«Panteras Negras», exaltación del lumpen e identitarismo racial en EEUU

La revista «Rising up ungry», ensalzada románticamente hoy por el diario español «El País»,
Ayer contábamos algunas reacciones izquierdistas al acendramiento que está teniendo lugar dentro de «Intransigence» alrededor de la discusión sobre el papel político de lumpen y los saqueos. Es seguramente la menos teorizada y tal vez a día de hoy, la más peligrosa de las fronteras de clase en buena parte de EEUU y el Caribe. Sin embargo, los intentos durante la pasada semana de descarrilar la reflexión y la combatividad de los trabajadores hacia saqueos en Argentina nos advierte que no es, ni mucho menos, una cuestión local. Es más, como advierte el artículo que reproducimos a continuación, está íntimamente ligado a la promoción global de «políticas de identidad». Hoy mismo algunos de los grupos, expresiones políticas militarizadas del lumpen, que aparecen en el artículo que publicamos a continuación han merecido el elogio romántico del diario español «El País». Todo apunta a que nuestros compañeros americanos han «tocado en nervio».

La exaltación de los saqueos y del lumpen, ligada al blanqueo de organizaciones como los «Panteras Negras» y las políticas de identidad, están entre las principales trampas políticas para los trabajadores

Los Panteras Negras y el ensalzamiento del lumpen en EEUU

Represión policial en los sesenta en Los Angeles
No es casualidad que la exaltación del lumpenproletariado por los grupos izquierdistas haya sido acompañada por el nacionalismo y todo tipo de desviación de la clase. El Partido de los «Panteras Negras», presentado por los grupos izquierdistas como ejemplo de militancia antirracista y anticapitalista, nos muestra con claridad cómo la exaltación del lumpenproletariado está indeleblemente conectada al abandono del proletariado en general.

Como es sabido, las «Panteras Negras» nacieron en un contexto en el que el movimiento por los derechos civiles en Estados Unidos había logrado la abolición legal de la segregación racial, pero no había conseguido acabar con la violencia estatal ni con la insidiosa discriminación racial. Algunos obreros negros se mudaron al barrio de Watts [Los Angeles, California] en los años veinte, en un contexto en el que los obreros negros eran excluidos de la obtención de hipotecas en barrios de la mayoría blanca. Significativamente, en 1945 el 80% de los residentes de Watts eran negros1. Durante la Segunda Guerra Mundial muchos trabajadores negros habían migrado a las ciudades del norte y el oeste de EEUU para conseguir trabajo en la industria bélica. Después de la guerra se quedaron sin trabajo y sus barrios y ciudades, entre ellos Watts, sufrieron pauperización y lumpenización2.

Algaradas en Watts en 1965
Las fuerzas represivas de Los Ángeles vigilaban de cerca barrios como Watts en los sesenta. Entre 1962 y 1965 asesinaron a sesenta y cinco personas. A veintisiete de los muertos les dispararon por la espalda, veinticinco de ellos estaban desarmados, veintitres eran sospechosos de crímenes no violentos, y cuatro no fueron sospechosos de ningún crimen3. Los residentes de Watts vivían aterrorizados por el estado. Como resultado, en 1965 estallaron disturbios. Su causa inmediata fue un altercado entre la policía y la familia de Marquette Frye, que había sido detenido por conducir ebrio. El detonante fue la propagación de rumores que aseguraban que los policías habían golpeado una mujer embarazada. Pero la causa más profunda de las algaradas masivas de Watts era la persistente tensión entre la policía y los vecinos.

Saqueos en Ferguson en 2015
Del mismo modo, la causa de los disturbios en Ferguson no fue un incidente aislado. El asesinato de Michael Brown fue el detonante de los disturbios, pero estos fueron, en última instancia, producto de la constante violencia estatal contra los vecinos. Tanto el proletariado como el lumpenproletariado, eran y continúan siendo víctimas de la represión estatal.

En Watts en 1965 como en Ferguson en 2014 los disturbios fueron producto de la constante violencia estatal contra los vecinos: lumpen y trabajadores sufren esa violencia. Lo que no significa que tengan los mismos intereses.

