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Pensiones y militarismo

22 de noviembre, 2019 · Actualidad> Actualidad global> Informe semanal

Manifestación de pensionistas en Madrid

La actualidad de esta semana, especialmente tras la masividad de la huelga general en Colombia, ha seguido centrada en América del Sur, sin embargo, los desarrollos más llamativos de la crisis económica y el conflicto internacional apuntan a Europa y Asia. Unos y otros se unen alrededor del ataque a las pensiones, las condiciones de trabajo, los sistemas de salud… y el desarrollo del militarismo.

Sudamérica

Colombia. Manifestación de la huelga general ayer en la plaza Bolivar.

Los gobiernos «pro-brasileños», se consolidan poco a poco tras las revueltas que les impulsaron (Bolivia) o enfrentaron (Chile, Ecuador).

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En Ecuador Lenin Moreno, que ve recortados sus planes de ajuste por el legislativo, renueva el apoyo del FMI y consolida su gobierno.

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En Bolivia la situación se decanta del lado del nuevo gobierno. La estrategia de cerco de la Paz desde el Alto, calcada a la que llevó a la «guerra del gas» que llevó al poder a Morales en 2003, dejó seis muertos sin conseguir ni extender la movilización masista ni doblegar a la capital. A día de hoy el MAS ya negocia la fecha de convocatoria y acepta que Evo Morales no será candidato.

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En Chile, la burguesía y su aparato político no acaban de reencauzar el descontento hacia la elaboración de una nueva Constitución. Pero aunque algunas demandas de los trabajadores, en especial la pensión básica, se han instalado en el debate público, la ausencia de organización y de una lucha propias, diluye todo en una confusa movilización ciudadana sin destino. Lo inevitable cuando la dirección de las protestas queda en la «transversalidad» de la pequeña burguesía. Resultado: una situación desesperante en la que los trabajadores sufren una represión cotidiana y salvaje en los barrios precisamente por no haberse personado como tales en el conflicto. Represión en los barrios que está también en los trabajos: el 52% de los asalariados teme perder el empleo.

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Pero el avance regional de los aliados del imperialismo brasileño ha coincidido con un duro golpe interno. La causa: la violenta devaluación del real frente al dólar que elevó el riesgo de una fuga de capitales y pone en cuestión hasta las subastas de los hidrocarburos «pre-sal».

En respuesta al mal color que tomaban los datos económicos, Guedes y Bolsonaro radicalizaron tanto la propuesta de ataques contra las condiciones y precio del trabajo que encontraron la oposición de sus propios diputados que las tildaban de «exceso». Inmediatamente los operadores bolsonaristas se pusieron en marcha para crear una bancada propia con los remanentes, que erróneamente ha sido presentada como un partido por la prensa interncional pero que ni de lejos llega al nivel de cohesión mínima para merecer ese nombre. De hecho, tras unir a lo más atrabiliario de los electos brasileños, el bolsonarismo no ha sabido darle más contenido ideológico que el mínimo común denominador de los miembros, verdadero detritus de la pequeña burguesía brasileña. El problema es que ese mínimo común denominador ni siquiera es popular ni vale como base para ganar unas elecciones: libertad para portar armas, anticomunismo visceral, antiglobalismo y evangelismo político. La vieja burguesía financiera y la burocracia estatal, aun agradedidas por la finalmente aprobada reforma de pensiones, no puede sentirse sino incómoda… y mira de nuevo hacia un Lula en libertad que acaba de retomar el liderazgo del PT.

Europa

El ataque a las pensiones en Francia en su forma más común.

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Las pensiones son el gran tema global porque calculan que dado su volumen, la gestión podría salvar a un sistema financiero con bancos de márgenes cada vez más enjutos. La aspiración universal del la burguesía es ir hacia un modelo de capitalización como el impuesto en Chile por Pinochet y que ahora se ve puesto en cuestión con la crisis chilena al tiempo que se expande a Brasil de la mano de Bolsonaro. En Europa lo que se discute es cómo hacer el tránsito hacia tal modelo sin levantar una respuesta social masiva. Y una de las fórmulas ganadoras es la famosa «mochila austriaca».

La referencia de los sistemas de «mochila» era Holanda: «el mejor sistema de pensiones del mundo» según todos las valoraciones de «los expertos»… en hacer ideología con números. El modelo holandés tiene una base mínima: una pensión básica pública insuficiente para la supervivencia. Esta se complementa con una pensión privada obligatoria. La pensión complementaria se paga como un descuento en nómina, como la parte que va a la Seguridad Social, pero en vez de ir al sistema público se destina a un plan de pensiones comercial a elección del trabajador. El problema es que hace ya muchos meses que Europa está en tipos de interés negativos, el capital no da… y las pensiones bajan.

