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La revolución cubana y el castrismo

7 de septiembre, 2019 · Emancipación> Escuela de marxismo

Castro proclama el triunfo el 1 de enero de 1959

Este pasado primero de enero se cumplieron 60 años desde la caída de Batista. Este octubre se cumplirán 57 años de la «crisis de los misiles». Entender qué fue realmente la revolución cubana, en qué términos la trataron y discutieron los internacionalistas de la época y qué lecciones quedaron de ella, es hoy, quizás, más importante que nunca.

En la «Escuela de marxismo» hemos digitalizado y agrupado una colección de textos publicados en Alarma, el boletín del FOR, entre 1960 y 1970. Hay artículos de análisis, noticias breves, artículos teóricos importantes y hasta textos contemporáneos de otras corrientes que sin compartir en buena parte sus posiciones, el FOR traducía y publicaba como forma de llevar al debate internacional a los trabajadores españoles -a los que llegaba en ese momento con todaLee máss las dificultades de la lucha clandestina bajo el franquismo.

Huelga General del 9 de abril de 1958.

Entre estos últimos un texto de la Workers League, un pequeño grupo británico con quienes se mantuvo un contacto irregular pero al que se valoraba por provenir de la Leninist League, uno de los pocos grupos británicos que permanecieron internacionalistas durante la segunda carnicería imperialista. El autor del artículo, Jack Hartley, muerto poco después, definía la revolución cubana por un breve momento de «dualidad de poderes» entre proletariado y burguesía derrotado por la burocracia castrista y sus aliados stalinistas.

No cabe duda de que en Cuba existió un periodo de dualidad de poder, aunque por breve tiempo. En ausencia de un partido revolucionario de la clase trabajadora el Gobierno de Castro logró desarmar a los trabajadores. Durante el periodo inicial los trabajadores controlaban las refinerías de petroleo y otras empresas industriales. Sin embargo, la acción revolucionaria de la clase trabajadora, como es inevitable, desfallece, y ése es el momento en que la contrarrevolución entra en acción. Cuando las grandes empresas industriales fueron expropiadas y puestas bajo el control del Estado los trabajadores fueron apartados del control de la producción. Y, para llenar el vacío, su lugar fue ocupado por burócratas stalinistas y fidelistas. Los planes estatales con miras a la transformación de la economía cubana y a la industrialización abrumaran al pueblo cubano en la medida en que éste sera explotado para producir la plusvalía necesaria a la acumulación del capital.

J. Hartley, «La Contrarrevolución en Cuba», mayo 1961

La idea según la cual, siquiera brevemente, había existido un doble poder, nunca es afirmada sin embargo por el FOR. Aunque se reconociera que «en un momento dado las masas desempeñaron un papel importante», era evidente que su derrota se había producido en un momento tan germinal que el castrismo utilizó a su favor el empuje de unas masas sin dirección propia sin tener que derrotarlas abiertamente, como había tenido que hacer el stalinismo en la Revolución española.

La degradación progresiva de la situación en Cuba, y la tendencia cada vez mas acentuada del régimen a la implantación y le organización de un capitalismo de Estado ilustran con una luz trágica las enormes dificultades que tiene que salvar la clase trabajadora para hacer la revolución socialista contra los dos bloques. El movimiento cubano en el cual en un momento dado las masas desempeñaron un papel importante, es ahora un instrumento más en manos de los técnicos de la política internacional que dirigen y regulan los movimientos mediante los cuales se afrontan los dos bloques imperialistas. Le burocracia capitalista-estatal, con el partido stalinista como mentor principal, tiene fuertemente las riendas del poder, y las masas en tanto que movimiento espontáneo e instintivamente socialista han sido puestas, desde hace tiempo, fuera de acción. […] Las masas han sido neutralizadas desde el primer momento por la burocracia, por los sindicatos, por el partido stalinista, etc. La caída en el campo ruso no es sino una consecuencia de le falta total de orientación ideológica y revolucionaria del movimiento cubano, y no hace sino seguir una ley general que impulsa actualmente a todos los Estados nacionalistas de los países llamados subdesarrollados a gravitar como satélites en la órbita de un imperialismo o del otro. En ausencia de medios suficientes para erguirse contra los dos bloques, semejante actitud puede seguramente explicarse aunque no se justifique. Lo que ni se explica ni se justifica es la mentira que consiste en llamar revolución socialista al capitalismo de Estado, milicias obreras al ejército organizado contra el pueblo, y revolución permanente a la negación permanente de la revolución.

