Diario de Emancipación

La Izquierda Comunista en Hispano-América y España

23 de marzo, 2019 · Emancipación> Escuela de marxismo

Hoy en la Escuela de Marxismo recuperamos un informe publicado en mayo de 1933 en «Comunismo» nº 24, la revista entonces de la Izquierda Comunista Española. El informe fue redactado por Antonio Gallo, figura central de la Izquierda Comunista Argentina… y de la ICE. Un texto fundamental hoy por lo que nos enseña de América… y de las izquierdas comunistas.

Número 24 de «Comunismo», revista teórica de la Izquierda Comunista Española.

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Lo primero que llama la atención con ojear tan solo el índice de «Comunismo» es que solo un cuarto de los artículos que contiene tiene una perspectiva específicamente «española». Asombra hoy -pero también si comparamos con la prensa «de izquierdas» de la época- la profundidad, la cotidianidad y detalle con el que se vivía la perspectiva internacional de la clase y sus vanguardias y, de modo especial, la de los trabajadores de la América de habla española.

Este número en concreto anuncia que un mes después se comenzará la edición de un «Boletin Suramericano» para ayudar a la coordinación de las izquierdas comunistas y las oposiciones de izquierda anti-stalinistas que habían ido surgiendo, hasta ese momento, en ocho países. ¿Por qué una iniciativa de tanta importancia quedaba en manos de una sección excéntrica como la española? Porque, en primer lugar, muchos compañeros que habían sido seminales en su formación se habían unido al internacionalismo en España, como el propio Antonio Gallo. En segundo lugar porque algunos compañeros, como Manuel Fernández Grandizo -Munis- eran «hijos de las migraciones», su familia había migrado a México y aunque volvió a su pueblo de origen, Llerena, siendo niño siempre conservó relaciones y nacionalidad mexicana. La clase está hecha de migraciones y exilios y si cabe, aun más, su vanguardia.

«Sobre el movimiento de Septiembre» redactado por Antoni Gallo

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El artículo de Gallo sobre la situación política argentina, un resumen de su libro del año anterior, es clarividente, aun hoy, para entender qué fue y sobre qué arraigó el peronismo en tanto que forma específicamente argentina de fascismo.

A partir de la llamada «revolución de septiembre», un golpe de estado que derriba al radicalismo y coloca al general Uriburu, una parte de la burguesía argentina se empeña en buscar una salida fascista que permita a las necesidades del capital nacional -en plena crisis del 29- derrotar al movimiento obrero.

Las circunstancias económicas promotoras del golpe de estado determinaban para el capitalismo la necesidad de un poder fuerte, cualquiera que fuera su naturaleza, democrático (como lo es ahora el Gobierno de Justo), dictatorial o fascista. Todo poder, incluso dictatorial, necesita aún, en lo mínimo, una base popular. La dictadura de Uriburu no contaba con ella de ninguna manera.

El Coronel Perón en un afiche propagandístico de principios de los cincuenta.

Carente de esa base popular, oscilará entre un fascismo sin sustento y la «vuelta» de un radicalismo cuyo interclasismo le vale, pero cuyo liberalismo pequeñoburgués le aleja de poder construir un capitalismo de estado moderno. En medio de luchas de clase cada vez más acentuadas dentro de la propia clase dominante, la oportunidad les llegará con la nueva guerra imperialista mundial. La sustitución de las migraciones europeas masivas -que venían con la lucha de clases «puesta»- por la migración del interior movilizada por el boom exportador de la propia guerra mundial, cambiará entonces la composición de la clase trabajadora. El nuevo proletariado, esos a los que con paternalismo repugnante Evita llamará «mis cabecitas negras», es mucho más jóven y débil políticamente. Viene de dejar el campo, no tiene experiencia de luchas y compra el nacionalismo como una forma de «integración» social. El resultado es una derrota ideológica en toda regla que se materializará en sustancia política de la mano de la asociación entre el sindicalismo laborista -con fuertes raíces en el cenetismo español, por cierto- y el ministro de trabajo del último intento de golpe fascistizante: el entonces coronel, Perón. Todo este proceso, cuyas consecuencias seguimos viviendo hoy, es incomprensible sin los debates de la Izquierda Comunista Argentina y los trabajos que publicará Antonio Gallo a partir de ellos.

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