Diario de Emancipación | English | Italiano

Las elecciones argentinas y el callejón sin salida de «la izquierda»

11 de agosto, 2019 · Actualidad> Sudamérica> Mercosur> Argentina

Macri en el mitin de fin de campaña de las PASO

Hoy son las PASO -«primarias abiertas, simultáneas y obligatorias»- en Argentina. Un ensayo general de las próximas elecciones del 27 de octubre y una orgía de propaganda nacionalista en los «cierres épicos» de los dos principales contendientes: el macrismo y el peronismo.

Macri anuncia la apertura de negociaciones para un rescate por parte del FMI.

Que Macri haya podido culminar el mandato es, en sí mismo, un triunfo de la burguesía argentina. Toda la prensa internacional destaca precisamente que:

Hay un dato altamente positivo, y es que Macri llegara al final de su mandato, algo que no sucedía desde 1928 con un presidente democrático y no peronista. Noventa y un años que dan una idea del marasmo institucional en el que vivió la Argentina en el último siglo.

Y si es tan buena noticia para la burguesía es porque la propia crisis mundial del sistema no se lo ha puesto fácil. Desde el comienzo de las tormentas monetarias en abril de 2018 la espiral mundial de crisis y guerra comercial se ha materializado en una verdadera tempestad continental con especial foco en Mercosur.

Sánchez y Macri en el G20 de Osaka

Macri pasó de representar una vía pausada y «escalonada» de ataque a las condiciones del trabajo para aumentar los márgenes en una economía semicolonial sin demasiadas alternativas, a intentar salvar los trastos a toda costa, recurriendo al FMI para detener la caída en picado del peso -esto es, la huida masiva de capitales- y legislando ataques directos y brutales contra las condiciones de vida y de trabajo para salvar de la quiebra al estado y dar unas mínimas perspectivas de viabilidad al capital nacional. Con la imposición del socialmente arrasador «apretón monetario» comenzó un nuevo juego que, en el plano regional, se complicaba con la gestión de un Brasil bolsonarista dispuesto a rehacer a martillazos los equilibrios imperialistas continentales.

De ahí al acuerdo UE-Mercosur, el macrismo ha evitando que la crisis económica se convirtiera en rebelión de los trabajadores, manteniendo el peso e incluso abriendo la perspectiva de nuevos mercados. No es de extrañar que a pesar de que los datos sociales y económicos sigan siendo desastrosos –nuevos recortes de expectativas e inflación del 40%– la burguesía argentina vea a Macri con arrobo cuando desde Pedro Sánchez y Merkel a Trump y Bolsonaro querrían verle revalidar.

Hay que decir que la oposición, comenzando por los sindicatos, ha hecho todo lo posible por mantener al gobierno y que si el ticket peronista se ha podido presentar como «alternativa» sin ser machacado por los medios ha sido precisamente porque su primer interés y toda su campaña ha sido mostrar y dejar claro que sus equipos económicos garantizan, en caso de ganar en octubre, un macrismo hecho y capitalizado por peronistas.

¿Qué es «la izquierda» en todo esto?

Cartel del PTS para la huelga general de junio de 2018: anulación del tarifazo y nacionalizaciones contra el FMI.

En Argentina además hay una izquierda a la que los sondeos daban entre el 2 y el 4% de los votos, por encima del 1,5% que permite acceder a las nacionales y a la financiación que eso representa. Es decir, hay una izquierda parlamentaria consolidada aunque minoritaria: el «Frente de Izquierda y de los Trabajadores» que hasta ahora contaba con 3 diputados nacionales y 18 provinciales. El «FIT» está formado por varios partidos «trotskistas» cuyo programa ha girado historicamente de diversas maneras en torno a la identificación entre nacionalizaciones y socialismo, una imposible «liberación nacional» y más recientemente diversas interpretaciones del feminismo «de clase».

Plenario de sindicalistas del PO en Lanús.

Las elecciones han sacudido a este conglomerado y especialmente a su fuerza históricamente más fuerte, el «Partido Obrero». Básicamente una tendencia quiere centrar las consignas en tirar al macrismo, la otra, apunta que tal cosa es equivalente a reforzar el voto kirchnerista, única opción electoral con posibilidades de ganar a Macri; la primera responde, con razón, que la suya una visión exclusivamente parlamentarista que no considera otra cosa que el resultado electoral, la segunda replica que presentar el «triunfo de los Fernández como un disparador de la lucha latinoamericana contra la derecha […] confunde la ofensiva del capital con la ofensiva derechista».