A. Treves. Cuba y la mentira permanente, marzo, 1962

En realidad el aumento de las tensiones militares que culminarán en la «Crisis de los misiles» es el síntoma más evidente para el FOR de la inexistencia de un «estado revolucionario» en Cuba.

Si «los barbudos» de Fidel Castro arrastrasen una revolución, cual se desgañitan en decir, Moscú y Washington habrían coincidido contra ellos de la misma manera que coincidieron, en 1936, contra los revolucionarios españoles. Donde dos imperialismos riñen por una presa, es que el proletariado está inmóvil o aniquilado. Hace muchos años que las cosas están perfectamente definidas en el mundo, y es fácil saber a qué atenerse. Solicitar u obtener espontáneamente la ayuda de la Rusia actual, es un signo tan netamente anti-revolucionario como el de la protección de Washington.

G. Munis, «La rumba de Fidel Castro», 1960

Mural propagandístico del «socialismo» latinoamericano.

Pero será el estallido de la «crisis de los misiles», que mantuvo al mundo entero en vilo, conscientes de estar al borde de una guerra nuclear total, lo que propicie los artículos con más fondo de esta serie, pues la crisis mostró con claridad el fraude del «anti-imperialismo» como ideología de la guerra de bloques que era y el colapso total del grueso de las tendencias «trotskistas» que seguían sin reconocer el carácter capitalista e imperialista de Rusia.

La actitud de ese trotzkismo revierte a la de los nacionalistas suspirantes de patria fuerte -y de dominio tecnocrático- que van gritando en son de héroes: «¡Yankee no, Cuba sí!», incapaces evidentemente de gritar; «¡Revolución social sí, Moscú o Washington no!».[…] Pro-germanos de ayer y pro-rusos de hoy estafan a las masas de idéntica manera, canalizan en dirección reaccionaria sentimientos y problemas económicos cuya satisfacción no puede ni quiere dar el bloque militar de su elección. Su jerigonza anti-imperialista encubre mal su parcialidad pro-otro imperialismo, eso cuando no se trata ostensiblemente de venalidad.

En todos los países subyugados, incluyendo Rusia y satélites, las masas sin conciencia ideológica ven con oscura simpatía al enemigo de su enemigo, quienquiera sea. Pero el papel de los revolucionarios consiste en dar a la animadversión de las masas contra el imperialismo por ellas padecido una forma y un contenido que redunden también contra el imperialismo rival acechante. De lo contrario se es, quiérase que no, juguete de las fuerzas reaccionarias que apabullan el mundo y en ultima instancia de los Estados Mayores.

La experiencia de Cuba es en tal aspecto terminante: Castro, que recibió armas y subvenciones y popularidad de Estados Unidos, en parte incluso el poder, se convirtió pronto en un monigote inerme en manos de Rusia. El fracaso no es sólo suyo, sino del anti-imperialismo en general, nacionalismo tardío que para realizarse implora la ayuda de otras potencias y encuentra en ellas nueva humillación, lo único que el capitalismo actual consiente, por más que se rotule socialista. Mientras Castro pronunciaba estridentes discursos contra el imperialismo yankee y de afirmación nacional, Moscú construía sus bases de proyectiles nucleares, (puerto de pesca según la propaganda para la pesca real de incautos) enviaba avíones, expertos militares, soldados. Entretanto, los aviones americanos auscultaban la isla metro a metro volando impunemente al alcance de tiro de pistola, y siguen haciéndolo a capricho; las bases rusas desaparecían por imposición de Kennedy, pero Guantánamo continua allí, y los «consejeros» rusos también. Y en todo ello, el gobierno «anti-imperialista» cubano ha tenido tanta o menos libertad de decisión que el gobierno de Guatemala. La quiebra del anti-imperialismo no podía ser mas cabal y fraudulenta.

La raíz social de dicha quiebra es la incompatibilidad entre toda organización nacional -o la lucha por ella- y las necesidades del hombre explotado en cada país. La nación la engendra el sistema capitalista y es inseparable de él. El sistema se sobrevive debido a un grave retraso de la revolución proletaria, mas no por ello deja de ser una utopía reaccionaria la aspiración a nación fuerte e independiente. Ninguna puede serlo sino explotando y oprimiendo a otras.