«Soldados» del «Comando Vermelho» organización político-criminal lumpen en Brasil.
Pero, a diferencia del lumpenproletariado, el proletariado tiene como tarea histórica tomar el poder político, derrocar al capital, y crear una sociedad realmente humana. El proletariado es la única clase en la historia que tiene esa capacidad y esa misión. Lo que implica que la clase obrera es la clase que tiene en sus manos el porvenir del mundo entero. El capital es un parásito, un vampiro, que vive y crece mediante la explotación de su anfitrión: el proletariado. El proletariado, la clase que no tiene nada que perder ni nada que la una al capital porque ha sido desposeída de todo menos de su fuerza de trabajo, mira hacia el futuro. Pero el lumpenproletariado, como la burguesía, vive una vida parasitaria que se nutre de la degeneración de la sociedad. Los traficantes de drogas, los proxenetas, los ladrones, las bandas y maras, etc., no persiguen el futuro sino la destrucción. No comparten el mismo interés de clase que el proletariado y por esa razón, el lumpen no puede ser el aliado del proletariado en su misión de abatir el mundo capitalista.

Los traficantes de drogas, los proxenetas, los ladrones, las bandas y maras, etc., no persiguen el futuro sino la destrucción. El lumpen no puede ser un aliado del proletariado en la superación del mundo capitalista.

La relación entre trabajadores y lumpen en la Historia

Desde los primeros momentos del movimiento obrero, la caracterización del lumpen ha estado clara para los revolucionarios.

El lumpenproletariado, ese producto pasivo de la putrefacción de las capas más bajas de la vieja sociedad, puede a veces ser arrastrado al movimiento por una revolución proletaria; sin embargo, en virtud de todas sus condiciones de vida está más bien dispuesto a venderse a la reacción para servir a sus maniobras.

Carlos Marx y Federico Engels. Manifiesto Comunista, 1847

El lumpemproletariado, esa escoria integrada por los elementos desmoralizados de todas las capas sociales y concentrada principalmente en las grandes ciudades, es el peor de los aliados posibles. Ese desecho es absolutamente venal y de lo más molesto. Cuando los obreros franceses escribían en los muros de las casas durante cada una de las revoluciones: «Mort aux voleurs!» ¡Muerte a los ladrones!, y en efecto fusilaban a más de uno, no lo hacían en un arrebato de entusiasmo por la propiedad, sino plenamente conscientes de que ante todo era preciso desembarazarse de esta banda. Todo líder obrero que utiliza a elementos del lumpemproletariado para su guardia personal y que se apoya en ellos, demuestra con este solo hecho que es un traidor al movimiento.

Federico Engels. Prefacio a La guerra campesina en Alemania.

Izquierdismo y lumpen

El anarquismo desde sus orígenes ensalzó al lumpen y pintó la revolución como una orgía de destrucción urbana.
Sin embargo, a pesar de que Marx, Engels, e incluso los marxistas que protagonizaron el movimiento obrero a principios del siglo XX como Rosa Luxemburgo o Lenin, hayan definido el lumpen en estos términos, los izquierdistas piensan que el lumpen y su actividad merecen el apoyo de los comunistas e incluso defienden que tienen la capacidad de jugar un papel revolucionario.

No es casualidad que los mismos izquierdistas que renegaron del internacionalismo idolatren al lumpenproletrariado, su forma de ser, y sus actividades.

En el mismo sentido que el nacionalismo reemplaza al proletariado como el sujeto revolucionario y sus intereses por la nación, esa falsa comunidad que representa en realidad los intereses del capital nacional, la exaltación del lumpenproletariado también lleva consigo el abandono de la clase.

Porque, a pesar de que muchos trabajadores han sido convertidos en lumpenproletarios por «un capitalismo que ya ni siquiera tiene capacidad para explotarnos a todos»4, los lumpen no tienen la capacidad de ganar una consciencia de clase.

Bandas protegiendo de los saqueos a los comercios que extorsionan en Ferguson
Por eso, aunque los lumpenproletarios puedan rebelarse en contra de la policía durante los disturbios, no están tampoco interesados en que el proletariado tome el control de los barrios. Lo que realmente importa para los lumpenproletarios es su capacidad de seguir sus negocios ilegales.

