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¿Nuevas elecciones?

15 de septiembre, 2019 · Actualidad> Europa> España

España como autómata. La fantasía mecánica y con panel de mandos de la burguesía española en una obrra del artista Raúl Arias.

Todo en las noticias españolas apunta a una nueva convocatoria electoral. Bien tras la llamada del rey esta semana, bien tras otro psicodrama con Podemos, C’s y los nacionalistas catalanes y vascos en el Parlamento. Sánchez ha tirado el órdago: gobierno monocolor o nuevas elecciones. La gran patronal y la pequeña, los think-tanks y los bancos, le dan crédito para que doble apuestas y juegue la mano a su gusto. ¿De qué depende y a qué llevaría una nueva convocatoria electoral?

Si la burguesía española es más sanchista que nunca no es porque haya sido seducida por el supuesto carisma del presidente en funciones, sino porque entiende que Sánchez le ofrece una salida. Al modo característico de un capitalismo de estado actual y de forma cada vez más abierta, durante los últimos dos años han dibujado una cierta «hoja de ruta» que a estas alturas es ya un consenso en la clase dirigente.

La hoja de ruta del capital español

¿Ha sido todo un paréntesis para erosionar a Podemos y C’s?

Sánchez e Iglesias

La idoneidad de unas nuevas elecciones se evalúa y mide, más o menos explícitamente, contra esta hoja de ruta en decenas de artículos y editoriales que hoy llenan los dominicales. Sánchez cree que los meses de mareo y negociaciones Podemos-PSOE han debilitado a Podemos en la «batalla por el relato». La oferta de un «gobierno a prueba» de un Iglesias que teme una descomposición general de sus fuerzas, lo corrobora. Tanto es así que una parte del entorno del presidente le asegura que unas nuevas elecciones servirían para ampliar el peso de PSOE, debilitar a Podemos y C’s y con un poco de suerte librarse de los independentistas como bisagra necesaria para componer mayorías. No es que el punto uno de la hoja de ruta se pueda dar por saldado, pero Sánchez habría abierto una vía de escape a la impotencia política de la burguesía española.

Por otro lado, seguramente con demasiado optimismo, el desánimo y la caída de la participación en la Diada y la reorientación de la estrategia de ERC -consolidar fuerzas en espera de una situación global más favorable a ganar aliados imperialistas– hacen pensar al núcleo central de la burguesía corporativa -la más cercana a Sánchez- que el independentismo catalán ya no es un peligro existencial. Es decir, que la sentencia del juicio del «procés» puede generar movilizaciones de protesta, pero que por mucho que sean jaleadas en la prensa internacional, no tendrán consecuencias reales más allá, quizás, de unas nuevas elecciones catalanas. Nada grave y en cualquier caso algo a «resolver en su momento».

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Participación de los salarios en la renta española desde 1978 (incluyendo participaciones de beneficios disfrazadas de salarios). La participación del trabajo solo crece cuando el capital sufre un crack y aun no han tenido tiempo de atacar aun más a los salarios.

Sin embargo, en la «hoja de ruta» del capital español zurzir el aparato político es solo un instrumento para poder tomar medidas «de calado» con las que enfrentar la amenaza de recesión a costa de los trabajadores. Sánchez tiene un «buen track record» de propuestas y sobre todo se ha demostrado un maestro en envolverlas para que no generen respuesta por los trabajadores. Es su gran fuerte, el motivo por el que es amado por la clase dirigente española.

Los «aciertos» de Sánchez para la burguesía española

…A contrarreloj con la recesión y el Brexit

Lo que estamos viendo, el apoyo de CEOE, CEPYME, el Círculo de Empresarios y demás a una nueva convocatoria electoral significa que les gusta tanto la línea Sánchez que están dispuestos a arriesgarse a que los tiempos no den. La mayor parte de la burguesía corporativa comparte esa idea. La alta burocracia del aparato del estado no tanto. Y esa es la verdadera «duda». «El País» resume la alternativa sobre si convocar elecciones o no como,

la opción entre abordar el Brexit, la sentencia contra los líderes independentistas catalanes y la eventualidad de una nueva recesión económica con un Gobierno débil o hacerlo inmersos en una campaña electoral.

Pero hay un elemento más. Buena parte del éxito electoral de Sánchez se debió a haber inflado a Vox como si fuera «la amenaza fascista» con posibilidades de gobierno. Pero todos esos tenderos y gasolineros de provincias, catolicones y fachas, habían adorado a Aznar y conservaban su programa neoliberal. Como decían las encuestas y probaron los resultados electorales, no estaban arrastrando masas descontentas y menos aún a una base amplia de trabajadores. Sus viejos compañeros del PP y hasta los recién llegados de C’s demostraron una notable capacidad para torearlos y diluirlos en los juegos de alianzas que siguieron a las municipales. Vox, perdido el foco mediático continuo -dan espectáculo pero no renuevan guión ni vestuario así les maten- se evidencia como la sigla del ala bruta, pero medrosa, del PP de toda la vida. Hasta les dio miedo ir a las europeas o sentarse en Estrasburgo con Salvini. Nada nuevo. Nada encomiable. Pero tampoco nada tan temible como para invisibilizar todo lo demás.

Es difícil jugar el mismo farol dos veces. Hasta para el cansino y repetitivo Sánchez. Así que los sondeos muestran «desmovilización». Es decir, muchos trabajadores que votaron al PSOE para «evitar el mal mayor», ya no se creen «el relato» o al menos el gancho del miedo. Y eso les genera «inquietud».

En cualquier caso, una abstención grande sería un nuevo estorbo para la burguesía española, pero por sí misma tampoco mostraría fuerza por parte de los trabajadores. Lo importante, tanto para ellos como para nosotros, está en las condiciones de vida y de trabajo. Cuando agitan frente a los ojos una nueva feria electoral de lo que se trata es de no perder el Norte.

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La idoneidad de unas nuevas elecciones se evalúa y mide, más o menos explícitamente, contra una hoja de ruta que culmina en el desguace de las pensiones y el estatuto del trabajador
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La alta burocracia del estado tiene más dudas: teme enfrentar con un gobierno frágil un resurgir del independentismo catalán, el impacto -no solo económico- del Brexit y una recesión
El resultado en las pasadas elecciones de Sánchez le debe mucho a Vox. Pero es difícil jugar el mismo farol dos veces y los sondeos muestran «desmovilización» electoral
Una abstención grande sería un nuevo estorbo para la burguesía española, pero por sí misma tampoco mostraría fuerza por parte de los trabajadores.
Lo importante, tanto para ellos como para nosotros, está en las condiciones de vida y de trabajo. Cuando agitan frente a los ojos una nueva feria electoral de lo que se trata es de no perder el Norte