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No hay confinamiento real sin cierre de los centros de trabajo

16 de marzo, 2020 · Actualidad> Europa> España

Metro de Barcelona esta mañana

Demasiado tarde y demasiado poco, es la fórmula para que esta epidemia acabe diezmando a los trabajadores y sus familias. Tenemos que parar toda la producción no esencial para que el confinamiento sirva para algo. Y tenemos que parar los despidos disfrazados de «medidas de urgencia».

El confinamiento llegó demasiado tarde…

Comparando a partir del día 1 de la epidemia en cada país, España tiene más casos que ningún otro lugar.

Como denunciábamos hace una semana, la política de «normalidad» y «tranquilidad» que impulsó el gobierno Sánchez cuando la epidemia había arraigado ya era cuando menos insensata. Hace más de una semana, cuando la transmisión era ya comunitaria, tenía que haberse establecido el confinamiento, en su lugar se llamó a participar en las manifestaciones del 8M.

Los modelos epidemiológicos son muy claros: cuanto antes se establecen medidas de confinamiento radicales, antes se curva la trayectoria de contagios y, evidentemente, no es lo mismo curvarla tempranamente que hacerlo cuando ya se han masificado. Desde luego, no se podía alegar desconocimiento:

China nos ha dado tiempo. A pesar de su retraso inicial en reconocer lo que estaba pasando, en cuanto lo hizo tomó unas medidas muy drásticas que nos ofrecieron un mes para poder actuar. El problema es que la mayor parte del resto del mundo, incluido España, lo ha desperdiciado.

Muertes producidas por la epidemia de coronavirus a partir del día 1 en cada país.

Lo que no cabía era, como hizo el coro de propagandistas mediáticos, describir las medidas del gobierno como una reacción temprana. Si empezamos a contar los días por el comienzo de la epidemia, Italia ya había reaccionado no solo con menos radicalidad sino más tarde que China, pero España lo ha hecho aun más tarde que Italia:

Italia ya iba tarde respecto a China cuando decidió cerrar Lombardía. «Cuando China cerró la provincia de Hubei tenía 12 casos por millón. En ese momento ya reclutó médicos de todas las provincias y se puso a construir en total 16 hospitales. Fue un esfuerzo brutal, y aún así la mortalidad fue 30 veces superior en Hubei que en el resto de provincias», explica. «Es cierto que el sistema sanitario de España e Italia respecto a China es muchísimo más robusto, pero no tanto como para justificar semejante tardanza en la toma de decisiones. Cada día ahora cuenta más que nunca».

Resultado: si comparamos las cifras a partir del día uno de la epidemia en cada país, España es el lugar donde más rápidamente crece el número contagios y de muertes y que más muertes tiene en relación a la población contagiada.

… y es demasiado poco porque no afecta a los centros de trabajo

Autobus de Madrid esta mañana.

Lo que es aun peor, el confinamiento establecido no es tal cuando no se cierran los centros de trabajo. Confinar a la población salvo para trabajar es una elección deliberada que nos condena al horizonte italiano.

En Italia, que presume de tener el «mejor sistema sanitario público de Europa», los mayores de 80 años ya no son atendidos, sino dejados a su suerte porque el sistema hospitalario está ya colapsado. Los médicos italianos ahora dicen abiertamente que el gran aliado de la epidemia han sido los recortes de los años de la austeridad y que se llevaron por delante 150.000 camas de hospital y 46,000 trabajadores de la salud en poco más de una década. Llevan razón… en parte. Porque desde que se estableció el confinamiento son las fábricas y los grandes centros de trabajo el mayor foco de contagio. Hoy en Madrid, Sevilla, Valladolid o Barcelona es fácil entender por qué.

Y ya han empezado a aparecer mensajes de los trabajadores de algunas de las fábricas más importantes, denunciando la falta de condiciones.

¡Salvemos vidas, no inversiones!

Si la propagación se ha multiplicado es porque las prioridades de las burguesía y del gobierno se centran en mantener el orden social, evitar que el capital nacional se devalúe e intentar que la «normalidad» de la producción se mantenga por inercia. Su ideal es que obedezcamos acríticamente las consignas de cada momento y no nos preocupemos ni critiquemos sino que sigamos «unidos» hasta donde ellos estimen necesario a la producción de ganancias. No podemos aceptarlo. El riesgo para las familias trabajadoras y la población en general es demasiado alto. Por eso es el momento de ir a la huelga en todos los centros de trabajo que no estén dedicados a la producción esencial para exigir:

  1. El cierre de toda la producción no esencial y la puesta en marcha del confinamiento general
  2. Reversión de todos los despidos, tanto definitivos como temporales, y remuneración como baja médica a los trabajadores de todo el tiempo de confinamiento
  3. La extensión de las pruebas a toda la población con síntomas
  4. El refuerzo urgente de equipos médicos y sanitarios, y la puesta en marcha de estructuras y hospitales de emergencia en número suficiente para permitir la monitorización y aislamiento de los pacientes de riesgo

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