Pero la verdad es que el juego eterno del FIT y en general de las fuerzas «de izquierda» ha sido presentar derecha y capital como la misma cosa para asociar la izquierda a los trabajadores. Pero ¿qué es defender la «progresividad de la izquierda»? La idea de que la defensa de que una mayor estatalización del capitalismo de estado ya universalmente existente, es un avance para los trabajadores en la abolición de las relaciones sociales capitalistas. En el límite: la estatización total sería, según ellos el socialismo… ¡¡aunque se mantuvieran el capital y el salario!! En el fondo… teoría del socialismo en un solo país por etapas y adaptada al parlamentarismo1.

Portada de Palabra Socialista, semanario del PST, apoyando la guerra el 1 de mayo del 82

Pocas veces se ve de manera tan clara la trampa que late en el concepto de «izquierda»: la búsqueda desesperada de un apoyo en un «mal menor» inexistente que acaba inevitablemente en una llamada a la defensa del capital nacional -aun en contra de su dirección- cuando llega el caso, como mostró el «trotskismo» argentino en Malvinas en el 82 y ahora cuando deriva la respuesta a la crisis a un «que la paguen el FMI y los empresarios».

Todas las opciones de gestión del capitalismo son «mal mayor», porque «el mal» es el capitalismo como un todo. Ningún triunfo de una facción de la clase dirigente va a desarrollar la consciencia ni la auto-organización de los trabajadores, todas las van a enfrentar. Y si van a tener distintas maneras de hacerlo -de las socialdemócratas a las populistas o neoliberales- va a depender de la correlación de fuerzas entre clases y de las necesidades y tempos del capital nacional en sus equilibrios con sus competidores… no de los resultados electorales.

Por eso participar en las elecciones… simplemente está de más, refuerza el relato desde el que el estado, gane quien gane, va a enfrentar las luchas que planten cara de verdad, que digan que no es nuestro problema la rentabilidad del capital invertido en ninguna empresa, ni tampoco la del capital nacional como un todo y sus enjuagues con el FMI, que las capacidades productivas deben servir a satisfacer las necesidades humanas, no las tasas de ganancia. Lo importante de las elecciones desde el punto de vista de los trabajadores es… no creérselas y desde el punto de vista de los militantes, cuando menos, enfrentar el ataque a la consciencia de los trabajadores que implican. Pero desde luego, lo más importante es enfrentar la idea de que los resultados de «la izquierda», peronista o no, condicionen de ninguna manera la fuerza, la universalidad, la capacidad o la legitimidad de nuestra movilización.

Tuits

Todas las opciones de gestión del capitalismo son «mal mayor», porque «el mal» es el capitalismo como un todo.
Ningún triunfo de una facción de la clase dirigente va a desarrollar la consciencia ni la auto-organización de los trabajadores, todas las van a enfrentar.
Que el ataque tome forma socialdemócrata, populista o neoliberal va a depender de la correlación de fuerzas entre clases y de las necesidades y tempos del capital nacional… no de los resultados electorales
Los resultados de «la izquierda», peronista o no, no condicionan de ninguna manera la fuerza, la universalidad, la capacidad o la legitimidad de la movilización de clase

Notas

1. Es cierto que Lenin y Trotski defendieron que la propiedad estatal bajo un estado de asambleas y comités obreros (soviets) tenía un carácter socialista, y que eso llevó a un debate cada vez más fuerte en la IV Internacional sobre la «naturaleza de la URSS». Pero también es cierto que ese debate llevó en los años 40 a una alternativa: definir la Rusia stalinista como capitalismo de estado o aceptar que el «socialismo» no solo mantenía la esclavitud asalariada sino que se fundaba en la tiranía más represiva de todo movimiento de clase, ya que se «extendía» masacrando las luchas obreras y estatizando las fábricas tomadas por los trabajadores en toda la Europa del Este. Véase: «Los revolucionarios ante Rusia y el stalinismo mundial» (1946) y «Trotskismo: defensa incondicional del capitalismo de estado» (1984).