Diario de Emancipación

La danza de los átomos mercantiles

13 de enero, 2019 · Marxismo> Crítica de la ideología

Canal de Castilla, el gran sueño «arbitrista» peninsular.

¿Y si la historia de la ciencia estuviera leyendo mal la evolución de la Alquimia y su vocación y transformación principal hubiera sido la teoría monetaria y no la Química moderna?

Hasta sus mejores representantes [de la Economía Política] se quedaron atrapados en el mundo ilusorio que su critica había disuelto, y nada más es posible desde el punto de vista burgués; todos cayeron en inconsistencias, medias verdades y contradicciones no resueltas.

Carlos Marx, El Capital Tomo III

La ilusión en cuestión no es ningún truco de brujería, paranoia ni fantasmagoría, es simplemente el fetichismo de la mercancía bajo el cual lo que es aparentemente intercambio de equivalentes a nivel «local» es en realidad transferencia de riqueza a una clase dominante desde la perspectiva de la totalidad de la economía. ¿Cómo es posible tal efecto de escala?

De hecho, la idea de gestionar el intercambio de todo un territorio como si fuera un enorme mecanismo a la escala del país entero ya se menciona en la Inglaterra del siglo XVI, de la mano del platonista Thomas Smith (no confundir con Adam):

[Según Smith] la subida de precios por parte de los granjeros era un resultado de la subida en los alquileres, que los terratenientes estaban obligados a incrementar debido a la inflación del precio de la mercancía. Los terratenientes pues estaban obligados a cercar los campos, reducir sus gastos de trabajo y convertir la tierra de cultivo en pastos. Entonces, decía Smith siguiendo la analogía de un reloj, «una cosa está apoyada sobre la siguiente y empuja a la posterior, pero es la causa primera de este movimiento e impulso circular».

La primera explicación en la versión de 1549 era que la bajada en la calidad de la moneda era la «primera causa original» de la inflación. Se vio obligado, debido a lo sucedido después de 1549, a revisar esta explicación. El caballero en la nueva versión preguntó por qué la inflación aún seguía ocurriendo incluso después de que la moneda hubiese sido devuelta a su calidad original, a lo cual Pandotheus respondía que habían dos causas especiales que ocasionaban que la inflación continuase incluso después de restablecer la moneda. La primera era la subida de alquileres por parte de los terratenientes como respuesta a la subida de precios. Una segunda causa especial, afirmaba Smith, probablemente influenciado por la respuesta de Bodin a la paradoja de Monsieur de Malestroit (1568), era el flujo de oro y tesoros desde el Nuevo Mundo.

Neal Wood, Foundations of Political Economy: Some Early Tudor Views on State and Society

John Dee, astrónomo y asesor aúlico de la reina Isabel I de Inglaterra con Edward Kelly invocando un espíritu.

Como ya comentamos en esta serie, los inicios de la edad moderna en Europa se caracterizan por una inflación galopante en los precios que empieza a detener la actividad productiva de las sociedades -observen cómo los terratenientes se ven obligados a echar a los campesinos para cercar los campos y exportar lana a los Países Bajos- y revienta el valor de cualquier moneda producida en el continente. Preocupado por la decadencia general el famoso mago John Dee responde al texto de Thomas Smith en «Brytannicae Reipublicae Synopsis». Dee está preocupado por la inflación y la «corrupción de la moneda». Su solución pasa entre otras cosas por:

Un montón de sitios en la ley civil requieren de un Aritmetista experto, para comprenderlos […] en las leyes del reino, justicia e igualdad serán grandemente preferidas, y bien ejecutadas, a través de un buen uso de la Aritmética […] Proporción y justicia vienen de muchos libros citados en «De Republica» [«De Republica Anglorum», el libro de Smith].

John Dee, Brytannicae Reipublicae Synopsis

Hay que conseguir una manera de multiplicar el oro/riquezas a partir de metales «impuros». Una manera de detener la inflación galopante que destruye y detiene al cuerpo social. ¿Les suena? Es la transmutación de los metales en oro, la alquimia verdadera.

El objetivo de los primeros economistas anglosajones era detener la «corrupción de la moneda», la inflación, convirtiendo en oro metales impuros. No es casualidad que fueran alquimistas.

Physiologia

Walter Charleton.

Como vimos en el capítulo anterior, Gassendi y Descartes empiezan a desarrollar la Filosofía Mecánica para unir la Geometría con la Aritmética y poder iniciar así el método matemático de una nueva ciencia que pueda transformar el mundo. Pero para ello necesitan insistir en que el mundo está formado por materia en movimiento calculable, «rellenarán el hueco» con una versión de la teoría atómica de Demócrito y Epicuro. Este nuevo atomismo llegará a Inglaterra de la mano de Charleton, que se verá obligado a eliminar las consecuencias ateas del epicureísmo original. Será dios quien dé el «primer empujoncito» a los átomos de materia originales que explican todo el universo y su devenir en la «Physiologia Epicuro-Gassendo-Charletoniana».

