¡Proletarios de todos los países, uníos, suprimid ejércitos, policías, producción de guerra, fronteras, trabajo asalariado!

Qué es la conciencia de clase

27 de diciembre, 2017 · Marxismo> Partido y conciencia de clase

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El proletariado, la clase de los trabajadores explotados de la sociedad actual, no existe a día de hoy como sujeto político, como clase independiente políticamente. Por supuesto existe como clase social, como hecho material. Pero a día no tiene existencia política propia: en vez de un programa de clase, tenemos alienación de todas las formas imaginables, en vez de ver nuestros intereses levantarse como tales tenemos una permanente negación de nuestra existencia como clase en el discurso público y en vez de una presencia colectiva pública tenemos una atomización masiva bajo la presión ideológica y la precarización crecientes.

Huelga de MacDonalds este año en Gran Bretaña. La precariedad y la explotación son universales y universal es la lucha en contra y el sistema que las superará.

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Pero nada de éso hace que la revolución se haya convertido en un «sueño del pasado» ni en una utopía. Por el contrario, es más necesaria que nunca… y desde luego, posible, porque el comunismo no es un ideal ni una ideología, es una tendencia inscrita en la naturaleza misma de la clase trabajadora, algo presente en lo que la define como tal dentro de la sociedad capitalista, ser una clase universal en las dos dimensiones del termino:

a

en tanto que clase que el capitalismo crea globalmente con unos mismos intereses en todo el mundo.

b

y en tanto que esos intereses no consisten en privilegios particulares para explotar a otros, sino en el fin de la explotación misma.

Si los autores socialistas atribuyen al proletariado ese papel mundial, no es debido, como la crítica afecta creerlo, porque consideren a los proletarios como a dioses. Es más bien lo contrario.

En el proletariado plenamente desarrollado se hace abstracción de toda humanidad, hasta de la apariencia de la humanidad; en las condiciones de existencia del proletariado se condensan, en su forma más inhumana, todas las condiciones de existencia de la sociedad actual; el hombre se ha perdido a sí mismo, pero, al mismo tiempo, no sólo ha adquirido conciencia teórica de esa pérdida, sino que se ha visto constreñido directamente, por la miseria en adelante ineluctable, imposible de paliar, absolutamente imperiosa -por la expresión práctica de la necesidad-, a rebelarse contra esa inhumanidad; y es por todo esto que el proletariado puede libertarse a sí mismo.

Pero no puede él libertarse sin suprimir sus propias condiciones de existencia. No puede suprimir sus propias condiciones de existencia sin suprimir todas las condiciones de existencia inhumanas de la sociedad actual que se condensan en su situación. No en vano pasa por la escuela ruda, pero fortificante, del trabajo.

Marx y Engels. La Sagrada Familia, 1844

El proletariado es clase universal por: 1. existir y tener los mismos intereses en todo el mundo. 2. Porque no lucha por privilegios para explotar a otros, sino por la satisfacción de las necesidades humanas genéricas y universales.

La huelga en Nantes

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Por eso la conciencia de su propia situación y de la transformación a la que se ve impelido por el propio capitalismo, lo que llamamos «conciencia de clase», puede ser mayor o menor en cada momento histórico sin que haya que poner en cuestión el marco general. El comunismo no es un «deseable» estado de opinión de los trabajadores, es la negación de la mercantilización de la sociedad y las relaciones a la que el capitalismo les aboca. Por eso:

No se trata de saber lo que tal o cual proletario, o aun el proletariado íntegro, se propone momentáneamente como fin. Se trata de saber lo que el proletariado es y lo que debe históricamente hacer de acuerdo a su ser. Su finalidad y su acción histórica le están trazadas, de manera tangible e irrevocable, en su propia situación de existencia, como en toda la organización de la sociedad burguesa actual.

Marx y Engels. La sagrada familia, 1844

El comunismo no es un ideal ni un estado de opinión, es una necesidad material a cuya realización el propio capitalismo aboca a los trabajadores
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Lo que media entre la existencia material de una clase social de trabajadores y su aparición como sujeto político independiente es lo que el marxismo llama «proceso de constitución en clase». Ese proceso no es otra cosa que el desarrollo de la conciencia de clase en el curso del enfrentamiento con el estado y la burguesía cualesquiera que sean las formas que aquellas tomen. Por ejemplo, la Historia de la Revolución Rusa no es más que un proceso de desarrollo de la conciencia en y a lo largo del enfrentamiento con el zarismo primero y con la democracia burguesa después.

Mayo 68. 5000 obreros ocupan la fábrica de Renault en las afueras de París.

