Diario de Emancipación

Internet y el comunismo

12 de marzo, 2019 · Marxismo> Crítica de la ideología

Mapa de cables submarinos que hacen posible Internet.

30 años después de las primeras páginas en html, la prensa sigue confundiendo Internet con la web, pero lo que es peor, el significado material de la tecnología que la sostiene está, cada vez más, oculto en la chachara mercantil de los nuevos monopolios que le dieron forma para el capital. ¿Qué es y qué muestra en realidad Internet?

Máquina de vapor de Jerónimo de Ayanz usada para bombear el agua fuera de las minas.

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Son las relaciones sociales las que dan significado a las tecnologías y no al revés. La máquina de vapor, creada por Jerónimo de Ayanz para las minas de Guadalcanal, Sevilla, se extendió con cierta presteza por Francia, Italia y Alemania un siglo antes que la de Watt. Su uso no dio paso al capitalismo como tampoco lo hizo la de su descendiente inglesa. Es la lucha de clases la que transforma las relaciones sociales, no la tecnología. De hecho, como sabemos desde Marx, los modos de producción en decadencia, como era el feudalismo en el siglo XVII o es el capitalismo ahora, se convierten en verdaderas trabas para las fuerzas productivas que ellos mismos han creado. La máquina de vapor no podría desarrollar su potencial productivo hasta el nacimiento del capitalismo en Inglaterra. ¿Es eso lo que está pasando con Internet? ¿Es Internet una tecnología «trabada» por el capitalismo?

¿Es Internet para el capitalismo lo que fue la máquina de vapor para el último feudalismo? ¿Está el capitalismo «trabando» sus posibilidades productivas?

Fiesta de Guadalinfo, comunidad de software libre.

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Desgraciadamente ha habido pocos aportes a un debate sobre Internet desde una perspectiva de clase. Lo que apuntan en todo caso es relevante: varias tecnologías aparecidas en Internet permiten de hecho visualizar la capacidad técnica ya presente de producir abundancia evidenciando la posibilidad material de una transición hacia el comunismo. Es más, la contradicción entre las posibilidades abiertas por tecnologías que permiten producir copias y distribuirlas a coste cero y la inutilidad para el capitalismo de todo lo que no pueda convertirse en mercancías habría dado pie a conatos de «producción entre pares» (software libre, Linux) que expresarían la necesidad social de relaciones sociales desmercantilizadas.

Internet permite visualizar la capacidad presente de producir abundancia. La contradicción entre ésto y un sistema que pivota sobre la mercancía se expresaría ya, para algunos, en conatos de formas de producción desmercantilizadas
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Lo importante es entender que, como ha ido mostrando la práctica social, las formas productivas que hoy reclaman la desmercantilización y expresan su posibilidad, no pueden transformar por sí solas el capitalismo. Las comunidades de desarrollo de software libre o de «producción entre pares» son, a cierto punto, similares a las islas de pequeñas comunas rurales que restaban en el siglo XIX: pueden estar aparentemente desmercantilizadas «hacia dentro», pero son inseparables del sistema mercantil como un todo, sin el que no podrían sobrevivir. No son imposibles islas de comunismo, son la anécdota a la que las relaciones sociales capitalistas reducen el resultado de unas tecnologías que, de transformarse las relaciones sociales podrían y deberían ser parte de una explosión de abundancia.

El software libre y la producción entre pares no son imposibles islas de comunismo sino el destello desvaído al que el capitalismo reduce unas tecnologías que, de transformarse las relaciones sociales, deberían ser parte de una explosión de abundancia

Google celebra el 30º aniversario de la web.

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Es cierto que el capital ha tenido dificultades para «digerir» Internet. Como otras tecnologías, que tienen la capacidad de satisfacer necesidades masivas con costes variables prácticamente constantes, su mercantilización requiere la continua imposición de nuevas barreras legales y coercitivas, como se ha visto con el desarrollo de las leyes de propiedad intelectual durante los últimos treinta años. Leyes que acaban convirtiéndose en sistemas estatales o paraestatales de vigilancia y represión generalizada. Pero no es solo dando una vuelta de tuerca más al totalitarismo estatal como el sistema se defiende de las fuerzas productivas que él mismo ha creado y que ahora frena en lugar de desarrollar. Las masas ingentes de capital ficticio que expresan las dificultades del capital para la acumulación solo apuestan por un sector o tecnología si pueden condicionar su desarrollo para que sirva a su colocación. Es para eso para lo que está «Silicon Valley» y sus mil imitadores y réplicas en cada capital nacional. Su primer resultado -los Google, facebook, Amazon, twitter…- son respuestas innecesarias desde el punto de vista de las necesidades humanas -nada de lo que hacen necesitaba de ellos para poder proveerse gratuitamente a millones- pero vitales para dar sentido a miles de millones de dólares invertidos en «granjas de servidores», masas de capacidad de cómputo y desarrollo.

El capital ha tenido dificultades para «digerir» Internet. Lo ha hecho mediante la continua imposición de nuevas barreras legales y coercitivas y la creación de monopolios sobre-capitalizados y socialmente innecesarios

¿Qué es hoy el desarrollo tecnológico?

La robotización bajo un capitalismo que no tiene dónde expandirse, a falta de nuevos mercados, produce desempleo.

Con todo, los capitales monopolísticos de la industria tecnológica solo han podido afirmarse y prevalecer con tasas de ganancia ridículas, un uso extensivo de la gratuidad o semigratuidad de los servicios, extendiendo la mercantilización a los datos personales, la información sobre los comportamientos, las preferencias… en buena medida para alimentar a otro «devorador» de capitales: la Inteligencia Artificial, materialización de «hasta qué punto las fuerzas productivas sociales son producidas no sólo en la forma del conocimiento, sino como órganos inmediatos de la práctica social, del proceso vital real». Es decir, el capitalismo está no solo frenando e intentando contener, sino torciendo el desarrollo tecnológico para dar sentido al capital. El resultado, sin embargo, no puede evitar tomar la forma de una socialización del conocimiento, socialización que se aplica cada vez más directamente a la producción.

El capitalismo está no solo frenando e intentando contener, sino torciendo el desarrollo tecnológico para dar sentido al capital. El resultado, sin embargo, no puede evitar tomar la forma de una socialización del conocimiento.

Si Internet, que no fue sino un momento de ese proceso, dio paso a toda una nueva gama de expresiones de las contradicciones internas del sistema; el desarrollo de la Inteligencia Artificial y la robótica, la perspectiva, ya explícita, de fábricas multi-propósito auto-configuradas, robotizadas al punto de dar una productividad gigantesca al trabajo humano, nos devuelve al terreno fundamental de la crisis y la contradicción fundamental del capitalismo: nosotros.

La IA, la robótica y la perspectiva de las fábricas multipropósito con productividades gigantescas, nos devuelve a la contradicción fundamental del capitalismo: nosotros

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