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Hacia un pacto de gobierno Podemos-PSOE

20 de julio, 2019 · Actualidad> Europa> España

Pablo Iglesias «renuncia» a su aspiración a una vicepresidencia con una imagen de las masas perdidas detrás.

Tras la «renuncia» de Pablo Iglesias -un nombre nada inocente en una negociación de vicepresidencias cuando tiene un jefe de gabinete peronista– PSOE y Podemos negocian ya ministros. Es muy posible que Pedro Sánchez sea investido en la próxima semana y que se forme un gobierno PSOE-Podemos este mismo verano. ¿Sorpresa?

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Recorrer el curso de las negociaciones sostenidas entre los dos partidos es tedioso por su banalidad. Evidentemente son, en su mayoría negociaciones por puestos que buscan afirmar y consagrar una correlación de fuerzas. Sánchez presionaba a Iglesias con unas elecciones anticipadas en las que -con la emergencia de Errejón– el desmoronamiento de su estructura podía ser ya total. Iglesias y equipo sabían -o intuían- que las encuestas que estaba tirando Redondo -la «mano del rey»- por debajo, anticipaban una abstención escandalosa con la que el PSOE entero saldría malparado. Un auténtico «dilema del prisionero» en el que ambas partes jugaban a no darse por aludidas sabiendo que deberían cooperar. A fin de cuentas, los dueños del cotarro, tampoco tenían prisa.

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Pero no todo es toma y daca de puestos, prevendas y minutos de Telediario. Podemos representa políticamente a esa pequeña burguesía regional universitaria y funcionarial, que no puede dejar de identificarse con la revuelta de sus hermanos catalanes. Iglesias, Montero, Echenique y «los madrileños» ya han descubierto que, llegados al Senado, sus propias organizaciones regionales son «convergencias». Y una parte de la burguesía española piensa que meter el virus centrífugo en el gobierno es un suicidio. La abstención de ERC y Bildu es solo la punta del iceberg. Por eso el aparato del PSOE, vía Abalos, centró las negociaciaciones con Echenique en cosas tan aparentemente absurdas como que no volvieran a llamar a Oriol Junqueres «preso político» o que no pidieran el indulto si el Supremo sentencia con dureza… pero sobre todo lo que les azoraba era que rechazaran muy abiertamente «la aplicación del 155 en caso de que fuese necesario». La impudicia llega al punto en que se llegan a exigir abiertamente de «garantías de domesticación»… sin éxito. Iglesias puede pactar traicionar los instintos de la clase a la que representa, pero no puede asegurar que vaya a tener éxito, y si no tiene éxito, sería su propio suicidio.

¿Qué pretende la burguesía española?

Sánchez e Iglesias, caras de perro que no son tanto.

La burguesía española lleva ya tres años con la misma hoja de ruta:

  1. Renovar el aparato político para volver a tener «gobernabilidad», es decir, mayorías absolutas con las que poder…
  2. Reformar la estructura territorial o al menos, la ley electoral, para evitar que los movimientos centrífugos de una pequeña burguesía agobiada por la crisis y los impuestos condenen al estado a la impotencia política; y así…
  3. …Encarar una nueva oleada de medidas precarizadoras que den oxígeno a un capital nacional que no hace sino devaluarse con cada golpe de la guerra comercial y reducir sus expectativas de crecimiento; un movimiento en el que sería central para ellos…
  4. Desarbolar el sistema de pensiones para que pase de ser un gasto estatal creciente a un campo de acumulación para el sector financiero.

Lo cierto es que el camino le viene impuesto por la crisis general del propio capitalismo. Otra cosa es que, para salir de su atasco, busque «salidas imaginativas»… en la que vaya quemando alternativas y engendros variados: PDCat, Ciudadanos… el propio Podemos

¿Y ahora?

Y así llegamos una y otra vez al mismo lugar. La oferta Sánchez es saltarse en primer gran escollo del atasco de la burguesía española, la cuestión catalana, consciente, como son todos, de que la revuelta de la pequeña burguesía catalana no está ni aplacada ni derrotada y que sin poder afirmar triunfo alguno, tiene un poder de bloqueo real. Sánchez, a falta de herramientas para ganar, pretende ignorarlo y dejar que el tiempo «haga algo». Es la estrategia pasivo-agresiva del burócrata de aparato, Rajoy por otros medios. En su lugar, se aferra a los cambios estructurales: atacar al modo socialdemócrata las condiciones de trabajo, las pensiones, los salarios… en lo que sabe que ha ganado la confianza de la burguesía española que confía en él para ser un nuevo Felipe González que la establezca como intermediaria necesaria entre Europa y América del Sur.

Pero algo importante sí ha cambiado, las tensiones de la negociación han puesto sobre la mesa una voluntad compartida de los grandes partidos: modificar las leyes de modo que, al menos en la investidura, no dependan de los partidos de la pequeña burguesía regional. Sánchez todavía no andará ese camino. Quiere, antes de nada, el pájaro en mano de la presidencia del gobierno. La cuestión ahora es… qué Podemos viene ahora.

Tuits

El problema de fondo: Podemos representa políticamente a esa pequeña burguesía regional universitaria y funcionarial, que no puede dejar de identificarse con la revuelta de sus hermanos catalanes
Una parte de la burguesía española piensa que meter el virus centrífugo en el gobierno es un suicidio. La abstención de ERC y Bildu es solo la punta del iceberg
Iglesias puede pactar traicionar los instintos de la clase a la que representa, pero no puede asegurar que vaya a tener éxito, y si no tiene éxito, sería su propio suicidio
A la burguesía española el camino le viene impuesto por la crisis. Otra cosa es que busque «salidas imaginativas»… en la que vaya quemando alternativas y engendros variados: PDCat, Ciudadanos… Podemos
La pequeña burguesía catalana no está ni aplacada ni derrotada y que sin poder afirmar triunfo alguno, tiene un poder de bloqueo real.
En Cataluña Sánchez es Rajoy por otros medios. Frente a los trabajadores el modo socialdemócrata las condiciones de trabajo, las pensiones, los salarios
La cuestión de momento es… qué Podemos viene ahora.