Aunque puedan alcanzar «treguas» durante los disturbios y rebelarse contra la policía, el lumpen -bandas, maras, mafias- no quiere el control de los trabajadores, sino seguir sus negocios ilegales

Las bandas y maras, esa amenaza terrible para la vida cotidiana de los trabajadores y su actividad, pueden seguir la consigna «las vidas negras importan» y llegar a treguas temporales5, pero jamás apoyarían a la clase obrera en la toma del poder político. Las bandas jugaron un papel importante en los disturbios de Watts: operaron juntas y coordinaron sus actividades durante los disturbios. No es casualidad que grupos nacionalistas negros como «Nación del Islam» y el Partido de las «Panteras Negras» hayan aceptado miembros de bandas6. La toma del poder político es el primer paso y la única forma de acabar de raíz con la violencia estatal que amenaza la vida cotidiana de los trabajadores. La única forma de acabar con la violencia de un capitalismo decadente que sigue empeorando las condiciones de vida e incluso amenaza con arrasar el planeta.

La toma del poder político es el primer paso y la única forma de acabar de raíz con la violencia estatal que amenaza la vida cotidiana de los trabajadores.

El partido de las «Panteras Negras»

Panteras negras
El Partido de las Panteras Negras arrancó como una organización de autodefensa en un contexto de violencia estatal y discriminación racial. En su corta existencia como organización, evolucionó adaptándose a los cambios que le vinieron impuestos. Sus interpretaciones del nacionalismo, socialismo, etc., han cambiado a lo largo de los años. Al principio era un partido nacionalista negro, luego un partido «nacionalista revolucionario», luego un partido supuestamente internacionalista, y finalmente un partido «intercomunitarista».

Empezó definiéndose sobre el nacionalismo negro, inspirado por Marcus Garvey y Franz Fanon. Al mismo tiempo, era un partido supuestamente socialista y contrario al «capitalismo negro». Pero el nacionalismo es completamente opuesto al socialismo. El nacionalismo oscurece las relaciones entre clases que son antagónicas en el capitalismo uniéndolas bajo la bandera de la «nación».

En una sociedad de clases, «la nación» como entidad sociopolítica homogénea no existe. Más bien, existen dentro de cada nación, clases con intereses antagónicos y «derechos». No hay literalmente una sola área social, desde las relaciones materiales más groseras hasta las morales más sutiles, en las que la clase poseedora y el proletariado con consciencia de clase tengan la misma actitud, y en las que aparezcan como una entidad «nacional» consolidada

Rosa Luxemburgo. La cuestión nacional, 1903.

El partido de los «Panteras negras» exaltó el identitarismo racial y el militarismo glorificando explícitamente al lumpen en sus mensajes políticos.
Además, la nación no podría existir en una sociedad sin clases, sin el estado, sin la necesidad de aumentar el capital… La nación, ese matadero que toma como víctima a la clase obrera, no podría existir en el comunismo, en un mundo realmente humano en el que la alienación de la Humanidad y la Naturaleza han sido abolidos. Así que no es posible conciliar el socialismo, el mundo que se está liberando de la opresión, con la nación cuando, «Tras la bandera nacional solo se desfila hacia la muerte y la miseria»7. Comparemos con la versión corta del texto original del «Programa de 10 Puntos» de las Panteras Negras.

  1. Queremos libertad. Queremos el poder para determinar el destino de la comunidad negra
  2. Queremos pleno empleo para nuestro pueblo.
  3. Queremos el fin del robo a nuestra comunidad negra por el hombre blanco.
  4. Queremos vivienda decente, adecuada para alojar a los seres humanos.
  5. Queremos educación para nuestro pueblo que muestre la verdadera naturaleza de esta decadente sociedad americana. Queremos una educación que nos enseñe nuestra verdadera historia y nuestro papel en la sociedad de hoy.
  6. Queremos que todos los negros sean exentos del servicio militar.
  7. Queremos un cese inmediato a la BRUTALIDAD POLICIAL y a los ASESINATOS de gente negra.
  8. Queremos libertad para todos los hombres negros recluidos en las prisiones federales, estatales y locales.
  9. Queremos que toda la gente negra llevada a juicio sea procesada por un jurado compuesto de sus iguales, es decir, gente de su comunidad negra, tal y como viene definido en la Constitución de los Estados Unidos.
  10. Queremos tierra, pan, vivienda, educación, ropa, justicia y paz. Y, como nuestro mayor objetivo político, un plebiscito supervisado por Naciones Unidas a celebrar en toda la colonia negra, en el cual solo los sujetos coloniales negros puedan participar, para el propósito de determinar la voluntad del pueblo negro, así como su destino nacional.

