Diario de Emancipación

La imposibilidad de desarrollo capitalista

15 de mayo, 2019 · Emancipación> Escuela de marxismo

Fábrica de la industria automotriz en Querétaro, México.

Crecimiento no es desarrollo. Y ni cabe esperar que el capitalismo vuelva a traer desarrollo «alternativo», ni «humano» ni que las caídas en el crecimiento, las crisis de acumulación, produzcan mágicamente un despertar revolucionario de los trabajadores.

Editamos en la Escuela de marxismo de Emancipación un texto publicado originalmente en Alarma en 1972, que es crucial para entender la realidad del capitalismo de hoy y las potencialidades y focos de la tarea de los revolucionarios.

Una sociedad o tipo de civilización está en desarrollo mientras van ampliándose y propagándose los factores estructurales y superestructurales contenidos en su original impulso, aquellos que han constituido su razón de ser, su necesidad histórica, su justificación humana. Porque un tipo de civilización -vale decir una clase- nunca se ha formado y elevado al rango de dominante sino como representación positiva, siquiera incompleta, de todas las clases, incluso de las que cargan con la peor suerte. Su sistema ha de consentir a todos un mejor estar material, cultural, moral, una brizna siquiera de libertad relativamente a la situación anterior. Ese contenido es lo único que cabe llamar desarrollo social.

Lo hemos visto con gran claridad durante el ascenso de la sociedad capitalista. Más que ninguna otra civilización desde la aparición de las clases y del Estado ha acrecido ella la cultura general, la libertad política, las posibilidades nutritivas y cuanto toca a la producción y reproducción de la vida humana, sin mencionar la multitud de consecuencias buenas que trajeron consigo esos tres factores. El mayor dominio de la Naturaleza característico de la civilización capitalista, aún siendo por y para la burguesía principalmente, repercutía más o menos en las clases pobres y explotadas.

Del capitalismo actual ya no puede decirse lo mismo. Su dominio de la Naturaleza, desde la física y la química hasta la genética y psicoanálisis, sigue aumentando. Pero en general ya no redunda sino en peoría pera la gran masa de clases pobres. Se fabrican hoy metales tan resistentes que permiten a las cabinas espaciales atravesar las capas densas de la atmósfera, pero, desde la cacerola hasta el automóvil, los productos ofrecidos en el mercado son de una mala calidad calculada para obligar a renovarlos pronto; se sabe fabricar tejidos de duración más que vitalicia, pero el traje o las medias vendidos por decenas o centenares de millones están confeccionados para convertirse pronto en harapos; se sabe producir alimentos de excelsa calidad y pureza, pero se han vuelto inencontrables, manjar de potentados, para la gran masa, a partir del simple pan, productos adulterados, cuando no tóxicos, envueltos en plásticos que modifican su composición química; se sabe seleccionar especies animales de carnicería y establo del mejor abasto pero el bistec, el pollo, el cerdo, etc. contienen las hormonas con que los animales han sido cebados artificialmente, mientras la leche es un aguachirle empobrecido de las substancias más indispensables a la nutrición infantil; se pueden construir edificios de habitación más resistentes que una catedral, pero la casa o el apartamento del común de los hombres entran en ruina antes de terminados de pagar.

Complemento inseparable de lo anterior, la radio y la televisión, potentísimos instrumentos de información y de formación cultural, engañan y embrutecen premeditadamente y en todos los continentes a miles de millones de personas, siempre secundadas por la prensa cotidiana; en los centros de enseñanza técnica y universitaria, la juventud es canalizada y conformada según proyectos estatal-capitalistas, al paso que la calidad de la enseñanza va degradándose año tras año; el propio psicoanálisis sirve en fábricas, establecimientos de orientación, publicitarios y policíacos, a operaciones repugnantes que rebajan la mente individual y colectiva.

Ideas clave en tuits

Un tipo de civilización -vale decir una clase- nunca se ha formado y elevado al rango de dominante sino como representación positiva, siquiera incompleta, de todas las clases, incluso de las que cargan con la peor suerte
Un nuevo sistema, como fue el capitalismo, ha de consentir a todos un mejor estar material, cultural, moral, una brizna siquiera de libertad relativamente a la situación anterior. Ese contenido es lo único que cabe llamar desarrollo social
En el XIX el mayor dominio de la Naturaleza característico de la civilización capitalista, aún siendo por y para la burguesía principalmente, repercutía más o menos en las clases pobres y explotadas
En el periodo anterior los capitalistas respondían a las conquistas obreras de salario que acortaban la plusvalía, mediante introducciones técnicas que aumentaban la cantidad, la calidad y la baratura de los productos
Hoy el aumento de salario va asociado a una progresión mucho mayor de la plusvalía, siempre con limitación de la calidad de los productos y encarecimiento. La tecnología es utilizada a contrasentido y en detrimento de la mayoría
Aunque el dominio de la Naturaleza, desde la física y la química hasta la genética y psicoanálisis, sigue aumentando, el capitalismo en general ya no redunda sino en peoría para la gran masa de clases pobres
Todo habla del fin del desarrollo: obsolescencia programada, mala calidad de la alimentación, de la vivienda, del transporte... el paso de la educación al condicionamiento y el adoctrinamiento
Que las mujeres se hayan incorporado al trabajo asalariado para someterse a una espiral de explotación, violencia y precarización no es «desarrollo» ni progreso cuando podríamos superar ya el trabajo asalariado mismo
Nunca los instrumentos de trabajo y los productos de su trabajo fueron tan ajenos y oprimentes. La sociedad entera es un campo de concentración cotidianamente saqueado por sus organizadores, comercio y fisco mediante
El totalitarismo político, simultáneamente policíaco y militarista, que ha ido invadiendo el mundo entero, incluso los países en que pervive, carcomida, la democracia burguesa
El militarismo y la producción armamentística es un síntoma de una industrialización por la industrialización, cuya relación con el consumo necesario es cada vez más tenue y falsa
Policías y ejércitos encarnan el poder por el poder de un capital anónimo, superado por la técnica y las exigencias humanas, que se sobrevive a sí mismo como forma de organización social
Sin distinguir entre desarrollo y crecimiento cualquier proyecto revolucionario queda suspendido en el vacío, desaprovechando las posibilidades de educación e intervención subversiva del proletariado
Confundir desarrollo y crecimiento idealiza el crecimiento industrial como factor de estabilización y mitifica la crisis de sobreproducción, confiriéndole el mágico y exclusivo poder de empujar el proletariado a la revolución

Suscríbete a nuestra lista de correo

Sígueme en Feedly