencia social e histórica de la ETA se encuentra en el cambio de la correlación de las fuerzas de clase en escala mundial. Antes de la última guerra, el movimiento revolucionario mantuvo en alto, durante veinte años, la lucha internacionalista de la clase trabajadora, en pro de la supresión de las naciones. Vencida, el capitalismo desencadenó la guerra y afianzó a continuación su dominio. El proletariado como fuerza revolucionaria propia, quedó eliminado durante decenios. Es la condición sine qua non para que entren en juego luchas de nación contra nación, producto directo de la opresión del hombre por el hombre. En efecto, por mucho que esos patriotas atardados de más de un siglo se desgañiten gritando «¡revolución!», les es indispensable que el proletariado no se mueva ni se vea cuál es su causa, para que ellos ocupen la escena. Los creadores de nacioncitas, de naciones y de bloques imperialistas proceden, sin ninguna excepción, de bajunos intereses capitalistas. Lo que reclama la revolución social y el porvenir humano es liquidar las naciones.

Retirando cadáveres tras el atentado en la plaza de la República Dominicana de Madrid en 1986.

En el ámbito político peninsular no menos que en el de la zona vascongada, la ETA es, para el proletariado, un obstáculo orgánico e ideológíco suplementario, como si no tuviese ya de sobra con los partidos y sindicatos entrelazados a los franquistas en casaca europea. Por añadidura, cuando la ETA mata el proletariado y los verdaderos revolucionarios lo pagan en forma de represión acentuada y posibilidades de palabra disminuidas. Lo que ella presenta como actos justicieros, tienen el mismo valor de ajuste de cuentas que las ejecuciones en nombre de Alá y de su apoderado en Irán, Jomeini. En su lucha, el proletariado no necesita disparar por sorpresa sobre generales y policía, ni colocar bombas, muera quien muera. Eso es actuar como general o como policía cuando dicen «salvar el orden». Se comprende en la ETA, puesto que aspira a ser el ejército y la policía de Euzkadi. Por ello mismo, es incompatible con la disolución de ejércitos, policías y naciones, objetivo de todos los explotados a menos de resignarse a su condición de clase vilipendiada.

El proletariado no necesita asesinar ni poner bombas. Al hacerlo, ETA intentaba configurarse y mostrarse como policía y ejército de un Estado vasco que centralizara la explotación de los trabajadores.

En fin, la independencia nacional, ideal de la ETA, es miserable, y por añadidura falso, ignórenlo o no sus escupefuegos y destilapatrias. Un País Vasco independiente sería dependiente de otras potencias, mucho más de lo que ya lo son España en conjunto, u otras naciones. Porque la economía capitalista actual no consiente otra cosa. Para romper esta dependencia respecto de los fuertes, también política en cuestiones de importancia, hay que romper la dependencia económica de la clase asalariada respecto del capital. Ahí la ETA cae de bruces, en compañía de los Suarez, González, Carrillo... y de los generales. Como tantos otros falsarios, lo que ella llama revolución es la centralización de la explotación y la opresión de la clase trabajadora en un Estado suyo.

La siniestra engañifa de ETA debe terminar pero mediante la actividad independiente, internacionalista, anacional, del proletariado, en manera alguna aliándose a los PC, PS, engañifa más vasta territorialmente.

Noviembre, 1979

Volante, 1987

Rescate de heridos tras la explosión de un coche bomba en Hipercor en 1987

¿Por qué asesina ETA? Porque aspira a monopolizar la explotación del proletariado vasco y convertirse en su opresor estatal.

Sus aliados políticos y sus patrocinadores financieros son las dictaduras islámicas, las de Jomeini y Gadafi, entre otros. ETA es una organización capitalista, patriótica, reaccionaria; por sus métodos es corrupta y criminal. Cada acción, cada palabra de ETA o su máscara Herri Batasuna, se opone a la lucha obrera y le perjudica, en la tierra vasca, en España, en Europa y en el mundo.

¿Por qué asesinaba ETA? Porque aspiraba a monopolizar la explotación del proletariado vasco y convertirse en su opresor estatal
Cabecera del número 24 de la tercera serie de «Alarma», mayo 1987.

El proletariado es, por su propia esencia, anticapitalista, internacionalista, revolucionario. Y ahora no puede caminar en esta dirección, la única que le pertenece, sin denunciar a ETA, cuya estafa política, pringada de sangre, palidece la vieja estafa de los presuntos socialistas o comunistas, sin hablar de los sindicatos.

Denunciamos a cada uno de ellos por lo que son, y a todos en tanto que facetas del mundo de la explotación.

Trabajamos por la formación de un partido revolucionario de los explotados de toda la península. Sólo éste será capaz de restregar la nariz de ETA en su propia mierda, y librar el camino de otros fraudes, también enemigos de la revolución.

¡Viva la revolución proletaria ibérica y mundial!

Junio, 1987

 
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