Diario de Emancipación

¿Qué es el fascismo?

8 de enero, 2019 · Marxismo> Crítica de la ideología

Enrico Prampolini: «Dinámica de la acción»

Fascismo se ha convertido en un insulto político. Se ha vaciado de significado para abarcar cualquier desarrollo autoritario y se ha asociado a la derecha más atrabiliaria. Es un error que nos desarma.

¿De dónde nace el fascismo?

El fascismo surge en el ambiente nacionalista que clama por la participación en la primera guerra mundial para «culminar» la reunificación italiana, es decir, el programa territorial de la revolución burguesa.

Se remonta a los años 1914-15, es decir, a la época que precedió a la entrada de Italia en la guerra mundial, los grupos que pedían esta intervención y que, desde el punto de vista político, estaban formados por representantes de diversas tendencias, constituyeron la primera manifestación del fascismo. Había un grupo de derecha con Salandra, es decir, los grandes industriales interesados en la guerra que antes de reclamar la intervención de la Entente, habían preconizado la guerra contra ella.Allí se encontraban por otra parte tendencias burguesas de izquierda: los radicales italianos, es decir, los demócratas de izquierda y los republicanos, partidarios tradicionales de la liberación de Trento y de Trieste. En tercer lugar se encontraban algunos elementos del movimiento proletario, sindicalistas revolucionarios y anarquistas. A estos grupos pertenecía igualmente (se trata por cierto, de un caso individual pero con una importancia particular) el jefe del ala izquierda del Partido Socialista, director de «Avanti»: Mussolini.

Amadeo Bordiga. Informe sobre el fascismo. IVº congreso de la Internacional Comunista.

El «anticapitalismo» pequeñoburgués encuentra en el fascismo expresión política.

Estas tendencias «de izquierda», son las que cuajaran alrededor de d’Annunzio, Rossoni y Mussolini en un revolucionarismo de la pequeña burguesía. Como todo el revolucionarismo de la pequeña burguesía hasta entonces será ante todo nacionalista y popular (=interclasista). Pero en 1919-20 hay dos elementos que marcan un cambio de época histórica que son los que le darán forma específica como fascismo: la revolución obrera y la integración de los sindicatos en el capitalismo de estado.

1

Lo que da la oportunidad al fascismo para convertirse en la esperanza de la gran burguesía serán las vacilaciones y debilidades del movimiento revolucionario en Italia. Tras la incapacidad del partido socialista para dirigir los movimientos masivos de los trabajadores, las ocupaciones de fábricas y los movimientos del proletariado rural, la pequeña burguesía en masa da un giro y la burguesía ve la oportunidad de utilizarla como ariete contra la revolución en marcha.

El proletariado estaba desorientado y desmoralizado. En cuanto vio cómo se le escapaba la victoria, su estado de ánimo sufrió una profunda transformación. Se puede decir que en 1919 y en la primera mitad de 1920, la burguesía italiana se había resignado en cierta forma a asistir a la victoria de la revolución. La clase media y la pequeña burguesía tendían a jugar una función pasiva, a remolque no de la gran burguesía, sino del proletariado al que creían a las puertas de la victoria. Este estado de ánimo posteriormente se ha modificado radicalmente. En lugar de asistir a la victoria del proletariado, se ha visto a la burguesía organizar con éxito su defensa. Cuando la clase media constató que el P. Socialista no era capaz de tomar la delantera, perdió poco a poco confianza en las posibilidades del proletariado y se volvió hacia la clase opuesta. Es en este momento que la ofensiva capitalista y burguesa comenzó. Se aprovechó esencialmente del nuevo estado de ánimo en el que la clase media se encontraba. Merced a su composición extremadamente heterogénea, el fascismo representaba la solución al problema de la movilización de las clases medias en favor de la ofensiva capitalista.

Amadeo Bordiga. Informe sobre el fascismo. IVº congreso de la Internacional Comunista.

«Obreros reedificad la patria». Cartel fascista italiano.

2

Pero a pesar de las inevitables incongruencias ideológicas de un movimiento de tal tipo, el fascismo no es solo una ideología nacionalista y revolucionarista que moviliza contra el proletariado a una pequeña burguesía frustrada. Construye una forma específica de capitalismo de estado socializante alrededor de los sindicatos: el estado corporativo.

