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Hacia nuevos bloques

31 de julio, 2020 · Actualidad> Actualidad global> Informe semanal

Flota de EEUU en el mar de China.

Quienes siguen nuestro resumen de noticias internacionales de cada día llevan toda la semana siguiendo los pasos al incremento casi diario de agresividad entre EEUU y China. El objetivo explícito del capital estadounidense es contener el desarrollo chino, es decir, llevarla al estancamiento y confinar sus capitales en un cinturón de conflictos armados desde el Mar de China al Océano Indico. A estas alturas, el goteo de agresiones imperialistas cruzadas es ya un grifo abierto en el que un hito sucede a otro casi diariamente y en el que es fácil acabar perdiendo los elementos realmente significativos.

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Esto hace tiempo que ya no tiene nada que ver con Trump. El lenguaje del entorno Biden frente a China es cada vez más abiertamente cercano al de lo peor de la guerra fría frente a Rusia. Acusaciones, adjetivos cargados y como respuesta… el cálculo militar. Merece la pena leer algunos de los artículos publicados esta semana en medios como New York Times sobre el cierre cruzado de consulados o los delirantes argumentos que tratan de equiparar el desarrollo de nuevos barcos y aviones chinos más sofisticados a un rearme nuclear masivo que exigiría respuestas contundentes.

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Aunque en Asia juegue sobre todo a azuzar los conflictos de delimitación de aguas y fronteras de India a Vietnam pasando por Malasia para decantarlos contra China, la principal apuesta global de EEUU es convertir la alianza de los cinco ojos en el núcleo de un bloque anglosajón. Al final, países clave como Corea o Japón tienen sobradas razones para ser reticentes a una exacerbación de la tensión con China.

La alianza es originalmente un sistema de coordinación de sistemas de inteligencia y espionaje formado por EEUU, Australia, Canadá, Nueva Zelanda y Gran Bretaña. Pero, muy significativamente, se propone como base de una zona libre comercio que arranca proponiendo la búsqueda de alternativas a las tierras raras chinas. En realidad va mucho más allá. A día de hoy es un esfuerzo legislativo sincronizado y muchas veces, como en el caso de Australia, peligroso para el propio capital nacional para unirse a la guerra económica contra China en términos similares y con medidas complementarias a las de EEUU. Su objetivo estratégico a corto plazo es decantar con claridad a un Japón tentado por la posibilidad de ampliar el acuerdo de libre comercio recién firmado con Gran Bretaña al resto de potencias anglosajonas. Un hecho interesante: a pesar de contar con la rivalidad entre el capital indio y el chino como parte de su estrategia y de los pedidos constantes de la burguesía india, no tienen ningún interés en ampliar el bloque. Y no, aunque tenga todo el aroma del sueño imperial y racista de Churchill, la razón no es ideológica. El bloque anglosajón es en realidad la expresión de un alto grado de integración de los capitales nacionales de los cinco países alrededor del capital estadounidense. Integración que el Brexit promete culminar.

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Y el acelerador hay que buscarlo precisamente en esta fusión de capitales y sus problemas globales. El PIB de EEUU ha caído un 32,9% en el segundo trimestre, las solicitudes de ayudas para desempleo aumentaron una semana más y el Congreso fue incapaz de pactar un nuevo plan de choque.. Como resumía hoy Der Spiegel:

El colapso económico es histórico. La crisis del mercado laboral gigantesca. Y la ayuda Covid para los estadounidenses necesitados, probablemente cesará al final de la semana.

Sin embargo, las cinco grandes tecnológicas multiplicaron beneficios. Y eso es relevante. La guerra fria entre China y EEUU antes de convertirse en guerra caliente entre ambas, probablemente dividirá el mundo en dos grandes bloques tecnológicos con líneas de desarrollo incompatibles industrialmente gracias a regulaciones y bloqueos comerciales. Ese es el objetivo por ejemplo de los controles que EEUU ha endurecido esta semana sobre sus propias exportaciones. Hacer incompatible la tecnología del rival con la propia es una forma de cerrarle los mercados en los que EEUU es todavía económica y políticamente dominante.

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Intentar adelantarse es una parte central de la estrategia china. Para empezar, impulsando su propio sistema de pagos internacionales, evitando la dependencia del dolar y de las sanciones que utilizan la centralidad global del sistema financiero anglo-estadounidense. Especialmente cuando EEUU les acusa ya de iniciar una nueva guerra de divisas.

Por otro lado intentando no perder el nexo con la UE y evitar la decantación hacia el bloque anglosajón de una Alemania cuyos capitales y exportaciones están sufriendo la crisis con dureza. Aquí podemos ver también la fragilidad del capital chino en cuanto sale de sus zonas de influencia principales: los diplomáticos del gobierno de Xi prometen no trabajar por dividir a la UE y solo piden a Merkel que mantenga las distancias frente a EEUU.

China hasta ahora, cuando salía de Asia, ponía por delante el abastecimiento y las ventas sobre las consideraciones estratégicas. Esto permitió a Brasil y especialmente a Argentina, mantener una posición de cierto equilibrio entre Washington y Pekín, alimentando ilusiones de autonomía en el desarrollo del capital nacional. Pero el protagonismo creciente de las inversiones de capital está cambiando eso como no podía ser de otra manera. China cada vez está jugando más fuerte en Oriente Medio: a la negociación del acuerdo estratégico con Irán -que seguía los viejos patrones de rentabilidad directa- siguen acercamientos cada vez más explícitos -y poco rentables en términos directos- a Siria y Turquía.

¿Hacia dónde va el mundo?

El conflicto imperialista entre EEUU y China se acelera con cada golpe de la crisis. Ambas potencias empujan hacia la formación de bloques estrechos muy alineados estratégica y económicamente con aquellos capitales nacionales con los que están más integrados, propiciando una fractura más amplia al reorganizar desde ellos el comercio y con él la división internacional del trabajo y los estándares tecnológicos de las industrias más capaces hoy de colocar capital. Estamos en los primeros pasos de una fractura profunda del mercado mundial, que solo puede fortalecer las tendencias a la crisis… y la guerra.