¿Hubo Izquierda Comunista en Uruguay y Chile?

En un artículo anterior sobre la Izquierda Comunista Argentina hemos visto cómo el debate sobre la «liberación nacional», en una situación de retroceso general de la clase trabajadora y contrarrevolución triunfante, polarizó a los comunistas decantando las tendencias internacionalistas y finalmente derrotándolas. En fenómeno no fue en absoluto exclusívamente argentino, sino que se produjo todo el Cono Sur.

El internacionalismo en Uruguay

Manifestación contra la carestía de la vida en Montevideo, 1911
En Uruguay la Izquierda Comunista había nacido en 1929 como una escisión del Partido Comunista. Su evolución será similar a la Izquierda Comunista Argentina. Cuando Liborio Justo, Quebracho, crea su grupo en Argentina, el «GOR», sobre posiciones nacionalistas, anima también una escisión entre los uruguayos, forzando la creación de un «GOR» local en 1937. Justo, que lideraba las tendencias nacionalistas que estaban desplazando a las posiciones contrarias a la «liberación nacional» que defendía la Izquierda Comunista Argentina, tenía bien claro que este era el fondo de las discrepancias. En uno de sus libros, haciendo recuento de seguidores y adversarios a la «liberación nacional» en 1941 recuerda en primer lugar que «en contra estaban los titulados trotskistas del Uruguay, a través de la Liga Bolchevique Leninista».

Cuando en mayo de 1940 se reúne la «Conferencia Urgente» de la IVª Internacional para reorganizarse tras la entrada de las tropas alemanas en París, donde hasta ese momento había estado su sede, el informe sobre Latinoamérica destaca el confusionismo de los «quebrachistas» y la debilidad organizativa del grupo que seguía en torno a las posiciones originales, la «Liga Bolchevique-Leninista» que sin embargo fue uno de los pocos grupos continentales en responder a la guerra sobre una base netamente internacionalista1.

Esta claridad internacionalista les llevará a entrar en contacto a través de Mario Pedrosa con los grupos «antidefensistas» que en la época ponían en cuestión el «apoyo incondicional a la URSS». Pedrosa había fundado con Benjamin Peret el primer grupo de la Oposición de Izquierda Internacional en Brasil y desde la fundación de la IV Internacional en 1938 hasta su expulsión en octubre de 19402 había sido el representante de América del Sur en el Comité Ejecutivo de la IV Internacional. Tras su expulsión por «antidefensista» decide volver desde EEUU a Río por el Pacífico, haciendo escala en Perú, Bolivia, Chile, Argentina y Uruguay para discutir con los grupos locales sobre el debate en voga en aquel momento en EEUU. Aunque Pedrosa quedará descolgado3, la posición básica de los «antidefensistas», la insostenibilidad de la «defensa incondicional de la URSS» defendida por Trotski, será adoptada por el grupo uruguayo en pleno.

Mario Pedrosa a finales de los años 30.
Sabemos que la Liga se reunirá con los «antidefensistas» en Lima en 1942 en casa del fundador del APRA, Victor Raúl Haya de la Torre, solo para constatar las profundas diferencias que los separaban. Los norteamericanos estaban en deriva abierta hacia el apoyo al imperialismo estadounidense; los uruguayos, habían llegado hasta ahí en coherencia con en el derrotismo revolucionario. La «conferencia» resultó pues infructuosa, pero es una buena muestra del aislamiento de las posiciones internacionalistas en aquel momento en el que la guerra se acercaba a una nueva fase y el internacionalismo da su canto del cisne en Argentina con la fundación del PORS en 1943… para desaparecer casi inmediatamente después a los primeros golpes de la depresión y la división interna.

El camino de la Liga no será muy diferente. Tras el fracaso de su contacto «antidefensista» sufren de lleno la caza de brujas organizada contra «los trotskistas» por el gobierno y el Partido Comunista. Sin referentes internacionales -la IVª solo les deja opción de abjurar de su crítica de la «defensa incondicional de la URSS»- el grupo se desbanda y solo algunos miembros a título individual se integran en la corriente ahora principal. De los dos grupos que habían integrado la IVª en Uruguay solo quedará el GOR, que ha pasado a denominarse LOR («Liga Obrera Revolucionaria»)4 y que desde el primer día había pivotado sobre las posiciones nacionalistas y de colaboración de clases de Liborio Justo. Es en éste momento cuando podemos decir que la Izquierda Comunista, el internacionalismo organizado, ha colapsado en Uruguay.

