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Qué es el marxismo académico

29 de septiembre, 2019 · Marxismo> Crítica de la ideología

Aquí y allá profesores y departamentos universitarios pretenden «hacer marxismo», «innovarlo», «transformarlo» o «profundizarlo». En realidad, la misma expresión «marxismo académico» es una contradicción en sus términos: si es una cosa, no puede ser la otra.

Carlos y Jenny Marx atienden una charla de Proudhon dentro de un pícnic comunista icariano en París. Escena de la película «El Joven Marx»

La idea de base del «marxismo académico» es que «el marxismo es un método» y que como tal puede ser «aplicado» o «desarrollado» en distintos contextos con independencia de sus fines. No es cierto: nada más lejos del marxismo que proponer un conjunto de pasos o una receta, aun menos una «máquina procedimental», un autómata, como «fórmula infalible» del análisis de la realidad.

Ni siquiera puede entenderse como método en ese sentido el materialismo histórico que, en todo caso, sería más bien un marco, unos principios científicos básicos para poder comprender el cambio histórico como transformación de los modos de producción, como totalidad. Entre estos principios: el materialismo -no es la historia de las «ideas» ni de las «ideologías» las que explican el cambio histórico sino las transformaciones en la base productiva, material de la sociedad- y el viejo principio dialéctico de que en cualquier sistema, el todo determina las partes mientras que las partes o la agregación de las partes, no permiten explicar el todo.

Viñeta de una (mala) versión de «El Capital» en manga.

Buena parte de las obras de Marx se titulan o subtitulan con la palabra «crítica»: crítica de la Filosofía del Estado (Filosofía de la Historia, diríamos hoy), crítica de la Economía Política (Teoría económica), etc. Toda su obra es una «crítica» en realidad. Y es que Marx no se propone un «pensamiento crítico», sino la crítica del pensamiento. Y cuando dice crítica, en realidad hay que leer «demolición». Porque su crítica del pensamiento comienza por colocar a éste como producto histórico, como una expresión de la realidad social material y de la lucha de clases que genera. Es decir, Marx convierte la crítica del pensamiento en crítica de la ideología y como tales trata a las distintas ciencias. Por eso, en la esencia de la crítica marxista del pensamiento está negar la autonomía de las ciencias definidas por la academia, ni hablemos ya de sus «métodos» particulares.

No hay metodología que pueda segregarse del marxismo, no hay una aplicación, un procedure, un método procedimental que destilar de la obra de Marx y de los revolucionarios que le siguieron, que pueda vivir al margen de la lucha de clases. Una vez más, la parte no puede tener existencia al margen del todo. El marxismo es un esfuerzo continuado que implica una demolición revolucionaria de la ideología, una iconoclastia contínua, que solo tiene sentido como parte y proyección de una negación de la totalidad del capitalismo. Negación que es y solo puede ser realizada por la clase universal que el propio sistema genera.

El comunismo no es un estado que debe implantarse, un ideal al que ha de sujetarse la realidad. Nosotros llamamos comunismo al movimiento real que anula y supera al estado de cosas actual.

Marx y Engels. La Ideología alemana, 1846

El comunismo es un proceso de negación del capitalismo que está en marcha desde el momento mismo en que aparece el proletariado como clase universal. El marxismo es la expresión teórica de las posibilidades máximas, en lo inmediato e históricamente, de esa negación en proceso. Como toda expresión de un movimiento, no puede existir al margen de él. Y por lo mismo no puede existir como cuerpo dogmático, como doctrina fijada de una vez y para siempre, porque se transformará cuando las condiciones históricas de ese movimiento lo hagan. Si el marxismo es, como decía Rosa Luxemburgo, la unión de un programa revolucionario y una voluntad de acción revolucionaria, solo el segundo elemento es invariante y no puede más que modificar al primero en el curso de la evolución histórica.