Manifestacion por la liberacion de Huey P Newton uno de los fundadores de los «Panteras Negras»
El primer punto, «queremos el poder para determinar el destino de la comunidad negra» está basado en el concepto del «derecho de las naciones a la autodeterminación». La idea trás el concepto de «comunidad negra», es que hay una comunidad, basada en la raza, que une la burguesía y el proletariado y que comparte los mismos intereses. Para las Panteras Negras, habría una «comunidad negra», que incluiría al lumpenproletrariado junto al proletariado y que compartiría los mismos intereses políticos. En esta versión de su programa, «el hombre blanco» roba a la «comunidad negra». La realidad de la explotación capitalista ha sido ocultada bajo la alfombra de la raza. La clase obrera, los obreros de cualquier color, no tienen ningún interés verdadero en una comunidad falsa como la de la nación.

Cuando hablamos del «derecho de las naciones a la autodeterminación», estamos utilizando el concepto de la «nación» como una entidad social y política homogénea. Pero en realidad, tal concepto de «nación» es una de esas categorías de ideología burguesa que la teoría marxista sometió a una revisión radical, mostrando cómo ese velo nebuloso, como los conceptos de «libertad de los ciudadanos», «igualdad ante la ley», etc., oculta en todos los casos un contenido histórico definido.

Rosa Luxemburgo. La cuestión nacional, 1903.

La idea tras el concepto de «comunidad negra», es que hay una comunidad, basada en la raza, que une a la burguesía, el proletariado y el lumpen negros y que comparte los mismos intereses.

El programa de 10 puntos de los Panteras Negras (1966)
En la versión siguiente de los «Puntos del programa», el tercer punto se modificó por «Queremos el fin del robo a nuestra comunidad negra por el capitalista». Este cambio del «hombre blanco» por «el capitalista» no podía corregir el error fundamental. Las Panteras Negras no han reconocido jamás durante su existencia que no existe una «comunidad negra» que comparta los mismos intereses políticos [por encima de las clases sociales].

Es cierto que su nacionalismo entró en conflicto con el nacionalismo de otros grupos nacionalistas negros. Es cierto, que en algún punto de su historia, el «nacionalismo revolucionario» del partido de las Panteras Negras estaba en conflicto con el nacionalismo cultural de otros grupos, como dice Bobby Seale en Seize the Time:

Los nacionalistas culturales y los Panteras Negras están en conflicto en muchas áreas. Básicamente, el nacionalismo cultural ve al hombre blanco como el opresor y no hace distinción entre blancos racistas y blancos no racistas, como hacen los Panteras. Los nacionalistas culturales dicen que un hombre negro no puede ser enemigo del pueblo negro, mientras que los Panteras creen que los capitalistas negros son explotadores y opresores. Aunque el Partido Pantera Negra cree en el nacionalismo negro y la cultura negra, no cree que ninguno de los dos conduzca a la liberación de los negros o al derrocamiento del sistema capitalista, y por lo tanto son ineficaces.

Eldridge Cleaver antes de dar un meeting en la «American University» en 1968
Sin embargo, los Panteras Negras creían que existía una comunidad negra, que no solamente incluía los obreros negros, sino también al lumpenproletrariado, que supuestamente compartía el interés por derrocar el sistema capitalista. Según Eldridge Cleaver, él mismo un «Pantera Negra» que violó mujeres blancas porque creía que era «revolucionario» (para lo que había «practicado» violando mujeres negras) y que se convirtió luego en mormón y adhirió al Partido Republicano (el «Great Old Party» o «GOP»):

El lumpenproletariado son todos aquellos que no tienen ninguna relación segura o interés en los medios de producción y las instituciones de una sociedad capitalista. Aquella parte del «Ejército de Reserva Industrial» que se mantiene en reserva perpetuamente, que nunca ha trabajado y nunca lo hará, que no puede encontrar trabajo; que no está cualificada ni en condiciones de hacerlo; que ha sido desplazada por las máquinas, la automatización y la cibernetización, y que nunca consiguieron mantener su puesto de trabajo o recibir nuevo formación para ello; todos aquellos que reciben ayuda social o estatal.

También los llamados «elementos criminales», aquellos que viven de su ingenio, que existen de lo que roban, que ponen armas en las caras de los empresarios y dicen, «¡Manos arriba!» o «¡Ríndanse!». Aquellos que ni siquiera quieren trabajar y no fichan en el trabajo que les da un cerdo [policía], que prefieren golpear a un cerdo en la boca y robarle antes que fichar y trabajar para él, aquellos a quienes Huey Newton llama «los capitalistas ilegítimos». En resumen, todos aquellos que simplemente han sido excluidos de la economía y privados de su legítimo patrimonio social.