¿Hubo en Chile una Izquierda Comunista?

Huelga salitrera de 1907
Chile había conocido en el salitre la que seguramente había sido la primera gran huelga de masas del continente en 1907, según el nuevo patrón de luchas abierto por la revolución rusa de 1905. La oleada revolucionaria mundial del 17-23 se desarrollará a partir de 1919 y se extenderá en el periodo 1924-31 (año de la sublevación de la escuadra). El PSO («Partido Socialista Obrero») es uno de los pocos partidos de la II Internacional que condena la participación en la guerra de la organización y adhiere en bloque, en 1922, a la Internacional Comunista convirtiéndose en PCCh («Partido Comunista de Chile»).

En 1929, la represión de la dictadura de Ibañez obliga a una reorganización del Comité Central del PCCh. «Jorge Lavín» (Humberto Mendoza) y el senador Manuel Hidalgo, toman la iniciativa. Ambos habían sido críticos «por la derecha» con el «giro ultraizquierdista» del primer stalinismo y mantenían diferencias con la Internacional estalizada porque a su juicio no aprovechaban las posibilidades de lucha legal en Chile. Lo que había debajo era en realidad un debate sindical: apostar por los viejos sindicatos -o en su defecto crear «sindicatos rojos»- como planteaba la Internacional o practicar el entrismo en los sindicatos oficiales creados por la dictadura. La Internacional intervendrá destituyendo al Comité Central e imponiendo una nueva dirección bajo el liderazgo de Lafferte, presidente de la FOCh («Federación Obrera de Chile»), los sindicatos «clásicos», muy mermados por la dictadura. El resultado en el partido es inmediato: se parte en dos, el PC «Hidalgo» y el PC «Lafferte».

«La Aurora», órgano del Partido Socialista Obrero de Chile que se convertirá en Partido Comunista en 1922.
El PC «Hidalgo» es en realidad una de las muchas escisiones sobre «bases nacionales» y «por la derecha» de la Internacional en descomposición. En un momento de lucha de clases agudizada nunca irá más allá del centrismo, bordeando continuamente la colaboración de clases. En junio de 1932 el jefe de la fuerza aérea, Marmaduke Grove, proclama una efímera «República Socialista» e invita a Hidalgo a entrar en el nuevo gobierno. Este lo rechaza, pero tampoco se opone a lo que denomina «revolución pequeñoburguesa» y que propone convertir, desde fuera, en «revolución democrática», exigiendo al gobierno el armamento de los sindicatos… heredados de la dictadura. La «república socialista» duraría apenas 12 días, pero dejó un legado hasta hoy: el Partido Socialista de Chile, fundado en 1933.

En ese año, «Comunismo», la revista de la Izquierda Comunista Española comienza a llegar a Chile. El debate se internacionaliza y las posiciones de la ICE comienzan a imbricarse en los debates internos del hidalguismo. En 1933 el PC «Hidalgo» decide transformar su PC en «Izquierda Comunista Chilena» y, al modelo español, publicar una revista teórica, «Izquierda». Pero es solo un cambio cosmético. El congreso fundacional se centra en cuestiones nacionales sin ligarlas a la lucha global. El tema principal es el PS y el fantasma de la posible integración en él. En 1934, se integran con los socialistas, el Partido Democrático y la izquierda de los radicales, en el «Block de izquierdas». En 1936, Hidalgo da el salto definitivo: ingresar en el Frente Popular creado en 1935. Como en Argentina, la aceptación de la burguesía nacionalista como posible protagonista de una «revolución democrática» ligada a la «liberación nacional» había conducido directamente a la supeditación de la lucha de clases a la batalla entre sectores de la burguesía. Los chilenos, al menos, llevan las consecuencias hasta el final y en 1937 la mayoría de la «Izquierda Comunista Chilena» se disuelve e integra en el Partido Socialista.

Una minoría, dirigida por Enrique Sepúlveda («Diego Henríquez»), intenta mantener la Izquierda Comunista en pié y se transforma en «Grupo Bolchevique-Leninista» en 1935 y en POR («Partido Obrero Revolucionario») en septiembre de 1936. Tienen apenas un centenar de miembros pero también una mirada internacional de la que careció siempre ICCh. El POR formará parte del Congreso de fundación de IVª Internacional y al menos su propaganda intentará interpretar la realidad chilena dentro de un contexto mundial… pero su referencia principal será el POR argentino de Quebracho, es decir, el POR echa el Frente Popular por la puerta para dejar entrar la «liberación nacional», con las mismas consecuencias prácticas, por la ventana.