Son las peores noticias posibles para las campañas por la privatización que están teniendo lugar en todos los países europeos. En Francia, dónde a estas alturas el 76% de los jubilados se ve obligado a pasar frío al no poder pagar la factura de la calefacción, el bombardeo de informes ha sido la primera parte de una puesta en escena del gobierno que espera forzar un consenso mínimo en los próximos meses. Cuenta para ello con una huelga general sindical el próximo día cinco de diciembre como válvula de escape para la indignación social y una «negociación» posterior donde todos los «negociadores» tendrán por primer objetivo el buen desempeño del capital nacional… no el bienestar de los jubilados y el futuro de los trabajadores en activo.

Algo parecido, más allá de «planes de urgencia», pasa en todo el continente con los servicios de salud. Ayer se supo que la mitad de los médicos de familia franceses rechazan pacientes simplemente porque no dan abasto. Y en Gran Bretaña, debate electoral mediante, quedó claro que el verdadero precio del Brexit será la privatización de una manera u otra de una parte sustancial del NHS.

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De fondo, la materialización regional de una crisis global del capitalismo que no da tregua. La Comisión europea primero y el BCE después, han pedido una vez más a Holanda y especialmente a Alemania que aumenten las inversiones para zafar la recesión en la eurozona, aunque sea por los pelos. Es, en realidad, un brindis al sol. La inversión privada tiene poco sentido cuando los sectores industriales fundamentales como la automoción o el acero sufren una crisis estructural y la inversión pública es dudoso que pueda tirar del conjunto de sectores cuando el consumo de base ni responde ni cabe esperar que responda si sigue atacándose la capacidad de los salarios como principal eje anti-crisis. Es más, la propia burguesía alemana tampoco tiene nada claro el camino de salida. Se sabe ya más dependiente de EEUU de lo que creía, pero no acaba de consensuar una posición frente al ex-aliado y rival ni frente a China… ni siquiera frente a la UE en su conjunto. El congreso hoy de la CDU lo está dejando claro con el enfrentamiento entre AKK, la delfín fallida de Merkel, y Merz, hijo político de Schauble, el ministro de la «implacabilidad» y el «nordismo» durante la crisis de la deuda griega.

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La crisis europea se proyecta en cada país. En España, el banco central advierte que los bancos están tomando demasiados riesgos. La cuestión es que, como ya apuntamos, con márgenes exhaustos, si quieren mantener resultados tienen que dar mayor volumen de crédito. Pero eso significa aumentar el riesgo de mora… fragilizando el sistema entero. Dicho de otro modo, tienen menos con lo que cubrirse ante un riesgo de impago que todos prevén que aumente. Porque aunque la morosidad de empresas frente a bancos está en mínimos de 10 años, la morosidad entre empresas sí lo hace abocando a la primera a seguir su camino. Resultado: el BCE quiere fusiones, el gobierno también y para evitar que se impongan las preferidas desde el regulador los banqueros entran en una guerra invisible a sable. Mientras, Goldman Sachs ha vuelto a recortar la expectativa de crecimiento del país.

China y EEUU, una guerra de posiciones

Fragata de EEUU en misión en el Mar de China

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En el cuadro mayor, la guerra comercial entre EEUU y China no da tregua ni siquiera parcial antes del día 15 en que está prevista la nueva oleada de aranceles de EEUU. Por el contrario, la presión de la potencia americana contra la asiática está desatada. EEUU está armando a Vietnam gratis para generar roces militares con China en las aguas del Mar de China en disputa. Y a despecho de las quejas chinas y de la presencia del primer portaaviones de Pekín en el estrecho de Taiwan, renovando y fortaleciendo su armada en aquellas aguas.

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No es de extrañar que el acelerón militarista de EEUU esté arrastrando a sus antiguos aliados. Esta semana la OTAN declaró el espacio como nuevo campo de operaciones, lo que fue seguido de una declaración de Turquía, que construirá una agencia espacial propia. El caso turco es significativo. EEUU ha pasado de utilizar el ejército como argumento en la guerra comercial a no guardar siquiera las apariencias en la búsqueda de rapiña. Esta semana, gracias a una investigación de BBC que fue recogida en periódicos y TVs de todo Oriente medio, quedó claro que en la última jugada siria el precio estadounidense fue quedarse con el petróleo con el PKK-YPG de guardián y rentista.

Dos tendendias cada vez más marcadas

La lección de esta semana es que las tendencias hacia la confrontación y el conflicto inter-imperialista están tejidas indisolublemente con las estrategias frente la crisis de la burguesía en todo el mundo. Estrategias que, también de modo global, pasan por atacar las condiciones de trabajo, las pensiones y el sistema sanitario como modo de reanimar la acumulación. A día de hoy ambos hilos están tan fuertemente trenzados entre sí que no se puede cortar uno sin cortar otro. Y la tijera es la misma.