Los burgueses del paraíso

Un vistazo superficial sobre los «paradise papers» nos da un destello de cuan brumosa es la línea entre el «gestor» y el propietario hoy en día o de hasta qué punto los «capitales políticos» de figuras como Trudeau en Canadá, Luis Caputo en Argentina, Ross y Kushner en la Casa Blanca o Santos en Colombia son convertibles en capital a secas. Santos ya aparecía en el caso Odebrecht en el que se hizo pública una red de sobornos a políticos organizada por una potente constructora brasileña que cubría todo el continente y sobornaba a prácticamente todos los partidos con opciones de gobierno. Pero todo esto no son más que curiosidades superficiales, una oportunidad más para que la prensa a través de la que la burguesía nos habla, juegue a la moralina y nos venda que si los ricos no evadieran y no existieran malvados paraísos fiscales, todos seríamos «realmente iguales». Hemos visto mentiras mejores. Pero bajo ésta aun se ocultan algunas cosas realmente provechosas.

¿Qué deberíamos aprender de todo ésto?

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En primer lugar que la corrupción es simplemente la forma que toma una buena parte de la distribución de beneficios y rentas de la burguesía en el capitalismo de estado. Ayer mismo publicábamos que hoy la burguesía no es solo la clase de los propietarios de las empresas sino, ante todo, una burocracia nacida de la fusión de las viejas clases dominantes (burguesía y latifundistas) en el gran matraz de la banca y el estado: consejeros y directivos de los grandes oligopolios que no tienen participaciones personales significativas en la propiedad; altos funcionarios; restos de las viejas clases latifundistas y rentistas, políticos que han creado agendas internacionales o sectoriales, productores de ideología y «rol-models- nacionales y globlales, etc.

La burguesía «tradicional», la que estaba formada por dueños de empresas individuales, no tenía problema alguno para apropiarse de su parte de las plusvalías. El derecho mercantil estaba hecho a su medida. Pero cuando la burguesía se fusiona con las otras clases dirigentes en el capital financiero y el estado, las cosas se hacen un poco más complicadas. Ya no son solo capitanes de industria e inversores, ahora son también altos funcionarios, diplomáticos, gestores, directivos, «hombres de estado»… que distribuyen rentas y equilibran beneficios de monopolios gigantescos, muchas veces transnacionales. Tienen todo un tejido de intereses, estructuras, think tanks, ONGs, partidos, etc. que mantener a través de los cuales los círculos de poder aseguran su influencias y redes clientelares, intercambian consejos de administración e incuban «cambios» políticos. Y no hay maneras claras y sencillas en el viejo derecho para articularlo. Hay que ser flexible. Y flexibles saben ser los sistemas fiscales nacionales que, «no encuentran cómo» hincarle el diente al «sandwich holandes», el «café irlandés» y las otras técnicas de evasión fiscal que alimentan a la muy conocida, y reconocida, «industria off-shore». Industria que vive, en primer lugar, de organizar la evasión de impuestos para las grandes empresas, desde los propios bancos a las tecnológicas.

Corrupción es «inevitable» pq es parte fundamental d como la burguesía se apropia d las plusvalías

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Los conflictos en el seno de la burguesía se están azuzando constantemente desde que empezó la crisis. Dentro de cada país y entre ellos. Estas cosas no «se descubren» ni llegan a la luz así de fácilmente. No todas las pedradas que un grupo de la burguesía tira contra otro llegan a los medios. Para que lo hagan han de obtener un cierto consenso, al menos en determinados grupos. A fin de cuentas, los medios tienen dueño y los periodistas también.

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Esta es la realidad del alabado pluralismo democrático bajo las máscaras de partidos, congresos, debates y telediarios. Algo a tener en cuenta ante las propuestas independentistas o republicanas, porque bajo las muchas apariencias del poder, no hay más que la promiscuidad de los fondos que amalgaman en un único capital global y predador los beneficios de consultoras, bancos, tecnológicas, telecos, energéticas, empresarios, consejeros, gestores, reyes, nobles, estrellas del pop, políticos, grandes asesores y las mil caras de la burguesía. Una clase contradictoria sometida a cada vez más batallas internas pero unida siempre frente a nosotros.

Menos corrupción no haría al estado democrático más «igualitario» ni «justo»