Robert Boyle verá en el nuevo atomismo una vía para sus experimentos. Su trabajo temprano «Of the Atomicall Philosophy» trata sobre el atomismo epicúreo y nos ha llegado gracias al olvido de su autor, quien había escrito «Estos papeles deben ser quemados sin falta». Como ha sido recientemente «redescubierto» por la revista Nature, la obra mas famosa de Boyle, «The Sceptical Chymist», no es un tratado instaurando la nueva Química sino una exaltación de la Alquimia:

De hecho, los lectores contemporáneos vieron «The Sceptical Chymist» como una popularización de van Helmont, quien propuso que todas las sustancias se producían mediante la modificación de un único principio primordial: el agua. Boyle también atribuyó todo a una sola cosa, a la que llamó materia católica [=universal]. Las diferencias en la forma, el tamaño y los movimientos de las partículas diminutas de esta materia dieron lugar a las diversas sustancias del mundo, y el cambio de estas características mediante el uso de la química podría transformar cualquier material en cualquier otro. Así que en lugar de definir los elementos químicos como los conocemos, Boyle dudaba de que los hubiera. Su visión, además, apoyaba la meta de los alquimistas de transmutar los metales básicos en oro.

Lawrence Principe

Usando los experimentos hidrostáticos que vimos en el capitulo anterior y ayudado por Hooke y Petty, Boyle cree que la transmutación es ahora mas posible que nunca:

Como ya hemos comentado, este proceso de transmutación era algo que parecía factible [a Boyle] usando su propia teoría corpuscular de la materia. Efectivamente en su «Formes and Qualities (1666)» dice literalmente que la doctrina ahí expuesta convierte las esperanzas de los alquimistas de «convertir otros metales en oro» en más creíbles.[…]

En el apéndice a «Medicina Hydrostatica» (1690) Boyle defiende que tales técnicas eran especialmente útiles en un tiempo en el que las personas emprendedoras de esta nación están buscando ansiosamente minerales provechosos, tras la derogación de una ley de la época de Enrique IV que lo prohibía. Pero el hecho que los verdaderos intereses de Boyle tuvieran que ver con la transmutación ya se sospechaba por aquel entonces, especialmente por parte de Newton, que le dijo a Locke en una carta de 1692 que pensaba que Boyle había conseguido tumbar el «acta del parlamento contra los multiplicadores [de oro] para probar una receta» que les había pasado a Newton y a Locke.

Michael Hunter

Pero no nos confundamos, este no es el atomismo que se enseña en la escuela hoy. La teoría atómica moderna no empezará a ser realmente aceptada hasta los años sesenta del siglo XIX, cuando Marx escribe «El Capital», curiosamente; Marx tenía un doctorado sobre… Demócrito y Epicuro. Los estudios sobre «atomismo» dos siglos antes tenían un objetivo muy distinto, como bien vieron sus contemporáneos.

El atomismo de Boyle, Petty, Locke o Newton no funda la Química, al revés, es la Alquimia en su esplendor: transmutar metales viles en oro. ¿Pero al final cuál era piedra filosofal? El capital.

Piedra filosofal

Lady Margaret Cavendish

Durante la revolución inglesa, Thomas Hobbes -considerado como un monárquico absolutista- se ve obligado a emigrar a París, donde vive con los Cavendish. Margaret Cavendish, filósofa natural y autora de la utopía absolutista «The Blazing World» responde así a lo que ella percibe como el peligro de la teoría atómica sobre el cuerpo social:

Si cada átomo fuese de una sustancia viviente y tuviese igual poder, vida y conocimiento, y consiguientemente libre albedrío y libertad, siendo cual y cada uno tan Absolutos como otro, nunca se pondrían de acuerdo en un Gobierno y, tan improbable como que varios reyes estuviesen de acuerdo en un reino, o más bien como hombres, si cada uno tuviese un poder igual, pudiesen formar un buen gobierno.

Margaret Cavendish, 1663

¿Cómo es posible? ¿Qué es lo que entendió Margaret Cavendish, en sus correspondencia con Hobbes? No es brujería alguna, es de hecho el mismo truco de magia mimética que usan las demás sociedades de clases. Por ejemplo, las antiguas sociedades asiáticas basadas en la servidumbre agrícola pretendían la existencia de un mundo en las nubes donde se hallaban el orden y las ideas, donde la «mente» abstracta central controlaba las «extremidades» bajo la forma de un mandala. Ni qué decir tiene que ese mundo celestial no existía en otro plano, pero el mandala sí existía… proyectado sobre la superficie terrestre y organizando el orden monárquico. Los estados tributarios se organizaban alrededor de la capital central como las esferas celestes de un mandala, y las peleas a muerte entre nobles se saldaban con cambios en el orden y propiedad de cada tributario. Orden celeste… sobre la tierra.

