¿La ganancia de una empresa es igual a la plusvalía que extrae de sus trabajadores?

NO

Plusvalía y ganancia pertenecen a dos planos diferentes del sistema económico. La ganancia se produce en el plano de los precios, el plusvalor en el del valor. Valores y precios se comunican a través del mercado de capitales, no del mercado de bienes y servicios que regula los precios entre distintos productos de distintas ramas.

Los precios son relaciones entre cosas, los valores en cambio reflejan relaciones entre clases implicadas en la producción. Dicho de otro modo, el valor es una relación social, entre clases sociales, no una relación entre mercancías. Esta confusión, el famoso fetichismo de la mercancía, verdadera «religión del capitalismo», nos llevaría a pensar erróneamente que la explotación de un trabajador o un grupo de trabajadores varía al variar los precios de aquello que produce.

Plusvalía y ganancia pertenecen a dos planos diferentes del sistema económico. No se puede calcular la plusvalía extraída en una empresa equiparándola a la ganancia que obtiene en el mercado.

La cuestión de fondo es que la plusvalía es el objeto del sistema: el capitalismo es un sistema de producción de plusvalía. Por eso los precios entre mercancías y por tanto la ganancia particular de una empresa determinada, están supeditados a la organización de la extracción general de plusvalor. Pero vayamos por partes

El valor de una mercancía viene dado por el trabajo socialmente necesario para su producción que es diferente del trabajo concreto que precisó. Una empresa de tecnología atrasada no produce más valor en un objeto igual que otra robotizada.
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En realidad, el valor de una mercancía -sea un producto físico o un servicio- viene determinado por el «trabajo socialmente necesario» para su producción, es decir, el requerido para producir un valor de uso cualquiera, en las condiciones normales de producción vigentes en una sociedad y con el grado social medio de destreza e intensidad de trabajo. El valor mide el esfuerzo medio necesario para producir algo a lo ancho de una sociedad.

Eso aplica también para entender cual es el coste de reproducción de esa mercancía particular que es la fuerza de trabajo. El salario es el coste de reproducción de la fuerza de trabajo: el trabajo social necesario para mantener un determinado grado de habilidad, conocimientos técnicos, etc. en una determinada categoría de trabajadores necesaria para la producción de un objeto o servicio determinado. La diferencia entre ese coste -el salario expresado en términos de valor– y el valor producido es la plusvalía.

El valor de una mercancía viene dado por la cantidad de «trabajo social» necesario para su producción. Las empresas con menor productividad no producen más valor por emplear más recursos.

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¿Pero y si medimos la media de ganancia de un sector, industria o país? Tampoco. Para el capital como un todo, lo importante a la hora de colocarse no es la plusvalía en sí arrancada en cada empresa particular, sino la tasa de ganancia, es decir, la relación entre la plusvalía producida y el capital total adelantado por el capitalista.

Las distintas empresas no son sino colocaciones posibles del capital que compiten entre sí en el mercado de capitales por ser más atractivas, es decir, ofrecer mejores tasas de ganancia a los capitales que buscan colocación. La función del mercado de capitales es precisamente homogeneizar las tasas de ganancia de las distintas colocaciones. Como dice Marx:

Se comportan entre sí como se comportarían si nos representasemos la suma global de los capitales que forman el capital de las clases capitalistas como una magnitud sobre la que se calculara la plusvalía total[…] No cabe duda de que, calculado así, cada fragmento de este capital global percibiría una parte alícuota de la plusvalía total, con arreglo a la proporción en la que participara de ella.[…] El volumen de ganancia depende del volumen del capital, del numero de shares in that general capital which are owned by the capitalist, de ahí que la competencia entre los capitales trate de considerar cada capital de por sí como un fragmento del capital global, regulando a tono con ello su participación en la plusvalía y, por tanto, en la ganancia.

Los capitalistas tienden a repartirse entre ellos (tendencia en la que consiste precisamente la competencia) la cantidad de trabajo no retribuido que estrujan a la clase trabajadora -o los productos de esa cantidad de trabajo- no en la proporción en que un capital específico produce directamente plustrabajo, sino, primero, en aquella en que este capital específico representa una parte alícuota del capital global y, segundo, en la proporción en que el capital global produce plustrabajo. Los capitalistas se reparten el botín del trabajo ajeno apropiado como enemigos fraternales, de tal modo que por término medio, el uno se apropia de la misma cantidad de trabajo no retribuido que el otro.

Carlos Marx. Teorías de la Plusvalía, capítulo VIII.

Si tomamos las ganancias medias de un sector, industria o país, tampoco obtendremos la «plusvalía media». El mercado de capitales entre empresas no iguala la plusvalía sino la tasa de ganancia del capital
Para mantener la tasa de ganancia media la ciclologística devuelve al trabajador a la condición de animal de carga cuando la tecnología hace un siglo que lo había superado.
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Al igualar -o tender a igualar- las tasas de ganancia de las posibles colocaciones del capital, la equivalencia entre la plusvalía extraída y la ganancia obtenida por el capital en un país o un ramo industrial salta por los aires, ni hablemos de una empresa particular. Se vuelve en el mejor de los casos una casualidad, un anómalo estadístico. De hecho, de forma general, la plusvalía será diferente de la ganancia en cada empresa particular.

Al igualar -o tender a igualar- las tasas de ganancia de las posibles colocaciones del capital, la equivalencia entre la plusvalía extraída y la ganancia obtenida por el capital en un país o un ramo industrial salta por los aires
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Esto convierte en utópicas todas las pretensiones del anarquismo de presentar un «capitalismo sin ganancia», una sociedad que no retribuyera al capital, como socialismo. Un mercado universal de mercancías en el que las empresas fueran todas cooperativas de trabajo que no retribuyeran el capital y que se financiaran gracias a un «banco popular» que diera créditos a interés cero, no acabaría con la explotación. La necesidad de planificación para otorgar tales créditos gratuitos llevaría probablemente por el contrario a problemas similares a los del capitalismo de estado ruso de la era stalinista: la ley del valor, el salario y por tanto el capital seguirían imperando sobre la sociedad bajo las condiciones de un plan que mantendría en el sub-consumo a los trabajadores con independencia de su salario.

La fantasía de un «socialismo de mercado», una sociedad de cooperativas de trabajo que no retribuyera al capital no acabaría con la explotación ni reduciría la plusvalía, solo distorsionaría las aplicaciones del capital.
 
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