Guerra comercial: prólogo de una guerra generalizada

Trump presenta su estrategia de seguridad nacional el 18 de diciembre de 2017.
El despliegue de tensiones bélicas durante el último año es ahora evidente. Empezó como afirmación de un re-enfoque proteccionista de la economía americana que se convirtió pronto en la renegociación de todo el andamiaje de acuerdos del comercio internacional. Renegociación que se militarizó abiertamente en la nueva estrategia de seguridad nacional de Trump. Se empezó a reconocer una guerra comercial cuando EEUU impuso aranceles a lavadoras y paneles solares... y desde Asia hasta Europa pasando por México y Canadá todos los estados tuvieron que enfrentarse a una combinación de imposiciones unilaterales y nuevas negociaciones a cara de perro con EEUU.

Pero la nueva andanada de aranceles sobre el acero y el aluminio ataca al nervio mismo del capitalismo industrial de gran escala. Europa, Canadá, China, India... reciben un impacto directo. Otros imperialismos regionales como Brasil se ven abocados a una competencia aun mayor con Rusia y China entre otras cosas porque Trump acaba pronto con cualquier ilusión de obtener una «excepción». Otros, como el capitalismo de estado mexicano, redefinido como una economía auxiliar durante treinta años, se ven contra las cuerdas.

La guerra comercial es ya abierta y toca el nervio del gran capital financiero e industrial desde Europa a China pasando por India, Rusia, México o Brasil

Merkel da en mayo de 2017 su famoso discurso asegurando que Europa «debe seguir su propio camino».
Las primeras represalias europeas son acalladas por Trump con el adelanto de un nuevo arancel sobre la industria automotriz, corazón de las exportaciones alemanas. Merkel advierte a Trump que la guerra comercial es una carrera hacia el abismo y busca un acomodo. Trump responde que para EEUU tales guerras son buenas y «fáciles de ganar».

El problema de las guerras comerciales y de divisas no es quién las gane, sino que todas hasta ahora han sido el prólogo de una guerra imperialista generalizada. El capitalismo no cabe ya en las fronteras nacionales y cualquier restricción de mercados empuja el asalto por la fuerza de los mercados de sus rivales, de mercados alternativos o simplemente de intereses estratégicos desde los que intentar conseguir una cierta ventaja.

Todas las guerras comerciales han acabado en guerra imperialista generalizada. El capitalismo ya no cabe en las fronteras nacionales y las restricciones empujan al capital al asalto por la fuerza de rivales y mercados

La VIª Flota de EEUU surcardo el Mediterráneo. En el capitalismo de hoy la violencia armada y la intervención militar directa son argumentos comercial de primer orden, como afirma sin ambages la doctrina de seguridad nacional de EEUU.
La primera consecuencia de la guerra comercial es el auge del militarismo. Los nuevos misiles nucleares rusos, presentados con toda la fanfarria chovinista propia del régimen de Putin han sido solo la punta mediática de un siniestro iceberg. China, Irán, India, Australia... y por supuesto EEUU, Europa y todo el que tiene capacidad para desarrollar nuevas armas, han acelerado una nueva carrera armamentista.

Parejo al militarismo, el desarrollo autoritario del estado no es como nos presentan un «fenómeno chino» aunque la burguesía de estado china sea la primera en reconocer abiertamente la relación entre las partes. Si China se prepara para la guerra haciendo más autoritarias sus estructuras políticas y militares, en el resto del mundo es exactamente igual y tampoco es que empezaran ayer.