La ICE y especialmente su revista «Comunismo» fueron la principal referencia internacional tanto para la «Izquierda Comunista Argentina» como de su homónima chilena.
Mientras tanto, la entrada de la ICCh en el PS ha propiciado una tendencia «de izquierda» en la juventud socialista, que rompería en 1938 para formar el GIO («Grupo Internacionalista Obrero»). Es una tendencia débil, pero si hacemos caso a las declaraciones de Quebracho y Henriquez, abiertamente internacionalista, contraria a la alianza con la burguesía nacionalista tanto bajo el Frente Popular como bajo las consignas de liberación nacional. El GIO tomará la bandera de la «unificación» de la IVª en Chile y en unión con algunos ex-miembros de la ICCh que han hecho la crítica de la entrada en el PS, se convierte en 1940 en POI («Partido Obrero Internacionalista»). Esa bandera será sin embargo la expresión de su debilidad. Empujada por la IVª, que quería organizaciones numerosas a toda costa, se integra en el POR en un Congreso extraordinario en junio de 1941. Henriquez y Quebracho presentarán el congreso, como un triunfo frente al «centrismo» (léase internacionalismo) de los jóvenes. El rechazo al Frente Popular es en realidad el rechazo a la coalición electoral del mismo nombre. El POR no apoyará la candidatura presidencial del radical Cerdá, responsable de una de las peores masacres obreras de la época, levantada por el PS y el PC, pero sí la del militar golpista Grove, padre del PS y representante de esa burguesía supuestamente anti-imperialista que tan afanosamente buscará el izquierdismo sudamericano durante décadas. El estertor del internacionalismo y la influencia de la Izquierda Comunista en Chile será un disco con un mensaje de la LOS argentina, llevado por el representante de la IVª, Phelan, al congreso de unificación y cuyo contenido será inmediatamente denostado por Quebracho en una larga intervención muy aplaudida por los de Henríquez.

Conclusiones

En este breve repaso histórico por la suerte de las minorías internacionalistas que surgen en los años 20 en Argentina, Uruguay y Chile han aparecido una serie de elementos comunes que no solo tuvieron un impacto en el desarrollo del movimiento de clase en el Cono Sur y América entera, sino que han seguido lastrando después la formación de vanguardias de clase sobre posiciones sólidas capaces de trascender el marco nacionalista.

1

En las condiciones sudamericanas, la defensa de la necesidad u oportunidad de la «liberación nacional» es indistinguible en sus consecuencias de los «frentes únicos», los «frentes populares» y los «frentes de izquierda». Todos ellos representan la supeditación de las necesidades de los trabajadores a un imposible desarrollo independiente del capital nacional. Y en consecuencia, como vimos en Malvinas, preparan el reclutamiento para la carnicería imperialista ante un eventual enfrentamiento militar con potencias exteriores.

Los frentes «populares», «únicos» o «de izquierda» tanto como la «liberación nacional» supeditan las necesidades de los trabajadores a un imposible desarrollo independiente del capital nacional y preparan el reclutamiento para la guerra
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Es imposible la construcción de organizaciones políticas de clase sobre bases políticas nacionales o sobre un cuadro de análisis superficialmente internacional. Si la «Izquierda Comunista Española» y «Comunismo» fueron entre 1931 y 1934 tan importantes en el Cono Sur no fue por la existencia de una estructura -de la que carecía- ni de unos órganos internacionales -a los que nunca aspiró. El papel de la ICE fue fundamental en el desarrollo de posiciones internacionalistas en América porque su propio marco de análisis lo era en términos metodológicos: el todo -la lucha de clases de los trabajadores como clase universal- condiciona las partes -la lucha en cada lugar. El proletariado no es una federación de «clases trabajadoras nacionales» ni sus intereses son una «convergencia». Por el contrario, son los intereses universales de los trabajadores los que señalan el camino por el que es posible avanzar en cada lugar.

Es imposible la construcción de organizaciones políticas de clase sobre bases políticas nacionales o sobre un cuadro de análisis superficialmente internacional
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No hay posibilidad de agrupamientos sólidos sin reconstruir las continuidades y desarrollar las rupturas «hacia atrás». No se trata aquí tampoco de hacer «historias nacionales» de la lucha de clases o de la izquierda comunista. Partiendo de un marco global e histórico, tenemos que reapropiarnos de la experiencia concreta de cada lugar conectándola con los demás. Las pretensiones de particularismo histórico son tan alienantes y peligrosas como el aislamiento geográfico.