Los países que no han conocido la independencia nacional, o sólo en forma menguada como los de América Latina, no la conocerán jamás, por más que el imperialismo les conceda tal rango o ellos crean arrancárselo. Con derecho a gobierno propio o sin él, su servidumbre respecto del capital financiero e industrial de las naciones más fuertes se estrecha implacablemente año tras año. Y así será mientras no supriman los explotados el trabajo asalariado, fuente del capital que a su vez engendra la competencia por el dominio de la plusvalía, la industria organizada para la guerra, los ejércitos y armas devastadores, la opresión política. Cualesquiera sean los problemas legados a un país por el desarrollo desigual del capitalismo, no existe ya otra manera de resolverlos sino mediante la revolución social. Solo ella permitirá a los explotados disponer libremente de sí mismos y emprender una etapa superior de la civilización.

G. Munis, «Aquellos polvos trajeron estos lodos», enero, 1963

Cartel de propaganda rusa con Castro y Jruchev.

Y evidentemente no podían faltar análisis sobre el significado mismo de la guerra nuclear y lo que suponía la posibilidad de destruccion inmediata y completa del planeta en un estallido de guerra imperialista entre Rusia y EEUU que sin embargo, ambas partes abortaron en el último minuto.

Desde sus orígenes, el capitalismo ha aplicado la técnica y la ciencia a lo militar de manera preferente y más extensa que a la propia producción de sus mercancías. Sabía por experiencia que los instrumentos mortíferos eran custodia y levadura indispensable a sus instrumentos de producción. De guerra en guerra, de fusión en fisión de átomos y de relatividad generalizada en mecánica ondulatoria nos ha traído a un punto en que la aplicación de sus ciencias destructivas mata la sociedad entera y hasta la vida orgánica. Hipóstasis supranacional de la explotación del trabajo asalariado, las aplicaciones militares de la ciencia expresan y trascienden hoy -¡de qué manera!- la incompatibilidad general entre las más urgentes necesidades humanas y el sistema capitalista. Pero, ¡ay! de quienes olviden que para los sicofantes de Moscú «El Capital» es un manual de saqueo intensivo del trabajo asalariado.

No quiere decir lo anterior que el equilibrio del terror se baste para alejar indefinidamente la guerra, ni siquiera para retraerla a los procedimientos y armas llamados clásicos. Sin suprimir las causas persistirá el efecto, verdad palmaria olvidada o falsificada por quienes pretenden que una victoria rusa suprimiría el capitalismo siquiera en una parte del mundo. Si la Rusia stalinista eligió la guerra como sistema de defensa, no sólo pretiriendo la revolución sino estrangulándola con sus propias manos, es que para ella la revolución representaba el peligro principal. Con mayor razón hoy, cuando su capitalismo de Estado, derramado a parte de Europa y Asia -no sin la tolerancia de las viejas potencias- ambiciona el puesto del imperialismo yankee. La nacionalización de las industrias a que da lugar la imitación del sistema ruso, es tan contrapuesta al socialismo como la guerra imperialista lo es a la guerra civil. Por tal modo, que nunca antes la competencia económica, militar y política fue tan redondamente inter-imperialista como alta entre bloque americano y bloque ruso. Llevados por su propio automatismo absorbedor de plusvalía desencadenarán, a todo riesgo, el cataclismo termonuclear.

Es muy difícil reducir la variedad de temas, enfoques y noticias tratados en artículos escritos a lo largo de doce años -los años en que se crearon los mitos propagandísticos de la revolución cubana- en unos cuantos párrafos. Os recomendamos muy vivamente leer o descargar la colección completa y disfrutarla como merece.

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Tuits

Durante el periodo inicial los trabajadores controlaban las refinerías de petroleo y otras empresas industriales. Al estatalizarse los trabajadores fueron apartados del control de la producción
Las masas fueron neutralizadas desde el primer momento por la burocracia, por los sindicatos, por el partido stalinista, etc.
En ausencia de medios suficientes para erguirse contra los dos bloques los capitalismos periféricos estaban condenados a gravitar como satélites en la órbita de un imperialismo o del otro
Donde dos imperialismos riñen por una presa, es que el proletariado está inmóvil o aniquilado
La raíz social de la quiebra del «antiimperialismo» es la incompatibilidad entre toda organización nacional -o la lucha por ella- y las necesidades de los explotados en cada país
La «crisis de los misiles» evidenció la imposibilidad de «independencia nacional» real: Rusia y EEUU usaron Cuba como campo de maniobras y pactaron sin contar siquiera con Castro
Los países que no han conocido la independencia nacional, o sólo en forma menguada, no la conocerán jamás, no pueden escapar de la servidumbre respecto del capital financiero e industrial