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¿Hacia una invasión de Venezuela?

14 de enero, 2019 · Actualidad> Centroamérica y Caribe> Venezuela

Maduro pide la «ayuda de la ONU» para entablar negociaciones con la oposición.

En los últimos dos años en Venezuela hemos vivido la implosión final de un capital nacional inviable. Un desastre del que huyeron ya más de tres millones de personas -pequeña burguesía en su mayor parte pero también trabajadores. Ahora las tensiones inter-imperialistas y los gestos de fuerza que las acompañan generan cada vez más inquietud: ¿Están preparándose las condiciones para una invasión de Venezuela bajo dirección brasileña como apunta la prensa europea?

Las fuerzas hacia la guerra

Soldados colombianos desplegados en la frontera con Venezuela.

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El propio imperialismo venezolano, que ha ido escalando la presión militar sobre Guayana, cuyo territorio reivindica históricamente pero al que solo ha prestado atención cuando ha apuntado potencialidad como rival petrolero. La cuestión es que asaltar barcos de petroleras norteamericanas en aguas reconocidas internacionalmente de otro país no solo azuza la presión de EEUU sino que despiertan las inquietudes y ambiciones regionales del capital brasileño.

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Colombia, que abrió una nueva etapa con el triunfo en las presidenciales de Duque en 2018. Duque, que capitalizó el rechazo del acuerdo de paz con las FARC -apoyadas por Venezuela- por la pequeña burguesía tramontana, representa el sector más belicista del estado y el capital nacional, el uribismo. En menos de un año se ha disparado una vieja y larga guerra sucia entre los dos estados vecinos en la que Venezuela acusó a Colombia de organizar grupos de sabotaje y Colombia ha presentado pruebas de un intento de asesinato de Duque. Colombia se ha convertido en el principal receptor de refugiados, sumando al nacionalismo de la pequeña burguesía local la furia de los exiliados venezolanos en un ambiente que recuerda cada vez más al de la Florida de los años sesenta.

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Los grandes imperialismos globales. Por supuesto, EEUU que tras dos décadas centrado en guerrear en Oriente Medio, tiende cada vez más a afirmarse en un continente que siente en disputa con China. Pero también y sobre todo, China y Rusia que se llevaron la parte del león de las privatizaciones petroleras y mineras de un régimen y un capital nacional desesperado y mandan señales contundentes de que no están dispuestas a abandonar la plaza sin lucha. La cuestión venezolana está ya incluso despertando viejas hambres del capital español, que tiene todavía fuertes inversiones locales, quiere compensar pérdidas y ha roto la disciplina europea, rearmando la armada venezolana.

Bolsonaro durante su investidura.

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Pero sobre todo, el elemento que está transformando radicalmente el mapa de equilibros en Sudamérica es la afirmación imperialista de Brasil. El año pasado, antes de la investidura de Bolsonaro, era ya claro que el rearme militar brasileño impactaría en toda la región y especialmente en Argentina. Pero bajo el nuevo liderazgo presidencial Itamaraty ha pisado el acelerador y en menos de un mes hemos asistido al despliegue de una estrategia con mucho más fondo que el eterno rifirafe fronterizo:

  1. El año arrancó con la presentación de una alianza con EEUU para «luchar por reinstaurar la democracia en Cuba, Venezuela y Nicaragua», que daba a Brasil un cheque en blanco de la administración Trump para conducir una ofensiva contra los tres estados. La ausencia de Bolivia en la lista de objetivos no era casual y marcaba los límites de la relación para EEUU.
  2. La coronación de Piñera y Chile como socio principal y «punta» de la estrategia continental brasileña. La nueva mano derecha tuvo como inmediato encargo convocar y organizar al grupo de Lima para «desconocer» la nueva investidura de Maduro en la presidencia.
  3. Mientras Maduro amenazaba con «represalias diplomáticas» al «grupo de Lima», evidenciando su soledad internacional, la alianza brasileña también producía resultados en el interior de Venezuela. El giro de 180º en la actitud de la Iglesia católica que pasó de la connivencia rezongante y las «mesas de diálogo» a condenar a Maduro abiertamente.
  4. Se preparaba así el terreno para que EEUU pidiera un «nuevo gobierno» en Venezuela… lo que hubiera resultado absurdo de no haber sido porque los restos del último Parlamento electo en condiciones de normalidad en Venezuela eligió inmediatamente un «gobierno provisional» que EEUU, Argentina y Brasil se apresuraron a reconocer.
Brasil ha orquestado, apoyándose en EEUU y utilizando al Chile de Piñera como punta una verdadera guerra relámpago diplomática que ha evidenciado la soledad del régimen

¿Contra quién se cierne el cepo brasileño?

