Qué es la precarización

La precarización del trabajo no es el resultado de una ley en un país en un momento dado. Es una tendencia global del capitalismo que está en el centro de su ataque contra los trabajadores y en una reestructuración de su forma de organizar la explotación para aumentarla en términos absolutos. Lo vemos en los «zero hours contracts» británicos, en la «loi trevail» francesa y en cualquier «reforma» de las que proponen los gobiernos europeos, americanos o asiáticos.

Temporalidad

En primer lugar la precarización apareció como fenómeno general bajo la forma de un incremento de la temporalidad y por tanto a la inseguridad vital que llevaba asociada. Esa tendencia sigue en marcha más que nunca.

La tasa de temporalidad en 2008 era del 59% para las personas de 16 a 24 años, y del 41,8% para las de 25 a 29. En los cuatro años siguientes, el 57% del empleo asalariado perdido por los jóvenes de 16 a 24 años tenía un carácter temporal, mientras que en el caso del otro grupo de edad fue del 45%

Fundación 1 de mayo. «El desempleo juvenil en España»

La temporalidad no es, como pretendieron los medios y el gobierno, una «etapa» o incluso algo «formativo». En España menos de 1 de cada 10 contratos temporales se convierte en fijo.

Subempleo

Pero junto con la temporalidad apareció pronto otra tendencia que se ha convertido en masiva con esta crisis: el subempleo, el no poder trabajar el número de horas que necesita.

Si en el 2006, los trabajadores a tiempo parcial suponían el 11,7%, a finales del año pasado se situó en el 15,3% (...) De los 2,8 millones de personas que en España trabajan por horas, alrededor del 60% lo hace porque no ha encontrado otro empleo con una jornada más prolongada.

La Vanguardia

Pauperización

Solo el resultado de esas dos tendencias bastarían para incrementar la pobreza asalariada, el número de trabajadores que a pesar de tener un trabajo no ingresan lo suficiente como para sostenerse económicamente. En este año:

se ha elevado del 14,2 al 14,8% el porcentaje de trabajadores pobres, y la tasa de pobreza entre las personas en paro se sitúa en el 44,8%.

Fundación Foesa /Caritas. «Expulsión social y recuperación económica»

La muerte del «puesto de trabajo»

La tendencia cada vez más clara es la desaparición de la relación directa con el empleador. En España empezó en los 90 con el desarrollo de las ETTs. En Gran Bretaña los «contratos de cero horas» -contratos en los que la empresa no tiene compromiso de pagar un mínimo de horas- son ya el 20% de los contratos laborales. El resultado, como no podía ser de otra manera ha sido la aparición de un segmento de la clase trabajadora condenado a recurrir a bancos de alimentos, una parte de los cuales, sin dejar de trabajar, llegan a perder el hogar.

En España ese mismo panorama, donde se cobra por horas sin compromiso por parte del empleador más allá de ellas, porque cada día el empleador final es alguien diferente, se está generando a través de las llamadas empresas multiservicio, las «ETT 2.0». Pueden llamarte, por ejemplo, para una descarga hoy y te pagarán 8 euros por las 2 horas en las que según ellos se puede hacer -aunque sean tres y tengas que hacer otras dos de transporte para llegar. Al día siguiente pueden llamarte para limpiar una obra, o no llamarte. Y es exactamente igual en trabajos administrativos, de limpieza, operadores, picadores de datos, programadores, etc.

Se estima que, en la actualidad, el 90% de las empresas con un volumen de facturación superior a los 12 millones de euros tienen ya externalizados sus servicios complementarios (un 70% para aquellas con ingresos superiores a los 3 millones de euros). Este tipo de servicios abarca un amplio abanico que va desde la seguridad, limpieza, mantenimiento, control de plagas o catering, hasta otros más estratégicos como logística, transporte, sistemas de información, financiero y marketing.

UGT. «Empresas multiservicio informe 2017»

Uberización

Tan claro es que se trata de una tendencia general, global y «consciente» que las vanguardias de la «nueva economía», los llamados «unicornios» -«start ups» que llegan a tener un valor bursatil superior a los 1000 millones de dólares- se han concentrado en los últimos años en la «economía colaborativa», uno de ellos, «Uber», ha llegado a dar nombre a la forma más extrema de precarización.

La «uberización» no solo se da en Uber, sino que se ha extendido por toda una serie de negocios como Deliveroo. El modelo es sencillo, la empresa se hace invisible, una mera relación entre la demanda y el trabajo que se traduce en pedidos y micro-ingresos. El odioso trabajo a destajo de nuestros abuelos, organizado con una app.

Cómo la precarización transforma las relaciones entre los trabajadores

Lo que se está conformando es una capa del proletariado a partir en su mayoría de elementos jóvenes, que puede llegar a suponer en poco tiempo un 20% de los trabajadores europeos. No tienen «puesto de trabajo» ni «lugar de trabajo» definido, sino uno o varios empleadores que les contratan para tareas concretas, periodos cortos o en cualquier caso de duración impredecible, por horas o a destajo. Desaparece en su experiencia la relación con un grupo de compañeros estable y con un espacio (la fábrica, el taller, la oficina) siempre el mismo.

Las relaciones de explotación ya no son tampoco con una empresa, con un patrón. Están mediadas por un intermediario que te manda a uno u a otro de un modo que hace aun más evidente que en las relaciones laborales de la generación anterior, que los «precarios» son explotados por la burguesía y el capitalismo como un todo.

Las consecuencias en el modo de relación entre trabajadores y la forma en la que se producen las conversaciones y reflexiones colectivas sobre la propia situación, cambian también. Ya no tienen una referencia de empresa o fábrica, tampoco, en un sentido demasiado estricto, geográfica. Y sin embargo se forman redes de apoyo, de solidaridad con tanta o más frecuencia que antes. A veces alrededor de una vivienda también precarizada, compartida entre varios. A veces porque se coincide a lo largo del tiempo en «los que contratan ahora». Otras por puro azar y reconocimiento de una necesidad compartida.

Esas redes cristalizan de tanto en tanto en un piso que se comparte, en redes de apoyo para cosas cotidianas como cuidar a los niños durante las impredecibles jornadas de trabajo, en compras conjuntas más o menos organizadas, otras en picnics, actividades culturales o tertulias y, a veces, en una web para coordinar papeleos cotidianos o una pequeña cooperativa de trabajo. Lo hemos visto desde Berlín a Sevilla, desde el Algarve al Pireo. Son formas nuevas y espontáneas de organización de la clase, las redes donde respira, «resiste» y madura al margen de la vigilancia de los sindicatos y el estado, uno de esos lugares donde comienza el proceso a través del que los trabajadores se constituyen en clase.

Y de hecho, es muy posible que tú, que nos lees, conozcas o formes parte de una de ellas.

 

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