Las primeras consecuencias de la guerra comercial son un nuevo auge del militarismo, la carrera de armamentos y el autoritarismo en todos los estados

La senda turca

Los dos trazados alternativos de la salida del gas de Asia a Europa: Nabucco, vía Turquía y South Stream vía Rusia.
Turquía es un buen ejemplo. Cuando vio cerradas las puertas de la UE, reorientó la necesidad imperialista de encontrar nuevos mercados hacia Asia Central. Políticamente esto se tradujo en la creación de órganos como el «Consejo de países turcómanos» o la «Asamblea parlamentaria turcómana» pero sobre todo en inversiones millonarias en infraestructuras de comunicaciones, carreteras y gasistas. En la interna eso se tradujo en el poder creciente de una cofradía, el Hizmet de Fethullah Gülen, una organización de la pequeña burguesía industrial y comercial que capitalizó la expansión hacia el Noreste... hasta el punto de colonizar e intentar instrumentalizar el estado turco. Las tensiones llevaron a un conflicto cada vez más violento con Erdogan que realizó toda una serie de purgas utilizando el aparato judicial kemalista. Este conflicto interno, azuzado por EEUU, acabó con el intento de golpe de 2016 en el que el mismo Erdogan se salva por los pelos gracias a la inteligencia rusa y es escoltado en el aire por dos cazas rusos mientras dura la intentona.

El desarrollo autoritario del estado turco fue destacado por la prensa anglosajona y europea.
El golpe disparó las tendencias autoritarias del estado y la concentración de poderes sin las que Erdogan no podía disciplinar -como se vio con el golpe- a la propia pequeña burguesía musulmana engordada por la expansión asiática. Pero si fue tan criticado por la prensa global anglosajona es, sobre todo, porque marcó un giro en el alineamiento imperialista de Turquía. Hasta entonces en Asia Central Turquía había colaborado y competido al mismo tiempo con rusos y chinos, pero sobre todo se había promocionado como una alternativa a la dependencia europea del gas de Rusia con el apoyo de EEUU y Alemania. Se trataba del proyecto «Nabucco», una alternativa al famoso «South Stream» para comercializar el gas de las mayores reservas mundiales -las de Turkmenistan- sin pasar por Rusia... lo que obviamente no gustaba en Moscú.

El realineamiento de Turquía y la respuesta europea vinieron acompañados del descubrimiento de gas en Chipre y el desarrollo de la guerra en Siria, con EEUU convirtiendo al brazo local del PKK en su principal ejército en el terreno. Era una «tormenta perfecta» para el capital turco, que se veía encerrado y acorralado por momentos en sus fronteras. La respuesta no se hizo esperar: presión creciente sobre Grecia -ahora principal aliado regional de Alemania- y expansión africana y participación directa en la guerra siria.

La cuestión chipriota cada vez pinta peor. Israel, Egipto y Chipre con apoyo griego-alemán y norteamericano, quieren explotar las bolsas de gas que están bajo las aguas territoriales chipriotas y enviarlo directamente a Europa... haciendo que tanto Nabucco como South Stream pierdan importancia estratégica.

Fragata turca vigilando las exploraciones gasísticas en aguas chipriotas.
El envío de fuerzas navales turcas, la afirmación de que «no permitirá exploraciones gasísticas en aguas chipriotas» que hundirá las plataformas si es necesario y que puede permitirse dos frentes de guerra, ponen la región entera al borde de la guerra. Una guerra en la que se involucrarían además Grecia de forma directa, EEUU, posiblemente Francia e Italia y diplomática y financieramente Alemania y tras ella la UE entera.

El frente sirio no apunta tampoco a un relajamiento de las tensiones bélicas. Hoy mismo saltaba la noticia de que Irán dejará sus bases en Siria al PKK para atacar desde ellas al ejército turco en Afrin. Cada paso, cada afirmación de los intereses internacionales del capital turco abre una cadena de acontecimientos que apunta al enfrentamiento directo entre potencias mayores. Turquía es el ejemplo de todo aquello a lo que aboca el desarrollo de la guerra comercial... en todo el mundo.

Turquía es un ejemplo de dónde nos lleva la guerra comercial: cada afirmación de los intereses del capital turco abre una cadena de acontecimientos que apunta al enfrentamiento directo entre potencias mayores.
 
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