Lo que las «Panteras negras» llamaban internacionalismo era el apoyo a los capitalismos de estado totalitarios de Corea del Norte, Vietnam y China.
Es muy patente que Cleaver estaba ensalzando la actividad del lumpenproletariado. Su actividad egoísta e individualista significaba para él una rebelión contra el Estado. Pero en realidad es todo lo contrario. La rebelión del lumpenproletariado en contra de la autoridad estatal tiene sus límites debido a la naturaleza de su posición en el capitalismo. Como los lumpen son incapaces de tener una verdadera consciencia de clase y están aún menos interesados en la toma del poder político del proletariado, su actividad siempre estará restringida a saqueos y disturbios. Pero las Panteras Negras, además de ensalzar la actividad del lumpemproletariado, también extendieron la definición. En su definición están incluidas las personas que reciben ayuda social o estatal, aunque recibir asistencia social en realidad no califique a nadie como lumpen.

La concepción de «comunidad negra» siempre existió en los Panteras Negras, incluso durante su fase supuestamente internacionalista. No es sorprendente que el Partido que creía que el lumpenproletrariado era «la vanguardia del proletariado»8 fuera el mismo que creía que el internacionalismo consistía en apoyar a los estados capitalistas que se pretendían socialistas como Cuba, Corea del Norte, Vietnam, o Argelia. Este «internacionalismo» era, en realidad, una traición al verdadero internacionalismo obrero.

El Partido que creía que el lumpenproletrariado era «la vanguardia del proletariado» era el mismo que llamaba internacionalismo a apoyar los capitalismos totalitarios de Cuba, Corea del Norte, Vietnam, China o Argelia

La «Coalición Arcoíris»

Young Patriots junto a Panteras Negras y Young Lords, durante una rueda de prensa en 1969
Por otro lado, la «Coalición Arcoíris», creada por Fred Hampton, tampoco representa un ejemplo de internacionalismo verdadero. La «Coalición Arcoíris» fue una alianza de varios grupos izquierdistas con raíces en el lumpenproletariado. Los «Young Lords», cuyos miembros eran mayoritariamente puertorriqueños, fue unas de ellas y comenzó como una banda barrial en West Lincoln Park y Humboldt Park en 1959. Los «Jóvenes Patriotas» también comenzaron como banda pero, a diferencia de los «Young Lords», la mayoría de sus miembros eran blancos de los Apalaches9.

A muchos izquierdistas les encanta citar a Fred Hampton y sus comentarios sobre la coalición y la revolución proletaria.

No creemos que se combata mejor el fuego con fuego; creemos que se combate mejor el fuego con agua. Vamos a luchar contra el racismo no con racismo, sino con solidaridad. Decimos que no vamos a luchar contra el capitalismo con el capitalismo negro, sino que vamos a luchar con el socialismo. Nos hemos levantado y hemos dicho que no vamos a luchar contra cerdos [policías] y abogados reaccionarios del estado como éste y abogados reaccionarios del estado como Hanrahan sin ninguna otra respuesta por nuestra parte. Lucharemos contra sus reacciones con todos los que nos unamos y hacemos una revolución proletaria internacional.

Logo de los «Young Lords» con lema nacionalista portorriqueño
Aunque suene bien, esta coalición no fue un ejemplo de nada realmente internacionalista. Los «Young Lords» eran una organización abiertamente nacionalista. Creía en el nacionalismo portorriqueño, en otras palabras, querían la independencia portorriqueña de los Estados Unidos. Apropiadamente, su símbolo era la bandera de Puerto Rico. Los «Jóvenes Patriotas» mantuvieron un cierto tipo de nacionalismo también. Aunque no abrazaran el nacionalismo blanco, utilizaban sus símbolos: parches con la bandera confederada en su ropa y se llamaban a sí mismos «nacionalistas montañeses» («hillbilly nationalists»).