Marx y Engels -vale la pena recordar- eran irreprimibles iconoclastas, incluso en relación con ellos mismos, porque no existe otra manera de escapar de la compartimentalización del sistema cerrado. El primero respondió a quienes le hablaban de los marxistas de Europa continental: «No soy marxista». Así estableció tácitamente una definición a-dogmática del pensamiento revolucionario, que hoy en día es muy poco comprendida. Engels, por otro lado, expresó cómo él y Marx se habían puesto a trabajar a pie de obra sobre una gran cantidad de materiales que necesitaban ser desarrollados. Ahora es necesario añadir los materiales que ha generado desde entonces la lucha de clases mundial. Por lo tanto, estamos llevando a cabo deliberadamente una profanación. Sólo importa una cosa: saber si se alinea o no con la larga continuidad de todas las profanaciones que ha cometido el pensamiento revolucionario, y que no puede evitar cometer para no asfixiarse.

Prólogo a la edición italiana de «Pro Segundo Manifiesto Comunista», 1967

Inauguración del monumento a Marx el 7 de nov de 1918. Lunacharski (2) fue el organizador de las celebraciones del primer aniversario de Octubre.

¿Qué es entonces el «marxismo»? La expresión teórica de la lucha de la clase trabajadora, sus posibilidades últimas y sus medios. En otras palabras: la forma teórica más avanzada, más libre de ilusiones ideológicas, de la consciencia de clase. Como tal no puede existir al margen de la clase que le da lugar, creerlo sería caer de nuevo en la separación alma-cuerpo del idealismo religioso.

Es cierto que ese error existido en el propio movimiento obrero bajo la forma de la «consciencia implantada en la clase desde el exterior» de Kautsky. Y es cierto que revolucionarios como Lenin en ciertos momentos de aislamiento la hicieron suya. Pero aun sin dejar de ser un error, al menos atribuían ese papel «inyector» a la organización política, un organismo que surgía y agrupaba a los sectores más avanzados, por pequeños que fueran, de la clase trabajadora. Pero el error se vuelve aberración evidente cuando «el partido» es sustituido por «la academia», es decir, por un órgano del estado -o sus funcionarios- cuya función no es otra que adoctrinar y fabricar ideología.

Escena del segundo congreso de la Liga de los Comunistas -el primero en el que participaron Marx y Engels- según una ilustración de la época.

No, no puede salir «marxismo» de la universidad porque la universidad es un órgano de una clase distinta y adversa. Y tampoco puede salir de individuos, sean profesores o fontaneros, porque la consciencia de clase es el producto del movimiento y la lucha de una clase y por tanto solo puede tener una existencia y una expresión colectiva, por escasita que sea en términos numéricos.

¿Quiere eso decir que el movimiento de clase no podrá ganarse a profesores universitarios? No, claro que no. Pero, ¿alguien ha pensado qué tremenda virulencia y fuerza tendría que estar demostrando el movimiento de clase actual para haberse «ganado» a los miles de «profesores marxistas» que «enseñan» en las universidades de todo el mundo? Y en todo caso… ¿qué significa para el movimiento obrero «ganar» a un intelectual? ¿En qué consistió «ganarse» por ejemplo… a Marx, Engels, Rosa Luxemburgo, Lenin o Trotski? En integrarlos como militantes en sus organizaciones, no en «integrar sus contribuciones» sin que tuvieran que comprometerse en el movimiento material, algo que solo pretendieron los «Dühring» de cada época.

Tuits

«Ganar» a Marx, Engels, etc. fue integrarlos como militantes en organizaciones, no «integrar sus contribuciones» sin que tuvieran que comprometerse en el movimiento material
La idea de base del «marxismo académico» es que «el marxismo es un método» y que como tal puede ser «aplicado» o «desarrollado» en distintos contextos con independencia de sus fines. No es cierto.
No hay metodología que pueda segregarse o destilarse de la obra de Marx y de los revolucionarios que le siguieron, que pueda vivir al margen de la lucha de clases.
El marxismo es la forma teórica más avanzada, más libre de ilusiones ideológicas, de la consciencia de clase. Como tal no puede existir al margen de la clase que le da lugar
Las expresiones de la consciencia de clase no son individuales, no hay «profetas», son siempre colectivas, políticas.
Es una aberración pensar que «la academia», es decir, un órgano del estado -o sus funcionarios- cuya función no es otra que adoctrinar y fabricar ideología pueden elaborar consciencia de clase