Iglesia católica y pederastia

«El Papa protege sacerdotes pedófilos». Cartel de protesta en Irlanda.
Un ataque del ala ultra de la Iglesia ha mostrado cómo el Papa encubrió abusos sexuales a menores en el momento en el que éste intentaba escenificar un punto y aparte en Irlanda. No es solo un «escándalo». Lo que la fiscalía chilena está destapando es que la jerarquía eclesial entendía el abuso sexual de menores como una de las prerrogativas del cargo. Y no es solo en Irlanda, Chile y EEUU. La respuesta de la Iglesia australiana, negándose a hacer públicos los abusos que conoce y el descubrimiento de que el hermano del Papa Benedicto estaba ligado a la violación de 547 niños de un coro muestran un comportamiento universal y bien inserto en «el ser» de la Iglesia católica.

La masividad de los abusos y violaciones de menores por cuadros de la Iglesia católica en Chile, EEUU, Argentina, Irlanda, Alemania... muestran un comportamiento universal y bien inserto en «el ser» de la Iglesia católica.

León Ferrari representó con sus objetos y composiciones la relación entre Iglesia y la trituradora de carne de las desapariciones de la dictadura militar.
¿Sorpresa? Ni en lo particular, ni en lo general. En lo particular es bien conocida la militancia del Papa Francisco en la extrema derecha peronista y su participación en las «desapariciones» de la dictadura militar argentina, denunciadas durante años por víctimas y familiares. En lo general, como ahora apuntan los opinadores profesionales de la misma prensa progre que durante años rió las gracias «sociales» de la organización, la cultura de los abusos y las violaciones es un secreto a voces entre la pequeña burguesía y la burguesía que fue a sus colegios, una suerte de esoterismo criminal. Los abusos son un crimen cuyo conocimiento, como en las bandas y las maras, era necesario para formar parte del «secreto» que hacía «confiables» a sus altos cuadros. Es decir, la pederastia en la Iglesia católica cumple el mismo papel que la iniciación de los jefes de las maras o los «sobres para todos» de la corrupción: la complicidad con crímenes de un horror y magnitud tal que su conocimiento público pone en peligro a toda la estructura al tiempo que asegura internamente la impunidad como una suerte de retorcido «privilegio de pertenencia», establece la cohesión de la élite jerárquica. Por eso esperar de él que haga algo más que una condena ritual de cara a la galería, como pretende que hagamos la prensa una y otra vez, es sencillamente absurdo.

La pederastia en la Iglesia católica cumple el mismo papel que la iniciación de las maras o los «sobres para todos» de la corrupción: la complicidad de cada uno con un crimen que arrasaría a la estructura establece la cohesión de la élite jerárquica

El Papa con los obispos chilenos, que renunciaron en bloque al hacerse público y evidente la masividad de los delitos de abusos y pedofilia de los que fueron cómplices.
Estamos en un campo diferenciado al de la religión como ideología y su crítica histórica y materialista. De lo que se trata aquí es de la Iglesia como parte del estado no en su dimensión ideológica sino estrictamente material, como estructura de poder de clase cuya «cultura oganizativa» no es otra cosa que una representación a puerta cerrada de la «trituradora de carne» general de las instituciones disciplinarias y «educativas». Trituradora que por supuesto, se ceba, sobre todo en las clases subalternas: alumnos becados, foráneos, «ayudados» por los programas sociales, «acogidos» o «reeducados». Como se vió en el juicio de la «Casa Pía» en Portugal, el abuso y la prostitución de menores no es un terreno exclusivo de la Iglesia, el monstruo vive en toda la estructura del estado… porque participa de su lógica. Si las instituciones religiosas son tan dadas a articular y articularse sobre sistemas de vejación es porque participan de esta lógica al ser o haber sido religiones «de estado» históricamente imbricadas en la estructura estatal. Por eso la jerarquía budista no es menos criminal que la católica: no hay mes sin un «escándalo» y sin ir más lejos, la historia de los idolatrados lamas tibetanos merecería unos cuantos especiales de la prensa criminal. Es decir, la generalización de «abusos» no es un «problema católico», sino de las estructuras educativo-represivas de dominio de clase, gestionadas por estructuras religiosas en buena parte del mundo.

La generalización de «abusos» no es un «problema católico», budistas, protestantes y «casas pías» muestran que es de las estructuras educativo-represivas de dominio de clase, gestionadas por estructuras religiosas en buena parte del mundo.

Durante décadas todo lo que nos habían contado eran fábulas simbólicas de un «secreto» terrible que pondría en peligro a una Iglesia que perseguía a los que querían hablar.
Durante décadas todo lo que nos han contado de este horror han sido fábulas, novelitas baratas al estilo «Código Da Vinci» en las que un secreto terrible de la Iglesia Católica, guardado bajo siete llaves desde sus mismos orígenes, movilizaba la persecución de quienes, por un azar, sabían como interpretar los símbolos y eran tan pardillos de contárselo a los obispos. Era desde luego una forma de contar lo que estaba pasando. Y de repente, en EEUU, Irlanda y prácticamente todo el mundo católico, una tremenda masa de casos se levanta y hace público. ¿Por qué? ¿Qué rompió el secreto?

El Vaticano no es una estructura estatal más. El pequeño estado, último resto de los tiempos feudales en el mapa político europeo, es la cabeza política y administrativa de una trama de aparatos estatales que el «Concilio Vaticano II» nacionalizó definitivamente al crear «conferencias episcopales» y consagrar una estructura piramidal basada en el estado nación que el propio desarrollo del capitalismo había, en lo fundamental, ganado para sí. La crisis de la Iglesia a partir de la posguerra es en buena parte la confluencia de dos líneas de fractura: la que viene dada por el conflicto entre las burguesías nacionales a las que cada aparato eclesial local se liga y la que atraviesa el conjunto de la Iglesia en la lucha por el poder y el debate sobre el carácter (más nacional o más centralizado) que la Iglesia debe tomar para reducir su erosión política. Este segundo eje provee de información interna. Pero solo el primero, el que liga el Vaticano al conflicto imperialista, desde Birmania a la batalla entre el eje franco-alemán y el grupo de Visegrado, podía darle vuelo. Es decir, las mismas fuerzas que impulsan el capitalismo hacia la guerra generalizada y las mismas luchas internas que desgarran a las burguesías nacionales, son las que han roto, desde dentro, el muro de silencio de la jerarquía católica. Y ése es, al final, el verdadero secreto y el crimen último.

Las mismas fuerzas que impulsan el capitalismo hacia la guerra generalizada y las mismas luchas internas que desgarran a las burguesías nacionales, son las que han roto, desde dentro, el muro de silencio de la jerarquía católica.
 
Sígueme en Feedly