La gran ofensiva alemana de invierno

Fábrica de Volkswagen en Wolfsburg (al frente el Ritz-Carlton). La fabrica produce más de 850.000 coches al año y tiene una superficie de 6,5 millones de m2.

Tras agónicas negociaciones que han tenido empantanada a la burguesía alemana, Merkel es canciller de nuevo. Mientras tanto, la guerra comercial se ha convertido en un hecho innegable. Hoy mismo es noticia que EEUU prepara una nueva andana arancelaria contra los productos tecnológicos chinos. En ese marco, bajo los datos de crecimiento de la economía alemana lo destacable no son los datos mismos, sino la dependencia de las exportaciones, que obliga a una política exterior de defensa de los mercados europeos y conquista de los extracomunitarios.

En un marco de guerra comercial lo destacable del crecimiento alemán es la dependencia de las exportaciones, que obliga a una política imperialista de defensa de los mercados europeos y conquista de los extracomunitarios.
Merkel y Macron comunican el 2 de marzo que retrasarán la presentación de su plan de reforma del euro... para volver de nuevo al calendario original unos días después.

El estancamiento político en Italia con sus inevitables giros antialemanes, la presión creciente del «bloque de Visegrado», la necesidad de disciplinar a los balcánicos antes de una nueva ampliación, el aliento constante de EEUU a todo palo en la rueda del proyecto alemán... su propias dificultades internas para renovar su aparato político. Hasta la propia burguesía alemana llegó a pensar que era demasiado para poder comérselo de un solo mordisco.

El resultado fue el anuncio por Macron y Merkel de un retraso en la presentación del plan de reforma del euro, pieza clave de la reorganización federalizante de Europa que es el elemento central de la estrategia franco-alemana.

Pero casi inmediatamente, la correlación de fuerzas vuelve a cambiar y el aparato del estado alemán reacciona con agilidad. A pesar de las dudas, de las fragilidades, se anula el mensaje anterior y se anuncia de nuevo el plan franco-alemán: este será el mes de la gran ofensiva alemana.

Estamos en medio de la mayor ofensiva económica, política y diplomática de Alemania en Europa desde los años noventa.

¿Qué ha cambiado en Europa?

Juncker, el presidente de la comisión, activista y pieza clave de las tendencias hacia la conversión de la UE en un «bloque».
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Para sorpresa de la propia diplomacia alemana, Macron consiguió un triunfo histórico abriendo la puerta a que los fondos europeos se repartan condicionados al «cumplimiento de normas y valores europeos». Un torpedo en la línea de flotación del grupo de Visegrado -Polonia, Hungría, Eslovaquia y Chequia, los países con un desarrollo legal del autoritarismo más marcado- que quedaría así al albur de la vigilancia de la comisión europea. Y desde luego un serio aviso para la rebelde Austria, cuyo gobierno de alianza entre la derecha y la ultraderecha podría quemarse si se acerca demasiado al ultranacionalismo de los de Visegrado.

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Juncker propuso una reforma que será clave para el desarrollo de la estrategia franco-alemana de organización de un bloque común en Europa: la política exterior común se decidiría por una mayoría cualificada de 15 o 16 países, en vez de por unanimidad como hasta ahora, siendo sin embargo obligatoria para todos con independencia de lo que hubieran votado.

El asesinato en Eslovaquia del periodista Jan Kuciak y su pareja, Martina Kusnirova, dio paso a partir del día nueve de marzo a las movilizaciones más masivas de la historia del país desde su independencia.
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El partido socialdemócrata rumano, el antiguo PC stalinista, se declaró partidario de que Rumanía adopte el euro en 2024. Sería el primer crecimiento de la eurozona a un país importante desde 2009 en que se incorporó Eslovaquia y será un elemento clave en la expansión de la disciplina franco-alemana a los Balcanes.

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Y seguramente lo más decisivo ha sido la crisis política eslovaca. El asesinato político de un periodista de investigación y su pareja produjeron movilizaciones masivas contra el gobierno y el aparato político eslovaco que han llevado a este a un práctico colapso. Alemania ha sabido utilizar la inestabilidad gestionando el apoyo al movimiento mientras ofrecía ayuda a las autoridades, demostrando que no solo las potencias anglosajonas saben utilizar el «Maidan» o el «procés» como una pieza de negociación.

Alemania ha demostrado en las movilizaciones masivas eslovacas que no solo las potencias anglosajonas saben utilizar el «Maidan» o el «procés» como una pieza de negociación
Bajo la bandera europea, el imperialismo alemán.

La siguiente fase de la ofensiva alemana no será fácil, desde luego. En primer lugar implicará, como se ha visto ya apuntado en el nuevo gobierno de gran coalición, una relajación interna y externa de las políticas de austeridad... lo que posiblemente reforzará las tendencias centrífugas de los estados «nordistas». Por otro lado, no hay otra opción que mantener tono cada vez más ambiguo con Rusia lo que a su vez exacerbará la suspicacia de los países de Visegrado. Pero no hay otra opción para el imperialismo alemán. El aislamiento británico y su poca capacidad de maniobra en el asunto de los espías asesinados muestran por las claras que no le conviene exacerbar la respuesta a las constantes provocaciones y ataques rusos mientras esté abierto el frente de la guerra comercial con EEUU... que no tiene visos de ir a cerrarse pronto.

Alemania es un elefante fonambulista caminando en la cuerda floja sobre un campo de minas. Su hoja de ruta multiplicará inevitablemente las tensiones imperialistas dentro y fuera de la UE
 
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