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¿Por qué el feminismo falsifica hoy a Rosa Luxemburgo?

2 de diciembre, 2018 · Historia> Rosa Luxemburgo

Rosa Luxemburgo en 1906. Ficha de la prisión de Varsovia donde cumplió prisión por su militancia socialista.

El feminismo juega hoy a construir poder sobre una una retórica cínica. Por un lado define feminismo en los medios de comunicación como la lucha por la igualdad y contra la opresión de la mujer. Según esa definición el socialismo hubiera sido el primer movimiento feminista organizado y todos seríamos feministas. Sin embargo, define y jerarquiza lo que es feminista y lo que no bajo un identitarismo implícito: no es feminista lo que se orienta al fin de la opresión por razón de sexo, es feminista lo que construye la imagen de «la mujer» como sujeto histórico por encima de las clases sociales y las contracciones de intereses entre clases, según el modelo de la nación o el pueblo para los nacionalistas.

El feminismo actual practica la misma deshonestidad que los que tachan de racista cualquier cosa que salga del marco del nacionalismo negro. Pero ni estar en contra del racismo obliga a ser nacionalismo negro, ni el feminismo es la única ni la primera forma de enfrentarse a la opresión de la mujer, de hecho, los marxistas, con Rosa Luxemburgo a la cabeza, pensamos que ni de lejos toca las raíces de esa opresión.

El feminismo juega hoy a construir poder sobre una una retórica cínica: define feminismo como la lucha contra la opresión de la mujer, pero define lo que es feminista desde el identitarismo interclasista

La atribución a Rosa Luxemburgo de falsas citas de contenido feminista y «de izquierdas», verdadera campaña de falsificación.

Bajo este juego cínico apenas se esconde la voluntad de copar todo el espacio del discurso, por eso es completamente coherente en su incoherencia. August Bebel, fundador de la socialdemocracia alemana y autor del estudio más importante sobre la opresión de la mujer en el siglo XIX, «La mujer y el socialismo», que debería ser bajo la definición de feminismo que nos venden una verdadera joya histórica, no sería feminista. Sin embargo, Rosa Luxemburgo, que daba por bueno el análisis de Bebel pero que era aun más clara en su batalla contra el feminismo y que estaba radicalmente en contra de cualquier organización separada en función de opresiones particulares aun dentro de las organizaciones políticas obreras, si sería feminista… aunque para ello haya que falsificar con descaro. Y lo mismo cabe decir de Sylvia Pankhurst, hija de la fundadora del feminismo moderno, convertida ahora en feminista cuando su evolución fue justamente la opuesta. No es un accidente ni es un error, porque no se da en un solo país ni en una sola corriente. Es una estrategia intencionada de falsificación.

Bajo su propia definición ni Rosa Luxemburg ni Sylvia Pankhurst ni ninguna dirigente histórica de los trabajadores habría sido otra cosa que antifeminista. Pero ahí empieza la máquina de falsificación.

Cartel de convocatoria de la «huelga feminista» de UJCE y PCE. «Las mujeres» de todas las clases, no la clase trabajadora, en el centro del capitalismo.

Por eso resulta hoy incluso refrescante reencontrarse con el discurso de la pionera de la «recuperación» de Rosa Luxemburgo para el feminismo. En 1982, María José Aubet publica la que seguramente haya sido la antología más vendida en español de la revolucionaria de Zamość. Deja las páginas finales del libro para comentar los textos de Luxemburgo sobre «la mujer». ¿Y qué dice?

Si bien hay que empezar por admitir que Rosa Luxemburg no fue nunca una feminista en el sentido moderno del término y constatar que siempre se negó a militar activamente en el seno de las organizaciones femeninas de la socialdemocracia alemana, sería erróneo concluir de ahí que el tema de la mujer -la mujer obrera y de la mujer militante- le fuera indiferente o lo subestimara. Es evidente que la lucha feminista actual no es deudora en absoluto de su obra, y puede afirmarse que existe a pesar de Rosa Luxemburg, siendo como fue una de las mujeres más lúcidas y más luchadoras de nuestra historia contemporánea. […]

El tratamiento luxemburguiano de la cuestión: la contradicción principal es la de Capital y Trabajo, no la de hombre y mujer, el trabajo doméstico es irrelevante para el orden capitalista y por lo tanto, no puede ser la base material que sustente una posible teoría «económica» de la explotación específica de la mujer; la existencia de intereses diametral y antagónicamente opuestos entre la mujer burguesa y la mujer obrera; su misma concepción de la revolución como un proceso todavía «omniabarcador», esto es capaz de acabar con todas las opresiones existentes (de clase, nacionales y sexuales); la capacidad revolucionaria de la mujer solo en cuanto mujer proletaria, es decir, como productora de plusvalía en el marco de la producción social capitalista, etc.

Hace no tanto las feministas reconocían no solo que Rosa Luxemburgo no era feminista sino que rechazaban que el marxismo y el comunismo siendo anti-feministas, «fueran indiferentes o subestimaran» la opresión de la mujer

Manifestación del día de la mujer proletaria el 8 de marzo de 1917 en Petrogrado que dio comienzo a la Revolución rusa.

¿Qué ha pasado para que la mínima honestidad exigible se trocara en rapiña y falsificación? Un paréntesis en las luchas masivas y una infame y masiva campaña sobre «el fin de la clase trabajadora» que han dado como resultado una generación privada de experiencia política de clase e incluso de memoria histórica. Una generación que ha entrado en masa en esas maquinaria de adoctrinamiento estatal llamada Universidad que era -no por casualidad- el centro de elaboración ideológica del feminismo. Un aparato ideológico de estado de ese peso frente a una generación privada de experiencia y memoria. ¿Cómo iban a dejar que la honestidad intelectual les estropera un avance político?

¿Qué ha pasado para que la mínima honestidad exigible se trocara en rapiña y falsificación? Paréntesis de luchas de los trabajadores, discurso de «fin de las clases», Universidad y una generación privada de memoria.

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