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Las treguas que alimentan las guerras

8 de mayo, 2020 · Actualidad> Actualidad global> Informe semanal

El ejército venezolano junto a la costa tras el intento de invasión del domingo pasado.

La noticia del día es que China se compromete a cumplir las condiciones para la tregua en la guerra comercial. En apariencia no es más que una reafirmación de lo ya acordado hace unos meses, pero se da en un contexto de aceleración tal de las tendencias a la guerra que está siendo interpretado con el alivio propio de un suceso mayor.

Barco de la armada de EEUU lanza un misil Tomahawk.

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En realidad, debajo hay más. China dio señales claras de su voluntad de pasar a la guerra económica, reduciendo sus tenencias de deuda de EEUU si EEUU no aflojaba la presión y EEUU hizo pública su condición implícita: la transferencia tecnológica a empresas americanas del negocio de la infraestructura 5G de Huawei.

La verdad es que es difícil llamarle ni siquiera tregua cuando la presión militar aumenta. China está quemando etapas en su carrera espacial-militar y EEUU está acelerando su programa de misiles para superar la capacidad china en el menor tiempo posible.

En mitad de una recesión brutal, la voluntad de sostener el rumbo hacia enfrentamientos cada vez más violentos por la hegemonía regional/global es más clara que nunca en la medida en que solo puede ser financiada cargando parte del coste sobre unos aliados que, como Corea, intentan escabullirse. Escabullirse no solo de aportar sino sobre todo de las consecuencias económicas directas de la transformación de la «fábrica del mundo» en «zona de conflicto» armado imperialista.

No hay pues, paso atrás ni desaceleración. Al reves. Nunca fueron tan fuertes, ni exitosas, las fuerzas que rasgan el tejido de intereses comerciales y hacen emerger los primeros ensayos de nuevos bloques militares.

Liz Truss, resposable de las negociaciones con EEUU por el lado británico.

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EEUU y Gran Bretaña comenzaron esta semana las negociaciones de su acuerdo de libre comercio, verdadero cimiento del proyecto de una nueva «alianza anglosajona». A pesar de estar en mitad de la peor recesión del capitalismo británico en toda su historia, el gobierno de Johnson empezó inmediatamente a leer el acuerdo de Brexit de un nuevo modo y denegó la apertura de una oficina UE en Belfast para monitorizar los tránsitos y las aduanas. No es solo que la presencia europea en Belfast fuera parte de los acuerdos de Brexit, es que para Irlanda era fundamental porque, por primera vez, hacía efectiva una porción de soberanía en el Ulster.

Y si en Europa el imán estadounidense permite a Gran Bretaña una actitud más dura frente a la UE, en el Pacífico lleva a Australia a una actitud cada vez más agresiva frente a China. El objetivo: mover al capital nacional hacia una dependencia menor de los mercados chinos a la hora de vender sus productos y «acelerar el desacomplamiento» de ambas economías.

Merkel ayer con el primer ministro bávaro Markus Soeder.

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En Europa la «brutalidad» del ataque del constitucional alemán a los tratados e instituciones de la UE, afirmando la preeminencia de sus instituciones locales sobre las comunitarias, ha dejado temblando, de la noche a la mañana, a todo el entramado europeo. El contexto es importante. El origen es una demanda en la que ahorristas alemanes se quejaban de que la política de tipos bajos e inyección de dinero en el mercado (la famosa «flexibilización cuantitativa»), desarrollada por el BCE tras la crisis financiera de 2009, les había hecho perder dinero. El mensaje en realidad no es sobre leyes más que formalmente. Lo que el estado alemán está poniendo en cuestión es la existencia misma de objetivos de conjunto de la UE por encima de los intereses inmediatos del capital alemán. Y evidentemente no ha sido pasado por alto ni en las instituciones ni en los gobiernos europeos. Escribía en su editorial «Le Monde»:

Un ultimátum para Europa. Sería difícil ver de otra manera la sentencia mordaz que emitió el Tribunal Constitucional alemán el martes 5 de mayo. Más allá de un ataque a la política monetaria en la zona euro, la decisión de los jueces de Karlsruhe pone en tela de juicio la piedra angular de la Unión Europea que es su Tribunal de Justicia (TJUE) de Luxemburgo, garante supremo de Aplicación uniforme de la legislación europea en todos los Estados miembros. En otras palabras, la propia Unión.[…]

En lugar de aplicar la opinión del Tribunal de Justicia de la UE, que habían solicitado y que había considerado legales las intervenciones del BCE, se burlaron de sus colegas en Luxemburgo, considerando su decisión «incomprensible» y «más allá de [sus] habilidades». Sin precedentes recientes, dicho ataque constituye una amenaza para la cohesión de la UE. Así, el tribunal de Karlsruhe cuestiona tanto la independencia del Banco Central Europeo como la preeminencia del Tribunal de Justicia de la UE.[…] Al «dar una lección» al TJUE, los jueces alemanes han comprometido su autoridad para mantener los estándares democráticos en peligro por los regímenes autoritarios en Polonia y Hungría, que podrían ser alentados a desafiar sus sentencias. El viceministro de Asuntos Exteriores de Polonia ya está encantado con la apertura del «debate» abierto en Karlsruhe sobre el control de las instituciones europeas por parte de los jueces nacionales.