La actividad de las diferentes organizaciones consistía en cada quién defendiendo su «propia comunidad» a través del activismo de sus servicios sociales como el programa de desayuno gratuito, algo que copiaron del Partido de los Panteras Negras. Cada organización también tenía su propio programa de diez puntos que diferían según la organización. Las consignas de «poder», «poder negro», «poder marrón», e incluso, «poder blanco» no transcienden las divisiones de la clase obrera sino que la reducen a un fetiche. No es sorprendente que la misma lógica que da lugar al nacionalismo negro y portorriqueño diera lugar al identitarismo blanco y «hillbilly.»

Decimos todo Poder al Pueblo – Poder Negro al Pueblo Negro y Poder Marrón al Pueblo Marrón, Poder Rojo al Pueblo Rojo y Poder Amarillo al Pueblo Amarillo. Decimos Poder Blanco a la Gente Blanca»10

«Rising Up Ungry»
Tampoco es sorprendente que el «obrero», desde este punto de vista se convierta en una más de las millones de identidades. La organización «Rising Up Angry», inspirada por las Panteras Negras y seguidora de su modelo, es un ejemplo de esta tendencia, donde la supuesta «cultura» de la clase obrera fue celebrada y fetichizada. La Coalición Arcoíris funcionaba como una coalición compatible con la «interseccionalidad» no como una organización verdaderamente internacionalista y proletaria.

En la «coalición arcoíris» el internacionalismo había sido sustituido por una confederación de nacionalismos identitarios: «poder negro», «poder marrón», «poder amarillo», e inevitablemente... «poder blanco».

Huey Newton en una postal de propaganda de las «Panteras Negras»
En la fase final de las Panteras Negras, Huey Newton creó la teoría del «intercomunitarismo», que presentó en el colegio de Boston. En esta teoría confusa, Huey ha declarado que los Estados Unidos se han convertido en un imperio y que el resto del mundo está constituido por «comunidades». Newton concluye que por esta razón la categoría nación se ha vuelto inútil y por eso, el Partido de los Panteras Negras se ha convertido en un partido «intercomunitarista» en vez de un partido internacionalista. No es difícil ver que esta teoría empeoró su ya pobre comprensión del capitalismo. Convierte a los estados, cada uno con su propia burguesía y proletariado, incluyendo a los estados supuestamente socialistas como Cuba o Corea del Norte, en comunidades homogéneas con los mismos intereses materiales. El imperialismo se ha convertido en «intercomunitarismo reaccionario» y el internacionalismo se ha convertido en «intercomunitarismo revolucionario».

Es el colmo, pero no sorprendente, que haya izquierdistas que alaben esta teoría que no podría aportar más que confusión y oportunismo a la clase obrera. Según ésta teoría, el proletariado, llegado el momento, se convertiría en lumpenproletrariado:

En este país, el Partido de los Panteras Negras, tomando cuidadosa nota del método dialéctico, tomando cuidadosa nota de las tendencias sociales y la naturaleza siempre cambiante de las cosas, ve que mientras que los lumpenproletarios son la minoría y los proletarios son la mayoría, la tecnología se está desarrollando a un ritmo tan rápido que la automatización progresará a la cibernetización, y la cibernetización probablemente a la tecnocracia. Cuando llegué a la ciudad vi al MIT por el camino. Si el círculo dominante permanece en el poder, me parece que los capitalistas continuarán desarrollando su maquinaria tecnológica porque no están interesados en el pueblo. Por lo tanto, espero de ellos la lógica que siempre han seguido: hacer tanto dinero como sea posible, y pagar a la gente lo menos posible – hasta que la gente exija más, y finalmente exija sus cabezas. Si la revolución no ocurre casi inmediatamente, y digo casi inmediatamente porque la tecnología está dando saltos (dio un salto hasta la Luna), y si el círculo gobernante sigue en el poder, la clase obrera proletaria definitivamente estará en declive porque serán inempleables y por lo tanto engrosarán las filas de los lumpen, que son los desempleados actuales. Todos los trabajadores están en peligro por el círculo dominante, por eso decimos que los lumpenproletarios tienen el potencial para la revolución, probablemente llevarán a cabo la revolución, y en un futuro cercano serán la mayoría popular.