Henry Brooke

Del mismo modo, el cuerpo de la nación y la economía no existen en ningún plano paralelo ideal, sino proyectados sobre la superficie de la tierra. Como decía Petty en el «Political Anatomy of Ireland», hay que hacer una analogía entre el cuerpo natural [humano] y el cuerpo político y operar literalmente sobre este ultimo. Es decir, igualar todo a un equivalente universal de intercambio, el dinero, y mercantilizar el país y la propiedad lo máximo posible para incrementar el volumen de átomos mercantiles en circulación. Para aumentar el flujo se abren grandes vías circulatorias -en la época de Petty y a partir de inicios del XVIII los canales son más eficientes que las carreteras para acelerar la velocidad y el flujo de los átomos mercantiles- y se debe centralizar toda la economía en una bomba central que impulse y regule el flujo circulatorio -como la hidrostática de Boyle. Obviamente, insistamos, no hay espíritu de las aguas alguno, es un truco. Las mercancías se mueven porque la gente trabaja y las transporta. Es posible impulsar el flujo con un banco central y un mercado de capitales con propiedad «licuada» en acciones circulantes. Como en un fluido metafórico, el intercambio de equivalentes mueve el liquido hacia delante, según la conservación de la cantidad de movimiento teorizada por el propio Newton en las colisiones inelásticas. Toda la gente posible debe ser puesta a trabajar, por la fuerza si es necesario, para mantener el flujo mercantil y ser atomizada ella misma como fuerza de trabajo que pueda fluir, asegurando la combinación de factores de producción allí donde sea necesario.

El mito de la circulación dando salud al cuerpo de la nación se hacía realidad cuando un banco central bombeaba dinero, la propiedad se licuaba en acciones y se atomizaba como fuerza de trabajo móvil al mayor número de personas.

En 1737, el poeta y novelista Henry Brooke propondrá a la Society su plan impúdico para levantar Irlanda a imagen de Inglaterra:

Irlanda yace como una carcasa cuyas partes externas se mantienen calientes debida a aplicaciones externas, mientras que el corazón y los órganos internos se mantienen inanimados, estos que deberían comunicar acción y movimiento a todo el sistema.

Este estado melancólico está afectado por un desempleo horrible,

como un miembro muerto o gangrenado, molestando al cuerpo político.

Estado que existe no solo debido a la inactividad sino por la falta de demanda causada por la libre circulación que se produciría en una economía saludable. El remedio sugerido por Brooke son canales:

mientras estuvieran siendo construidos emplearían mano de obra; cuando estuviesen acabados estimularían la circulación.

La manera de escapar a la inflación galopante y los problemas del cuerpo social será la reorganización del cuerpo social como capital, un autómata animado por el flujo de mercancía. La transmutación -social- de la moneda de baja calidad o incluso del papel en cantidades crecientes de oro. Por fin los alquimistas de la Royal Society encontraron la piedra filosofal que tanto buscaban.

La manera de escapar a la inflación galopante será la reorganización del cuerpo social como capital, un autómata animado por el flujo de mercancía. La piedra filosofal que transmuta moneda de baja calidad en oro.

Un mundo cabeza abajo

El dragón que simboliza la circulación en el tratado alquímico «Aurora Consurgens».

La Royal Society había conseguido llevar a cabo su plan para «transmutar» moneda de metales bastos en masas de oro y riqueza para Inglaterra, pero Robert Boyle no estaba del todo tranquilo sobre las consecuencias de su jugueteo científico:

Los textos no publicados de Boyle también demuestran una fuerte ansiedad sobre el poder que la alquimia pudiese desencadenar, parecido a la ansiedad mostrada por Newton en su famosa carta a Oldenburg de 1676. En un artículo que Boyle escribió sobre un «proceso», recalcó que la ventaja era que «este trabajo no pone en peligro la salud de los estados, aunque cayese en malas manos». Otro diálogo conscientemente se limitaba a aquellos aspectos de la validez de la piedra filosofal independientemente de las «consideraciones morales o políticas», mientras que en un artículo sobre las ventajas y desventajas de revelar el «gran Arcanum», una de las razones en contra era el riesgo de que «pusiera tan en desorden los asuntos de la Humanidad, favoreciera la tiranía y trajera una confusión general, volviendo al mundo cabeza abajo».

Michael Hunter

La Royal Society había conseguido llevar a cabo su plan para «transmutar» moneda de metales bastos en masas de oro y riqueza para Inglaterra, pero eran conscientes del riesgo: desorden, tiranía, confusión... un mundo cabeza abajo, el capitalismo.
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