La guerra comercial llega a América del Sur

Fábrica de neveras argentina en los años 30
De forma parecida a como vimos en Venezuela pero sobre todo en España, el capital industrial argentino se desarrolla y se conforma tarde, sobre la base de la demanda de las potencias anglosajonas durante la guerra. Como en el caso español, la crisis del 29 golpeará con fuerza a la flamante estructura industrial acelerando la transformación de las clases dominantes en un capitalismo de estado que oscilará entre las formas «liberales» y la planificación del gobierno Perón. Es entonces cuando el «modelo sudamericano» cristaliza como algo diferente al de los países mediterráneos europeos que hasta entonces habían ido en paralelo.

El problema es el mismo de todo capital nacional en la nueva época: la ausencia de mercados extracapitalistas internos en los que realizar la plusvalía generada por las industrias, lo que produce una necesidad acuciante de ganar mercados exteriores. La solución será sin embargo particular dada la existencia de un agro industrializado con capacidad de realizar exportaciones masivas a bajo coste de materias primas y el relativo poco peso de estas en el comercio mundial. En trazo grueso: el estado cargará al sector primario con impuestos a la exportación de dos cifras y con eso mantendrá una base de consumo y una industria protegida arancelariamente y, en muchos casos, subsidiada directamente. Es decir, el estado «garantiza» la realización de la plusvalía que el mercado por sí mismo no podría realizar sobre el gravamen de la exportación de un par de productos en el mercado internacional. La exportación de aceite de soja está grabada a día de hoy con un 27% en Argentina y se discute aplicar un tipo similar a sus derivados como el biodiesel, expandiendo la lógica impositiva a la industria de transformación ligada al agro.

El «modelo exportador» del capitalismo de estado sudamericano se basa en gravar exportaciones y asegurar con lo recaudado por el estado la realización de la plusvalía de un sector industrial salvaguardado de competencia.

Protestas de la burguesía y la pequeña burguesía agraria en Uruguay.
Obviamente, el modelo resultante conoce roces constantes entre la burguesía agraria y el estado y es tremendamente frágil a los precios internacionales y a los tipos de cambio. Las crisis inflacionarias aparecerán cíclicamente una y otra vez movidas, por contradicciones que son tan insalvables como evidentes para el propio capital nacional.

Con economías tales, el nuevo proteccionismo de EEUU y el desarrollo de la guerra comercial global son un verdadero terremoto. No solo porque EEUU haya cerrado el mercado con un arancel del 140% al biodiesel argentino obligando a buscar nuevos mercados desesperadamente. También porque, en un retrueque, la represalia china sobre la soja americana aumenta la demanda asiática que reciben Argentina y Brasil (que junto a EEUU producen el 80% de la producción mundial) al punto de hacer rentable la importación desde EEUU para su reventa. Son las distorsiones inevitables del proteccionismo. Cada vuelta de tuerca de la guerra comercial va a desestabilizar a los dos gigantes sudamericanos, poniendo en cuestión en primer lugar la estabilidad de precios.

La fragilidad del «modelo» a los precios internacionales y los tipos de cambio se convierte con la guerra comercial en una pendiente de tensiones inflacionarias, conflictos con el agro y devaluación y precarización del trabajo

Cosecha de soja en Argentina.
Pero seguramente la consecuencia global más evidente sea que la aceleración de las tensiones imperialistas convierte a Brasil y Argentina en valiosos de nuevo tanto para el capital europeo como para el británico. Sobre todo en un momento en el que se está acabando de negociar el tratado UE-Mercosur. En este marco es normal que Alemania mire con tanto interés el desarrollo de las relaciones entre España y Argentina. Es un verdadero piloto de lo que viene. España está intentando recapitalizar sus empresas ariete, como Telefónica, poniendo en valor sus inversiones argentinas y «exportar sobre seguro» consiguiendo licitaciones públicas ventajosas. No le va a faltar a Macri «apoyo político» de Rajoy ni de una burguesía española que hasta se da el lujo de venderle consultoría para desguazar el sistema de ciencia y tecnología aplicada.

Alemania y Gran Bretaña siguen la estela de España, que busca en Argentina recapitalizar a sus grandes empresas poniendo en valor inversiones pasadas y aumentar exportaciones «seguras» a través de licitaciones públicas.

Asamblea de trabajadores del INTI que dio el paso a la huelga.
Desde el punto de vista del trabajo, ya empezamos a ver consecuencias. La reforma del sistema de pensiones es solo el primer paso. Eliminar consumos básicos subvencionados y reducir las pensiones es el camino fijado a a día de hoy por el capital argentino para reducir las tensiones inflacionarias. Aumentar la precariedad y bajar los salarios reales, es el camino para ganar oxígeno a un sector industrial y de servicios que si no puede aspirar de otro modo a vender en el mercado europeo al tiempo que se recapitaliza para tecnificarse.

El camino de Argentina en su aproximación a la UE pasa por atacar pensiones y gasto social para salvar la inflación y aumentar la precariedad y reducir salarios reales para poder entrar y al tiempo capitalizarse en Europa.
 

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