Surgido primeramente en Italia en 1920, con una concepción ideológica basada en las teorías de Sorel sobre la violencia, y su aplicación sistemática, tomó de los núcleos sindicalistas que le apoyaban (Rossoni) la ideación corporativa del Estado, y del campo nacionalista, al mismo como entidad supra—temporal e individual. (Todo en el Estado; nada contra el Estado: nada fuera del Estado, Mussolini). El Partido Fascista representa y encarna el Estado; el gran consejo, regentado por éste, es la institución central de gobierno y los sindicatos como instrumento de ligación entre el pueblo y el Estado. (Bien que los tales sindicatos no desempeñan más función que la de someter pacíficamente el proletariado a los patrones). Primitivamente presentose como socialista, al extremo de que en 1919 sostenía un programa de esa índole, apoyando las demandas campesinas de socialización de la tierra y apoyó la ocupación de la fábricas en Lombardía, pareciendo que quedaría en ser una fracción socialista. Apoyándose en el descontento de las masas rurales y pequeño burguesas, los excombatientes y profesionales liberales, que se veían amenazados de sustitución, y sustituidos, por los que no habían ido a la guerra, agitando un programa socializante y aprovechándose principalmente del fracaso de la ocupación de las fábricas y la huelga general del proletariado, debido a la traición de los reformistas, subvencionado abundosamente por el capitalismo, llegó al poder, en donde arrasó con todas las organizaciones de la clase obrera e inclusive de toda oposición burguesa, abjurando asimismo de su primitiva demagogia anticapitalista.

Por todo esto se ve que no sólo es un fenómeno de reacción capitalista sino, hasta un cierto grado, un método político nuevo del capitalismo, cuyo análisis y conocimiento importa sumamente al proletariado. Constituye hoy un poder estatal especial, que ha abolido todas las formas democráticas, reemplazándolas por el gobierno de un partido militarizado y burocrático que mantiene en un estado de opresión absoluta a toda la población.

Antonio Gallo. Sobre el movimiento de septiembre, 1932

El fascismo es la forma que toma el «revolucionarismo» de la pequeña burguesía de izquierda, «popular» y nacionalista, al enfrentarse a la revolución obrera y asociarse a un sindicalismo que está fundiéndose ya en el estado

El fascismo en España y Argentina

Franco retratado con el uniforme del «movimiento nacional», unificación forzada de falangistas, nacionalsindicalistas y carlistas (tradicionalistas).

La burguesía española, que en los años veinte vivía con fuerza su fusión con la oligarquía latifundista y la burocracia destilada por ésta, sentando las bases del primer capitalismo de estado español, fue seguramente la primera en darse cuenta de la utilidad de la nueva ideología para quebrar un movimiento obrero que la había puesto contra las cuerdas ya en el «trienio bolchevique» y que, con todas sus debilidades, no podía dar por derrotado sino todo lo contrario. La dictadura del general Primo de Rivera, aupado por la burguesía catalana, que lo tenía por heroe tras su paso por Barcelona, intentará copiar las estructuras partidarias y sindicales del fascismo italiano. El experimento, tutelado abiertamente por los dos pilares de la «tétrica reacción española» (ejército e iglesia católica) no conseguirá convertir a la pequeña burguesía en una fuerza de choque para el estado. La expresión política de la pequeña burguesía española, el republicanismo de izquierda, era demasiado débil y pusilánime todavía, después de un siglo de machaque estatal, como para producir una radicalización creible, todavía menos de la mano de curas y generales. La dictadura solo encontrará socios atentos en el sindicalismo socialista. Todavía a día de hoy, la estatua de Largo Caballero sigue dando la bienvenida a los «Nuevos Ministerios» construidos por Primo bajo los estándares -arquitectónicos y burocráticos- del racionalismo fascista italiano.

Siete años prolongó su vida la dictadura. No porque contara con un apoyo nacional efectivo, aparte de los cuartos de banderas, las sacristías, los círculos de la nobleza y la gran burguesía, sino porque coincidió con el mejor período financiero mundial después de la guerra 1914-1918. Esto le permitió asociarse la gran burguesía, neutralizar la pequeña y asegurarse la contemporización de la organización obrera más fuerte de España, el Partido Socialista. Ya se ha indicado bajo otro título hasta qué punto éste sirvió de bordón a la dictadura, ofreciéndole consejeros de Estado y asambleístas nacionales. Pero la monarquía estaba condenada. En lo más profundo de las masas se acumulaban enormes energías. La dictadura había aplazado, no evitado la apertura del período revolucionario.

G. Munis. Jalones de Derrota promesa de victoria, 1947

El franquismo en tanto que movimiento político, representó en su relación con los inanes grupúsculos fascistas españoles una actualización del mismo modelo de la dictadura de Primo. A falangistas y nacional-sindicalistas el ejército insurrecto les dio cancha como escuadrones de la muerte y reclutadores de la pequeña burguesía sin ceder el más mínimo espacio en la dirección de la guerra. Fueron adorno y violencia animalesca, fachada útil a los militares para mostrar alineamiento con las potencias del eje y comisarios políticos del estado. Tras la guerra, se les animó a organizar a un proletariado derrotado y masacrado, se les entregaron los sindicatos y la vivienda, se les dio cancha en la «elaboración» ideológica -no sin haberles forzado a fundirse con el último partido feudalizante de Europa, el carlismo- y se les sometió siempre al contrapeso del clericalismo más rancio y la militarización cuartelera del estado. El franquismo había tomado del fascismo afeites y retórica, pistoleros y cuadros, pero nunca se dejó guiar por el «revolucionarismo» pequeño burgués. El fascista español no fue sino un secuaz civil de un régimen militar autoritario, con fuertes raíces en el componente más reaccionario de la burguesía de estado española, un palmero sanguinoliento y aprovechado. Por eso su deriva en los sesenta y setenta, cuando el régimen comenzó a «modernizarse», lo llevó de vuelta a la «socialdemocracia» (Ridruejo) o a la ultraderecha clerical (el «bunker»), pero no al sindicalismo ni el guerrillerismo de izquierda, como estaba pasando con sus equivalentes argentinos en la misma época.