Macri, presidente de turno de Mercosur no acudió a la toma de posesión de Bolsonaro.

Pero no todo fue coser y cantar. Las resistencias dentro del grupo de Lima apuntaban a que el verdadero objetivo de la jugada iba más allá de Maduro e incluso de Venezuela. El objetivo último del capital brasileño es apoyarse en EEUU para afirmarse como potencia regional, disciplinar a los estados de la región -especialmente a Colombia y Argentina- y, en el medio plazo, centralizar los flujos económicos continentales alrededor de Brasil.

¿Quién salía beneficiado? El México de AMLO que como adelantamos, se negó, para sorpresa de todos, a firmar el documento de conclusiones. ¿Por qué? Porque siguiendo la corriente no tenía ganancia directa a la vista, pero posicionándose como posible «hombre bueno», como posible negociador reconocido por todas las partes, ganaba en el futuro una posible carta que jugar con EEUU en sus propias cuitas.

Duque y Sánchez en Madrid el 5 de julio pasado.

¿Quién salía perdiendo? En primer lugar Colombia, víctima de su propia retórica, que perdía el liderazgo del «eje anti-bolivariano». Pero sobre todo Argentina. Macri no podía sino sumarse al «consenso de Lima»… al menos declarativamente y, vista la imposibilidad de mantener un juego propio diferenciado, desconoció diplomáticamente el nuevo gobierno de Maduro. Pero a diferencia de Paraguay o Perú, que retiraron inmediatamente embajadores, como es lógico cuando se desconoce a un gobierno, la cancillería argentina ha dejado bien claro que no lo hará. Argentina no puede quedar fuera de un juego que podría alienarle una relación cada vez más delicada con EEUU y acelerar la ruptura con Brasil en condiciones de debilidad, pero no va a perder oportunidad de poner palos en la rueda de su principal rival cuando se afirma como director regional.

El objetivo de Brasil en su cepo contra Venezuela es apoyarse en EEUU para afirmarse como potencia continental incontestada. Los paradójicos perdedores son Colombia y Argentina, que no va a perder oportunidad de ponerle palos en la rueda

¿Qué viene ahora?

Vladimir Padrino, ministro de Defensa de Venezuela junto a los Tupolev enviados por Rusia.

Maduro, se dio cuenta rápidamente de que el cepo se cerraba. Su respuesta fue «pedir ayuda» a la ONU para abrir un diálogo con la oposición. Una jugada que intenta movilizar a sus aliados principales -Rusia y China- que están fuera del continente, y ofrecer una oportunidad de estorbar los planes de Brasil, Chile y EEUU a todos aquellos que, desde España hasta Argentina, no apoyan su régimen pero tienen mucho que perder con la reorganización continental que se pretende de fondo. Esta segunda vertiente se vio de alguna manera confirmada por la rápida liberación del «presidente provisional» elegido por el parlamento tras su detención por los servicios secretos: el gobierno aseguró incluso que los responsables serían destituidos. El nuevo giro del Vaticano, volviendo a su posición tradicional de «nadar y guardar la ropa», parece indicar que los intereses europeos podrían, sin entusiasmo, sumarse utilizando la mediación en la crisis como una baza menor en su propia batalla con EEUU.

Y así, el juego está abierto. Venezuela se ha convertido en la base para una aceleración de las tensiones inter-imperialistas entre los capitales nacionales de la región y entre las potencias globales. La guerra comercial China-EEUU por un lado y la afirmación brasileña por otro, impulsan a una decantación de los capitales nacionales sudamericanos en bloques. Los «segundones» de cada ámbito como Argentina, México o España intentarán poner todos los palos en la rueda que puedan, no «por la paz», sino porque solo pueden salir perdiendo en una ruptura del status quo existente en América del Sur. No son, ni mucho menos, una garantía fiable de nada. La disuasión entre potencias en un conflicto localizado, aun menos.

Brasil, China, EEUU impulsan una decantación de los capitales nacionales sudamericanos en bloques. Los «segundones» -Argentina, México, España- intentarán poner palos en la rueda, no «por la paz», sino porque solo pueden salir perdiendo.