Diario de Emancipación | English

Merkel y las nacionalizaciones

4 de junio, 2019 · Actualidad> Europa> Alemania

Merkel en la feria de la industria alemana.

La industria alemana encara a Merkel y «exige» nacionalizaciones en sectores clave como la automoción. En el SPD el debate lleva abierto meses y la cantinela nacionalizadora parece que podría ser parte de la «renovación» que viene. ¿Nos volverán a intentar colar que las nacionalizaciones son «socialistas» o tienen algo que ver con el socialismo?

Colapso de pedidos industriales en Alemania

La situación del capital alemán no da para el entusiasmo. Ya confiesan abiertamente que los años de «recuperación» han acabado y que «comienza el descenso» pero el capital nacional dice sentirse fuerte. No da para tirar cohetes, la verdad. La ya eterna fusión entre Deutsche Bank y Kommerzbank toma las formas de una nacionalización cada vez menos encubierta. En un marco de soledad política el imperialismo alemán se siente cada vez más frágil. Se echa para atrás hasta de organizar unas olimpiadas y se echa a temblar solo con que Italia amenace con el bosquejo de una moneda paralela al euro.

¿Recolocando el SPD a la izquierda?

Kevin Kuhner

Tampoco es un momento de gloria para el aparato político de la burguesía alemana. La presión para convertir «lo verde» en bandera imperialista, manifestaciones de «unión sagrada» climática por delante, han tenido tanto éxito que de paso han culminado la renovación del aparato político con lo que ahora se juzga como demasiado ímpetu. A día de hoy Los verdes encabezan las encuestas nacionales, por encima incluso de la CDU de Merkel. La causa es que la delfín oficial de la canciller ha hecho aguas y la crisis de credibilidad del SPD está a punto de explosionar el partido… y el gobierno de coalición.

Desde las últimas elecciones, un sector del SPD, encabezado por el secretario de sus juventudes, Kevin Kühner, se proponía renovar el partido llevándolo hacia la izquierda. Las negociaciones con Merkel y la entrada en el gobierno de gran coalición, orillaron su protagonismo. Sin embargo, una entrevista el 1 de mayo en «die Zeit» en la que proponía la nacionalización de las grandes empresas de automoción, comenzando por BMW, recuperó para Kühner un protagonismo que ahora intentará poner en valor.

Era el plan «ideal»: después de años de discurso liberal, un SPD rejuvenecido volvía a poner las nacionalizaciones sobre la mesa. Hubieran seguido caras de susto fingido en unos consejos de administración y unos think tank gubernamentales que llevan dos años estudiando, con fascinación, las «ventajas» de la concentración estatal de capitales en China y envidian la capacidad que eso genera al gigante asiático para movilizarlos hacia compras exteriores en «sectores clave» para la competitividad.

El capital alemán tiene prisa

Fábrica de Volkswagen en Wolfsburg (al frente el Ritz-Carlton). La fabrica produce más de 850.000 coches al año y tiene una superficie de 6,5 millones de m2.

Pero cada vez hay más sectores del capital alemán, especialmente entre los industriales, que no están por esperar más. No es solo el miedo a perder la carrera tecnológica frente a China y EEUU. Por primera vez en diez años, Francia atrae más proyectos de inversión internacional que Alemania. La industria alemana, como los bancos, necesita un «empujón» para sanear sentinas y mantener el pulso tecnológico. Necesita concentrarse aun más, ganar atractivo para poder canalizar una nueva escala de capitales en sectores clave, como el automóvil, que se plantean en lo inmediato una transformación tecnológica radical. El presidente de la patronal industrial (BDI), Dieter Kempf, por ejemplo, lleva tiempo atacando a Merkel diciendo que su gobierno representa «la falta de ambición en política social, el trabajo desmotivado y un nivel poco saludable de redistribución[…] perjudicando a las empresas»

¿Cómo responde el gobierno? Con un plan de nacionalizaciones generalizado. El Ministro de Economía Peter Altmaier (CDU) ha escuchado a las grandes automotrices y quiere que el estado pueda actuar como comprador de acciones de las compañías a gran escala a través de un fondo. Aunque en principio el modelo sería, a petición de los directivos, «flexible», es decir, el fondo mantendría la propiedad estatal por un período de tiempo limitado, ni este límite ha sido especificado ni parece que nada apunte a que sea factible. La experiencia de Bankia en España más bien señala todo lo contrario.

Hacia la renacionalización del capital

Los Verdes bávaros celebran sus resultados electorales.

No es solo Alemania, el debate de las nacionalizaciones está abierto en países como Gran Bretaña, donde el Labour propone nacionalizar las redes electrícas. En el modelo ideal para el relato político del sistema, debería ser una bandera de la izquierda. Nos intentarían vender, una vez más, que la desaparición del accionista privado es una medida «progresista» o «socialista».

Nada hay más lejos de la realidad. Para empezar las grandes empresas hace más de un siglo que dejaron de tener patrón. Sus directores son burócratas corporativos enlazados de mil formas con la burocracia del estado. Ya no vivimos en el capitalismo liberal de burgueses dueños individuales de las empresas, sino en el capitalismo de estado. Hoy en día nacionalizar significa concentrar capitales fortaleciendo el poder económico, político y social del Estado capitalista. No hay nada para nosotros ahí. No es «progreso» sino su contrario, pura expresión de la incapacidad para el desarrollo y con ella de la continua tensión del estado capitalista en decadencia hacia formas más violentas y centralizadas.

Por eso es relevante este movimiento en Alemania. La guerra comercial está dinamizando y acelerando todas esas tendencias a través de una competencia crecientemente violenta. Si Alemania, con su derecha al frente, empieza a dar forma a un plan general de nacionalizaciones, es que estamos ya entrando en una fase de verdadera economía de guerra… aunque sea, por el momento, guerra comercial.

Resumen en tuits

La industria alemana encara a Merkel y «exige» nacionalizaciones en sectores clave como la automoción. En el SPD el debate lleva abierto meses y la cantinela nacionalizadora parece que podría ser parte de la «renovación» que viene
La situación del capital alemán no da para el entusiasmo. Ya confiesan abiertamente que los años de «recuperación» han acabado y que «comienza el descenso»
La ya eterna fusión entre Deutsche Bank y Kommerzbank toma las formas de una nacionalización cada vez menos encubierta
En un marco de soledad política el imperialismo alemán se siente cada vez más frágil. Se echa para atrás hasta de organizar unas olimpiadas y se echa a temblar solo con que Italia amenace con el bosquejo de una moneda paralela al euro.
La burguesía alemana lleva dos años estudiando las «ventajas» de la concentración estatal de capitales en China para movilizar capitales hacia compras exteriores en «sectores clave» para la competitividad
Si Alemania, con su derecha al frente, empieza a dar forma a un plan general de nacionalizaciones, es que estamos ya entrando en una fase de verdadera economía de guerra... aunque sea, por el momento, guerra comercial
Las nacionalizaciones no son «progreso» sino expresión de la incapacidad para el desarrollo y con ella de la continua tensión del estado capitalista en decadencia hacia formas más violentas y centralizadas