La sentencia llega, y no por casualidad, en un momento crítico en el que el BCE ha emprendido una política de compra masiva de deuda de Francia, Italia y España para evitar que la horquilla de precios entre la deuda alemana y la de los países del Sur -el famoso «riesgo país»- se abra excesivamente añadiendo un coste financiero desproporcionado a los países mediterráneos. Con el prometido programa anti-crisis sin definir por las presiones de Alemania y sus socios nordistas que quieren que tome la forma de créditos -que empujarían de nuevo a los estados del Sur a políticas de «austeridad»- y con el BCE en crisis existencial, la UE entera se tambalea en medio de lo que no puede ser considerado sino una verdadera ofensiva de guerra económica alemana.

La situación ronda en pánico en París, Roma y Madrid, donde la patronal exige al gobierno Sánchez duplicar como mínimo su programa de garantías. Pero las respuestas están siendo todavía poco visibles ante el miedo a una implosión definitiva de la UE. Francia mantiene la presión sobre Bruselas con el bloqueo a la integración de los países balcánicos -salvo Serbia- y Guindos, vicepresidente del BCE que fuera ministro de Economía de Rajoy e implementador de las políticas de austeridad de 2009 en adelante, se pasea por cuanto foro tiene disponible para asegurar que el «BCE sigue listo» para desplegar su política monetaria expansiva. Pero en realidad los capitales del Sur ni pueden aceptar el diktat alemán, ni pueden contrariarle al punto de poner en peligro aun más sus economías y ver sus joyas compradas a saldo por capitales anglosajones o chinos a los que, a pesar de la situación, intentan poner coto.

Resultado: La UE se ha convertido en menos de dos semanas en un zombi sin otra guía que la determinación de Holanda y Alemania de que el covid sirva para que el «pacto verde» lo paguen más que proporcionalmente los sureños en una estrategia acelerada dirigida por Bruselas y orientada a transferir rentas en masa del trabajo al capital.

Mercenarios de EEUU detenidos en Venezuela tras intento de invasión.

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Pero la verdadera «línea roja» de la radicalización de los conflictos imperialistas en esta década es América del Sur. Esta semana un reportaje de Associated Press dio detalles finalmente del nuevo «Bahía de Cochinos» organizado por opositores venezolanos con la ayuda de una empresa de mercenarios de EEUU y la colaboración del entorno de Trump. Un plan delirante, un secreto a voces y unos ejecutores caóticos acabaron una vez más en fiasco y denegación de toda responsabilidad por la Casa Blanca. A estas alturas, después del Katrina y el Covid, la factura chapucera y los métodos mafiosos de financiación son casi un dedo acusador más apuntando a la Casa Blanca. Resulta muy verosímil que el protagonismo de uno de los guardaespaldas personales de Trump en la consecución de fondos privados para la operación apunte a responsabilidades más amplias. Trump que no quiere confiar las cosas más delicadas a una CIA de la que desconfía, lleva tiempo empujando a acciones autónomas a los círculos de exiliados cubanos y venezolanos en Florida.

Más interesantes son las ramificaciones del golpe en Brasil, donde el STF (Supremo Tribunal Federal) anuló la orden de expulsión de los diplomáticos venezolanos dictada por el presidente. Que Bolsonaro tratara de retomar la ofensiva contra el estado vecino en la semana anterior al intento de invasión podría indicar que en el Planalto se conocían los planes del grupo foquista. El silencio de los militares brasileños volvió a resultar tan significativo como la beligerancia judicial. Es más, coincidiendo en fechas con la operación paramilitar en Venezuela, al mando a cargo de las unidades destinadas en la frontera de Roraima no se le ocurrió nada mejor que incentivar el contagio de covid «para propiciar la inmunización de la tropa». El número de soldados enfermos en la operación, diseñada para dar acogida a los refugiados venezolanos, ha aumentado en esta semana un 350%.

Treguas y tentantivas que alimentan las guerras

La falsa tregua comercial entre EEUU y China, el impasse en el conflicto dentro de la UE, el pulso interminable entre el estado y Bolsonaro y entre militares y economistas pro-EEUU dentro del gobierno brasileño, el fracaso de las aventuras militares más descabelladas… son momentos de alivio en el marco de una tensión que no deja de crecer. El conjunto solo puede acabar en fraccionamiento y conflicto abierto. La única fuerza que puede refrenar y llegado cierto nivel de desarrollo, detener el proceso que apunta hacia la generalización de la guerra, las luchas de trabajadores, a pesar de venir al alza en todo el mundo, están todavía en un nivel local. Es más urgente que nunca aportar para desarrollarlas. Y no hay atajos.