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La importancia y la visibilidad del partido como expresión más alta de la conciencia de clase en la revolución rusa llevó a muchos revolucionarios a una visión reduccionista. Al chocar en plena contrarrevolución, con la realidad de un capitalismo en colapso que se preparaba para una guerra mundial devastadora, pusieron el acento no en la conciencia de clase y sus motores, sino en el partido, la organización formal que habría de dar materialidad en la revolución a esa conciencia.

Las condiciones objetivas de la revolución proletaria no sólo están maduras sino que han empezado a descomponerse. Sin revolución social en un próximo período histórico, la civilización humana está bajo amenaza de ser arrasada por una catástrofe. Todo depende del proletariado, es decir, de su vanguardia revolucionaria La crisis histórica de la humanidad se reduce a la dirección revolucionaria.

Trotski. Programa de Transición, 1938

El resultado de equiparar conciencia de clase con una organización formal, no podía ser sino desastroso como lo fue para el trotskismo a la muerte de Trotski. El mensaje implícito era de un voluntarismo abrumador: construye una organización y aparecerá la conciencia de clase. El camino estaba abierto para un nuevo tipo de oportunismo, para un «todo vale con tal de dirigir a las masas». Y como todos los oportunismos no podía acabar bien: muerto Trotski, su IV Internacional, creada en falso, acabó apoyando el encuadramiento de los trabajadores en los estados aliados y su alistamiento en los ejércitos imperialistas, exactamente igual que la II Internacional había hecho durante la primera guerra mundial.

Reducir el desarrollo de la conciencia de clase a crear una organización elude el problema y siembra la idea de un «todo vale» oportunista que lleva de cabeza a unirse al nacionalismo y la «unión nacional» con la burguesía

Trabajadoras de las residencias vizcaínas celebran la victoria de la huelga.

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En realidad el proletariado está constantemente destilando una parte más consciente -mayor o menor en número según el momento- que pone en cuestión la ideología que el sistema propaga continuamente, la bondad de las instituciones que le explotan y la conveniencia de las formas de acción social que le ofrecen. Esta vanguardia, que podríamos llamar «contingente» es la formada por todas esas redes y conversaciones que bajo distintas formas aparecen una y otra vez. Son esas conversaciones que hacen aparecer aparentemente «de la nada» y, en la inmensa mayoría de los casos sin participación de los revolucionarios, todo tipo de formas de resistencia y lucha. No hay que despreciarlas como «economicistas» o «inmediatas». La experiencia de las grandes huelgas de masas del siglo XX nos habla de todo lo contrario: esas vanguardias contingentes se dan cuenta por sí mismas, aunque a menudo demasiado tarde, de la necesidad de llevar huelgas y movilizaciones a un plano político.

Hay otro tipo de vanguardias, que podríamos llamar «históricas» cuyo aporte se da precisamente en este plano, el de:

La conciencia teórica de la experiencia anterior y de las posibilidades máximas ofrecidas al proletariado; es el conocimiento anhelante de acción humana y listo para mudar su existencia subjetiva en existencia objetiva.

G. Munis. Partido-estado, estalinismo, Revolución, 1975

Precarios españoles en Escocia

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Por supuesto ambas vanguardias son invisibles mediaticamente. Pero ambas existen. Las primeras a través de todas esas conversaciones en las que todos hemos participado en algún momento con amigos y compañeros de trabajo o piso. La segunda en un puñado de organizaciones continuadoras de aquellas izquierdas comunistas que, en Italia, Francia, España y otros países- se mantuvieron fieles al internacionalismo. En realidad son valiosísimas hoy porque no solo no llamaron a los trabajadores a alistarse en ninguna guerra para satisfacción de unas burguesías u otras -llamáranse democráticas, antifascistas o «liberadoras»- sino que supieron destilar un valioso legado de crítica y análisis de clase que nos permite entender las derrotas del pasado.

A nuestro juicio, aportar al proceso de constitución de nuestra clase, ayudar al desarrollo de su conciencia, no pasa en este momento por crear nuevas organizaciones, sino por conectar las vanguardias que ya existen, las que se preguntan cómo superar el estado de cosas actual y las que materializan ese conocimiento histórico, ese legado de las generaciones anteriores de trabajadores.

Tampoco debemos olvidar que la revolución puede obrar con extraordinaria velocidad. No trataré de predecir cuánto tiempo necesitaremos. ¿Quién de nosotros se preocupa por el tiempo, mientras alcance la vida para lograr el objetivo? Bástenos tener claridad acerca del trabajo que nos aguarda

Rosa Luxemburgo. Discurso de fundación del KPD-Spartakusbund, 1919

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