La Guía Michelin habla por la burguesía española

En un capitalismo financiarizado, cada vez más incapaz de satisfacer las necesidades humanas más básicas, cada vez mas destructivo del trabajo y la vida, la invención televisiva y cinematográfica del cocinero sirvió para sacar de entre los muertos a un viejo mito capitalista: el de la propiedad capitalista basada en el trabajo.

En el culmen de la fama y el éxito televisivo, unas declaraciones a «El Confidencial» destaparon el melón de la vida real en las cocinas: la mayor parte del trabajo es realizado por «stagiers» que no cobran y son tratados a palos.

Entre los cocineros, todos grandes figuras con nuevas estrellas Michelin recién adjudicadas, destacaban dos:

Pues bien… ¿quiénes han sido los únicos restaurantes que han pasado a tener tres estrellas Michelin este año? Efectivamente: los de Jordi Cruz y Angel León.

¿Cuál es el mensaje?

Los cocineros son en realidad pequeña burguesía. Como todos en la forma más clásica de su clase, trabajan duro y ganan dinero explotando trabajadores. La parte de imagen pública que genera identidad es el perfeccionismo, la disciplina, la creatividad. La que se invisibiliza es que las condiciones de explotación son de una precarización miserable.

La parte de imagen pública que genera identidad es el perfeccionismo, la disciplina, la creatividad. La que se invisibiliza es que las condiciones de explotación son de una precarización miserable.

Jordi Cruz y Angel León en la gala Michelin 2018.
Pero los cocineros, a diferencia del agricultor catalán que sale con su tractor a apoyar el procés o del pequeño industrial andaluz que dirige su taller o empresa en una localidad meridional, son parte además del glamour y «la cultura», reciben en sus restaurantes a los grandes burgueses del estado y los negocios, charlan con ellos en los postres, reciben su admiración y agradecimiento, dan cursos en escuelas de negocios y charlas en jornadas de directivos. Da igual el escándalo, a sus restaurantes los inspectores de trabajo siempre llegarán tarde.

¿Qué mensaje manda la «Guía Michelin»? Que la burguesía española no piensa guardar las formas cuando se trata de «los suyos» y sus avenidos, que no les importa el cómo, que ni siquiera se sienten obligados a fingir escándalo o sorpresa. Para ellos el viejo Manchester decimonónico queda adelante, no atrás. Y la «opinión pública», como los programas de cocina, están para mantenernos entretenidos. El plato fuerte, es para ellos.

Para ellos el viejo Manchester decimonónico queda adelante, no atrás. Y la «opinión pública», como los programas de cocina, están para mantenernos entretenidos. El plato fuerte, es para ellos.
 
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