La burguesía española mantuvo al fascismo tanto durante la dictadura de Primo (1923-30) como bajo el franquismo como palmero sanguinoliento y represivo sin ceder el poder real, sometiéndolo siempre a la tutela de iglesia y ejército

Y es que en Argentina la relación de la burguesía con el fascismo siguió un curso diferente. El golpe de estado de 1930 y la subsiguiente dictadura de Uriburu dejó en evidencia una fractura en el seno de la burguesía argentina:

El sector civilista, democrático, juzgó de conveniencia despedir el radicalismo y no ir más allá. El sector fascista, minoritario, pero más audaz y decidido a virtud de la fuerza de que disponía, juzgó lo opuesto. Y el desenvolvimiento posterior del golpe de Estado se nutre de completo por esta diferencia que había de terminar con el triunfo del sector democrático.

Antonio Gallo. Sobre el movimiento de septiembre, 1932

El Coronel Perón en un afiche propagandístico de principios de los cincuenta.

Una fractura que determinará toda la política argentina hasta el golpe militar de 1943 de cuyo seno emergerá Perón, aupado finalmente en 1945 por los sindicatos tras ejercer como Secretario de Trabajo y Previsión. Perón no intentará vestir una dictadura militar al gusto de la gran burguesía agraria con elementos fascistas, sino que se enfrentará a ésta, dando rienda suelta al elemento «revolucionarista» del nacionalismo pequeñoburgués y, sobre todo, la aspiración estatista de la estructura sindical, convirtiendo la conciliación de clases (la «justicia social» que da nombre al movimiento) y la retórica de la liberación nacional en la base de un estado que ya no tiene por objetivo primordial la contrarrevolución (que había triunfado globalmente) sino la afirmación de un capitalismo de estadoplanes quinquenales y utopía planificadora incluída– con sus propios intereses imperialistas. Fue esta ruptura, continuidad de las aspiraciones del fascismo original, las que hicieron del peronismo de los setenta, en deriva ultraderechista, la matriz de una izquierda burguesa revolucionarista («montoneros») que alimentaría a la «izquierda nacional y popular» del kirchnerismo de los 90 y al tan traído y llevado «populismo» de Laclau y Mouffe.

Perón se enfrentará gran burguesía agraria dando rienda suelta al elemento «revolucionarista» del nacionalismo pequeñoburgués afirmando a partir de los sindicatos un capitalismo de estado con sus propios intereses imperialistas.

¿Fascismo hoy?

Salvini en la Piazza del Popolo en Roma.

El fascismo no son «los fachas». No es esa mezcla de liberalismo cínico, moralismo rancio y nacionalismo autoritario de un Vox o un Orban. El fascismo no es la ultraderecha y menos aun la ultraderecha nostálgica, ni el pistolerismo ultramontano, aunque use sus símbolos de otras épocas. El fascismo fue en su origen y allá donde se desarrolló como movimiento de masas, de «izquierdas», obrerista, sindicalista, «moderno», «transgresor» estética y discursivamente…

El fascismo es la continuidad del revolucionarismo pequeñoburgués en las condiciones del capitalismo de estado. Se trata de movimientos con aspiraciones de masas, nacionalistas y «populares» que intentan revivir mensajes y consignas democráticas «pendientes» de las revoluciones burguesas y las liberaciones nacionales, presentando el refuerzo autoritario y represivo del estado como la base de una imposible conciliación de intereses -de clase- opuestos.

Por eso crece, atrayendo en masa a la pequeña burguesía colérica, cuando el movimiento de clase vacila o es débil. En ese momento la burguesía le da todo su apoyo y le entrega las puertas del estado. Se convierte entonces en la forma de la reacción burguesa frente a la revolución o en una forma de reorganización y preparación de la sociedad para la guerra. El peligro fascista emerge cuando los trabajadores no consiguen afirmar su movimiento independiente o éste se estanca o se diluye supeditándose a alguna facción burguesa. Esa es la trampa del antifascismo.

El peligro fascista emerge cuando los trabajadores no consiguen afirmar su movimiento independiente o éste se estanca o se diluye supeditándose a alguna facción burguesa. Esa es la trampa del antifascismo.

Suscríbete a nuestra lista de correo

Sígueme en Feedly