Las nuevas formas de organización y politización de la resistencia

Precarios llegados de España en Escocia
Una de las consecuencias de la precarización es que el tipo de relaciones, confianza y cuestionamientos que antes se producían con los compañeros en el puesto de trabajo se están trasladando fuera del espacio de «la» empresa porque cada vez son más los que no trabajan durante años de corrido en una.

Los lazos de solidaridad básica entre trabajadores aparecen por un lado de forma mucho más claramente «política», en la medida en que no se presentan como resultado de una situación particular, de un patrón o una empresa «injusta» o «abusiva», sino como respuesta impuesta por la necesidad a una situación general creada por la descomposición del sistema económico.

Cada vez veremos menos grupos de taller o fábrica y más redes: grupos de personas que se conocieron por coincidir en un trabajo, tener amigos comunes, vivir cerca unos de los otros, etc. que pasan a compartir piso, a organizar turnos para cuidar los niños de modo que los otros puedan ir a trabajar cuando hay oportundiad, etc. Como tales, estas redes solidarias de precarios no son más que pequeñas mutualizaciones cotidianas. Y a simple vista podrían parecer una vuelta atrás a formas del principio de la industrialización, un producto de la regresión de las condiciones de vida y trabajo y nada más. Pero son también lugares de conversación y discusión política. Nidos donde se incuba la conciencia de clase.

Centro de distribución de Amazon en Alemania.
En estas redes se produce también lo que Munis llamaba «acendramientos»: la mezcla de trabajadores que habían hecho reflexiones desde distintos lugares, con distintas ideas prestadas aquí y allá, que a partir de esa situación compartida, comienzan a formarse y someter todas esas ideas a una crítica radical.

Estos acendramientos no son algo baladí en la perspectiva marxista pues «la concordancia entre dos, diez o cien personas es ya un partido o un núcleo de partido». En las redes de solidaridad, como en las redes de debate que surgen cuando jóvenes y trabajadores buscan aclarar sus ideas en ese falso espacio abierto que son las «redes sociales», se está produciendo una herramienta vital. Porque «si el proletariado como clase es el partido de la revolución comunista, jamás actuará como tal sino conglomerando a sus componentes más activos y conocedores».

Pero entre las redes de solidaridad, las nebulosas conversaciones online, las tertulias y grupos de debate y los «acendramientos» hay una relación orgánica. «Acendrarse», «aclararse» en conjunto con otros, incluso pasar a integrarse en una organización formal o crear una, no puede oponerse a seguir participando de esas redes, casi siempre informales, de apoyo mutuo. Tampoco puede significar pasar a verlas meramente como «público», como «audiencia» de unas ideas por útiles que sean. Si las redes de solidaridad se forman es porque responden a necesidades materiales a partir de las cuales el proletariado se constituye en clase. Los «grupos de discusión», las «redes de solidaridad», tienen sus propios ciclos vitales, sus subidas y bajadas, su propio camino de logros y derrotas que a su vez alimentan la reflexión de sus miembros y, si todo marcha bien, la autonomía de la reflexión. Y es esa autonomía a la que los elementos más claros, más comprometidos, deberían aportar por encima de cualquier otra consideración.

Miami no es solo un conjunto de rascacielos frente a playas infinitas. Hay más barrios obreros pauperizados que hoteles.
Estas semanas, discutiendo con compañeros de Florida nos hablaban precisamente de su compromiso con la «red de solidaridad» en la que se formaron. Un grupo de quince a veinte personas -las fronteras siempre son difusas y abiertas- que funcionan como uno solo a la hora de batallar contra los abusos de los caseros, los empleadores que contratan «irregulares» o para darse apoyo en los momentos de desempleo, etc. Media docena de ellos han llegado a posiciones compartidas y elaboran juntos una revista, «Intransigencia», pero ni por ello han dejado de formar parte del grupo más amplio ni consideran que éste les «pertenezca» y no pueda generar otras expresiones en su decantación. Al revés, no solo abren las puertas a otros grupos sino que han impulsado tomas de partido y mensajes conjuntos entre ellos.

Es un destello del tipo de formas que veremos desarrollarse en el futuro. Una respuesta a la pregunta de cómo se forma y en qué consiste hoy una organización de revolucionarios.

 
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