Marx esbozó un duro proceso de desarrollo de la sociedad. Dijo que la sociedad va de una estructura de clase esclavista a una estructura de clase feudalista, a una estructura de clase capitalista, a una estructura de clase socialista y finalmente al comunismo. O, en otras palabras, del estado capitalista al estado socialista y al no estatal: el comunismo. Creo que todos estamos de acuerdo en que la clase esclava en el mundo se ha transformado virtualmente en la esclava asalariada. En otras palabras, la clase esclava en el mundo ya no existe como una fuerza significativa, y si estamos de acuerdo con eso podemos estar de acuerdo en que las clases pueden ser eliminadas. Si esto es así, si la clase esclava puede desaparecer y convertirse en otra cosa -o no desaparecer, sino simplemente transformarse- y asumir otras características, entonces también es cierto que los proletarios o la clase obrera industrial pueden desaparecer. Por supuesto, la gente no desaparecería; sólo asumirían otros atributos. El atributo que me interesa es el hecho de que pronto el círculo gobernante no necesitará a los trabajadores, y si el círculo gobernante está en control de los medios de producción, la clase obrera se convertirá en desempleados o en lumpen. Eso es lógico; eso es dialéctico. Creo que sería un error decir que sólo la clase de esclavos podría desaparecer.

Call center en Madrid
Este análisis malinterpreta como funciona en realidad el capitalismo. Ni la burguesía ni el capitalismo podrían existir si la totalidad de la clase obrera se convirtiera en lumpen. ¿Por qué? Porque el capital es un parásito, un vampiro, que vive y se reproduce mediante la explotación de su anfitrión: el proletariado. La sangre vital del capital es el trabajo vivo del proletariado. El capital se apropia la plusvalía extraída del proletariado y utiliza esa plusvalía no solamente para enriquecerse, sino para invertir el capital de nuevo en el proceso de producción y mantener el ciclo vital del capital. Este funcionamiento del capital es esencial y no importa que la lumpenización exista o esté aumentando. El capital nunca podrá vivir sin la clase obrera y es ahí precisamente donde reside el poder de la clase obrera.

La teoría final de los «Panteras Negras» se basaba en la perspectiva de que todo el proletariado se convertiría en lumpen... sin entender, por su propia naturaleza social, que el capital no puede reproducirse sin trabajadores.

Trabajadores textiles en una de las fábricas de las zonas francas de Nicaragua.
Los izquierdistas ensalzan al lumpenproletrariado porque socavan la capacidad del proletariado y niegan su papel histórico. La exaltación del lumpenproletrariado, si se produjera en el partido de clase, revelaría una carencia, una falta de conexión entre el partido, compuesto de militantes que son parte la clase, y el resto de la clase trabajadora. Al final, este ensalzamiento solo podría deberse al abandono y traición de la clase revolucionaria. No es sorprendente que a menudo la exaltación del lumpen aparezca unida al nacionalismo. El lumpenproletrariado, como el nacionalismo, es enemigo de la clase obrera. La clase no podría independizarse como clase y tomar el poder político si dependiera del apoyo del lumpenproletariado.

Los izquierdistas ensalzan al lumpen porque socavan la capacidad del proletariado y niegan su papel histórico. No es de extrañar que la combinación vaya muchas veces de la mano del nacionalismo y el identitarismo.

Notas


1. Joshua Bloom and Waldo E. Martin Jr., Black Against Empire: The History and Politics of the Black Panther Party (Los Angeles, California: University of California Press, 2013) 55-58

2. Ibid, 56

3. Ibid, 59

4. Proletariado, Xenofobia, y Lumpenización. Nuevo Curso (blog), 15 de agosto, 2018

5. Brianna Provenzano, «Bloods and Crips Stand Together in Solidarity During Atlanta Black Lives Matter Protests» Mic Network Inc, July 8, 2016,

6. Gerald Horne, Fire this Time: The Watts Uprising and the 1960s (Charlottesville: University Press of Virginia, 1995), 195-196

7. «Crisis en Nicaragua». Nuevo Curso (blog), 19 de julio, 2018

8. Chris Booker, «Lumpenization: A Critical Error of the Black Panther Party», in The Black Panther Party (reconsidered), ed. by Charles Earl Jones (Baltimore: Black Classic Press, 1998), 345

9. Gordon K. Mantler, Power to the Poor: Black-Brown Coalition and the Fight for Economic Justice (1960- 1974) (North Carolina: The University of North Carolina Press, 2013), 231

10. Charles E. Jones and Judson L. Jeffries «Don’t Believe the Hype: Debunking the Panther Mythology», in The Black Panther Party (reconsidered), ed. by Charles Earl Jones (Baltimore: Black Classic Press, 1998), 39

 
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