No hay posibilidad de agrupamientos sólidos sin reconstruir las continuidades y desarrollar las rupturas «hacia atrás». Las pretensiones de particularismo histórico son tan alienantes y peligrosas como el aislamiento geográfico
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Como muestra la experiencia de «Emancipación Obrera» en los 80 y 90 argentinos, no basta con la consciencia de la necesidad, ni siquiera con tomar la iniciativa. Si no se resuelve el aislamiento con un marco de análisis y debate mundial y una comprensión de las continuidades y rupturas de los que nos antecedieron, todo nuevo movimiento internacionalista estará condenado a la fragilidad.

Si no se resuelve el aislamiento con un marco de análisis y debate mundial y una comprensión de las continuidades y rupturas de los que nos antecedieron, todo nuevo movimiento internacionalista estará condenado a la fragilidad.

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Notas


1. El informe dice «Nuestro movimiento en Uruguay es muy débil. Actualmente existen dos grupos, ambos adherentes a la IV Internacional. Estos grupos estaban unificados hasta hace poco en una organización única. Según nuestras informaciones la escisión no se produjo sobre una base política. Los nombres de estos grupos son: Liga Bolchevique Leninista y Grupo Obrero Revolucionario. El GOR publica una revista, que no aparece muy regularmente, llamada «Contra la Corriente». En su primer número tenía una editorial muy confusa sobre la cuestión ruso finlandesa. En general esta revista tiene un carácter político mediocre. La Liga Bolchevique Leninista no tiene órgano oficial, pero publicó numerosos manifiestos sobre el problema de la guerra. Sobre la base de informaciones recibidas, los camaradas que forman el GOR son los responsables de la escisión. Esta información nos ha sido suministrada por el secretario de la LBL. No hemos recibido nada del GOR. El DLA le escribió al GOR para pedir la información.»

2.Su expulsión se debió a su apoyo a la corriente «antidefensista» que en esos momentos abandonaba el SWP norteamericano. Al estallar la guerra bajo el paraguas de una alianza entre Hitler y Stalin (el pacto Ribbentrop-Mólotov), casi la mitad del SWP rechazó la «defensa incondicional de la URSS» que hacían dos intelectuales del partido: Schachtmann y Burnham. Para estos la URSS ya no podía ser calificada de «Estado obrero degenerado». No se atrevían a hablar de «capitalismo de estado» y apuntaban un sistema nuevo, ni capitalista ni socialista, al que llamaron «colectivismo burocrático». En sí misma, la «tendencia Schachtmann y Burnham», criticada por Trotski en su trabajo «En defensa del marxismo», no era menos centrista que la «tendencia Cannon». Ambas representaban, con argumentos opuestos sobre la naturaleza de la URSS, la misma deriva del SWP hacia posiciones de apoyo a la burguesía nacional norteamericana en la guerra. Sin embargo, la tendencia «antidefensista», en la medida en que ponía en cuestión el carácter socialista de la URSS y adelantaba su carácter imperialista, tocaba elementos que en ese momento eran parte del debate de la Izquierda Comunista a nivel mundial. Por eso -y por el libro de Trotski- la escisión en el SWP no quedó totalmente reducida a un fenómeno norteamericano.

3.No llegará a Río hasta cuatro meses más tarde y solo para tener que marchar de nuevo a EEUU huyendo de la represión. Aislado, dejará entonces la militancia política a la que solo volverá al acabar la guerra, de vuelta en Brasil, ya desde posiciones socialdemócratas y pro-EEUU alejadas de todo internacionalismo que le llevarán a acabar siendo uno de los fundadores del PT y la «operación Lula».

4.La LOR está dirigida por un sindicalista de «Ragousci y Voulminot», Esteban Kikich. Kikich, aliado con los anarcosindicalistas se hará en 1942 con el control de una de las tres federaciones sindicales uruguayas. El Secretariado de la IVª, ávido de «triunfos» que presentar, hará de la LOR su modelo regional tras el hundimiento de su sección argentina, convirtiéndolo en 1944 en POR («Partido Obrero Revolucionario») y reconociéndolo como sección uruguaya. En el segundo congreso internacional (1948) el POR tendrá el único «delegado pleno» de América Latina, Alberto Sendic («Ortiz»). Sendic -hermano del famoso dirigente tupamaro y tío del político del FA y exdirector de ANCAP- había conocido a Posadas en el 46 en Francia y será la cabeza de la corriente posadista en Uruguay, a la que sumará al POR.

 
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