La bomba ha estallado en Atenas, no en Jerusalem

Las fronteras actuales entre Turquía y Grecia y por tanto entre Medio Oriente y la UE, son el producto del Tratado de Lausana de 1923. Este tratado es un verdadero monumento a los horrores del nacionalismo y el imperialismo. La consecuencia inmediata para centenares de miles de personas fue sufrir un largo ciclo de limpieza étnica organizado por ambos estados cuyos principales flujos puedes ver en esta versión en alta resolución del mapa de la derecha. Ambos nacionalismos han consagrado aquel acuerdo como el verdadero asiento de sus respectivas construcciones nacionales al crear sangrientamente una homogeneidad étnica artificial y una memoria de dolor que durante un siglo han alimentado el etnicismo en ambos países asegurando una base -machacada por el adoctrinamiento escolar y mediático constante- para la «unidad nacional». Pero Lausana no solo involucró a una Grecia nacida de y controlada por el imperio británico y la aparentemente pujante Turquía de Attaturk. Fue una verdadera fiesta de despojos para el imperialismo que tuvo consecuencias directas desde Libia a Arabia Saudí, desde Armenia hasta Egipto, los antiguos territorios del Imperio Otomano.

Erdogan en Grecia

Tsipras recibe a Erdogan en Atenas.
El presidente turco está de visita en Grecia. No se esperaban grandes cosas de esta visita: EEUU todavía esconde las cartas en su relación con Erdogan y la relación puramente bilateral, marcada por las masas de refugiados que siguen llegando desde Siria, Africa y Oriente, se dan en lo que los aliados cataríes de Turquía han calificado como una «paz fría».

¿Qué es eso de una «paz fría»? Hay temas que se arrastran desde hace décadas. Para empezar Chipre. Y desde luego, la frontera marítima del Egeo: desde 2005 está vigente un mandato del parlamento turco según el cual, si Grecia, amparándose en la legislación internacional, aumenta el alcance de sus aguas territoriales, el gobierno turco debe considerarlo automáticamente un «casus belli». No hablemos de las violaciones constantes del espacio aéreo fronterizo.

Pero el imperialismo regional griego no es menos canalla que el turco y desde luego no pierde oportunidad de meterle un palito en el ojo a su rival. Para demostrarlo Tsipras estrenó su primer gobierno dando la cartera de Defensa a los ultranacionalistas «Nuevos Griegos», un Vox militarista y ultramontano escindido por la derecha del partido conservador. Y tras el golpe de 2016 recogió y dio asilo político a ocho de los supuestos organizadores de la intentona.

«Revisar» Lausana

El presidente griego responde ante las cámaras con una negativa rotunda a Erdogan en su propósito de revisar Lausana.
En esa guerra interminable de gestos hostiles enmarcados en sonrisas y abrazos se pensaba que este viaje cubría el expediente con la planeada visita de Erdogan a los turcos étnicos de la Tracia, una región griega junto a la frontera turca. Técnicamente la región más oriental de la Unión Europea.

Pero cuando Erdogan llega a Atenas y concede una entrevista al diario conservador greco-americano Ekatherini tira una bomba que ni Tsipras ni nadie esperaba: plantea la revisión de Lausana, esto es de las fronteras orientales de la Unión Europea.

Con esta jugada ha lanzado un envite a griegos, norteamericanos, británicos y alemanes en un momento en el que no forman precisamente un bloque coherente y en el que la estabilidad política europea -desde la formación de gobierno en Alemania al pacto de las reformas financieras- depende cada vez más de cómo maneje Erdogan el «grifo migratorio» y las masas de refugiados que mantiene en su suelo.

La respuesta griega fue contundente y diplomática a la vez, en directo y dada por el jefe del estado griego: Lausana no es negociable. Pero ¿eso es algo que pueda determinar unilateralmente la burguesía griega? Como en 1923 sus ambiciones solo tendrán recorrido bajo el ala de imperialismos más potentes. Y Erdogan, cada vez más cercano a Irán y Rusia, tiene todavía muchas piezas que mover, incluso dentro de la UE. Este ha sido solo el primer paso, ni siquiera los verdaderos objetivos turcos han sido enunciados con claridad. Pero de lo que no hay duda es de que, mientras los noticieros del mundo miran a Jerusalem, la bomba que de verdad pone en peligro el equilibrio imperialista en el Mediterráneo y las fronteras de la Unión Europea ha estallado en Atenas.


Aportes de los lectores

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Turquia utiliza a las minorías musulmanas de los Balcanes para mejorar su posición política en la region y usarla como apoyo, paga su educación, tanto laica como religiosa. En Tracia no solo hay minoria de turcos étnicos, también de búlgaros musulmanes, los pomaki, que Turquia ha sabido atraerse a la causa, les paga la educación y ofrece trabajo en Turquia, de modo que atraves de etnia y religion crea un colectivo que le ofrece su simpatia. El objetivo a largo plazo en Tracia es proponer un referendum de union con Turquia de esta region. Se ganara cuando los Pomaki y los turcos étnicos superen en numero a los griegos presentes en la region. [Desde Facebook]

 
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