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No son solo los datos de empleo

4 de febrero, 2020 · Actualidad> Europa> España

El Consejo de Ministros aprobará hoy el alza del SMI y el congreso de los diputados convalidará el decreto de actualización de pensiones. Pero al optimismo de los titulares se opone la crudeza de los datos de empleo que también se publicaron hoy: son los peores desde 2013 en un mes de enero, con 244.044 empleos destruidos. Peor aun, las primeras medidas «anti-crisis» del nuevo gobierno transfieren rentas en masa de los salarios al capital. Y vienen más.

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Como podemos ver en los gráficos de arriba, 2019 fue un año agónico para el capital europeo en su conjunto… y para el español también. La acumulación está en crisis globalmente con tasas de rentabilidad del capital exiguas y tasas de crecimiento del PIB bajas o muy bajas. El práctico estancamiento de los números macro y los bajos tipos de interés encubre solo parcialmente los resultados de una recesión industrial. Para el capital español eso se traduce en pocas o ninguna esperanza de alivio desde el exterior. Sus intereses imperialistas están en retirada en Sudamérica y cada vez más incómodos en Europa.

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Bajemos los datos al empleo y a España. Enero es siempre un mes «malo» porque acaban los contratos de la campaña de Navidad, es cierto. Por eso comercio (con 43.057 empleos menos) y Hostelería (con 42.987) se llevan la peor parte. Pero es que este año el fin de los contratos navideños dejó en paro a 90.248 personas, más que ningún otro año desde 2014 y la Seguridad Social perdió hasta 244.044 afiliados el peor dato desde 2013. Pero es que hasta para la más entusiasta prensa económica está claro que enero marca un cambio de rumbo cualitativo:

Pero más allá del pico estacional, el mercado laboral ha arrancado 2020 con una pérdida de brío notable. Y es que si hace exactamente un año, en enero de 2019, el paro se reducía a un ritmo anual del 5,5% ahora lo hace a menos del 1%. Esto significa que el desempleo se ha reducido en solo 31.903 personas en los últimos 12 meses. Y por el lado de la afiliación, si hace un año crecía casi al 3% anual ahora avanza a menos del 2%, lo que implica que se pasa de crear más de medio millón de empleos en un ejercicio a menos de 350.000 (en concreto, 345.194).[…] En cuanto a la evolución de la contratación, tampoco es positiva: en los 31 días del mes de enero se realizaron 1.764.837 contratos, un 5% menos que en el mismo periodo de hace un año. De todos esos contratos, apenas 178.978 fueron de carácter indefinido, es decir el 10,1% del total, con un descenso del 1,3% respecto a enero del año pasado.

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Uno de los indicadores que muestran con más claridad la crisis industrial que hay debajo de los datos es que la industria no solo pierde empleo sino que no absorbe trabajadores migrantes. Otro la caída del consumo eléctrico de las grandes empresas. Los llamados «consumidores electrointensivos» son parte fundamental del «core» del capital español: facturan 107.000 millones de euros al año, emplean a 220.000 trabajadores y suponen un 12% del PIB.

La política del gobierno para apuntalar la rentabilidad de la gran industria no deja dudas de en qué consisten las políticas anti-crisis que vienen: rebajas de coste energético de hasta el 85%. A primera vista supone una contradicción con el discurso de la «Transición verde», pero en realidad es su consecuencia directa y adelanta sus consecuencias: transferencias masivas de rentas del trabajo al capital para animar la acumulación. Subir la factura eléctrica -de momento un 10% en enero– a los consumidores finales significa una bajada de salario por otros mediops para los trabajadores. Rebajar hasta un 85% el uso industrial significa encauzar esa bajada de salarios hacia la gran industria. ¿Con qué relato? Mejorar la inversión -y atraer nuevos capitales- hacia la transición verde y la eficiencia energética.

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Muy simbólicamente todo esto tiene lugar en simultáneo al gran espectáculo de apertura del curso parlamentario por el Rey que tuvo que lugar ayer. Tanto sobreactuaron en el despliegue de «unidad» que los de Podemos, poco acostumbrados a estos numeritos institucionales, acabaron siendo paródicos.

Pero no nos engañemos. Los cantos de «unidad nacional» se hacen por algo -la crisis de rentabilidad del capital- y para algo, aumentarla a nuestra costa. Ya preparan una jugada similar a la de la electricidad con el agua, ésta en beneficio de la pequeña burguesía y la industria agraria. Y el ataque a las pensiones sigue su curso. No se ha abierto solo el «curso parlamentario», se están abriendo mil frentes para erosionar y atacar nuestras condiciones de vida y de trabajo.